Ahora ya no es necesario. Los propios ciudadanos dan toda su información ellos solitos: datos personales, aficiones, vicios, glorias, miserias...Todo está en un lejano servidor informático, esperando pacientemente ser necesario y reclamado.
Claro, teóricamente hay una ley. ¿Realmente cree que la Ley de Protección de Datos se inventó para que la Ley protegiera sus datos?
No, señor mió, se creó para vertebrar un acogedor e inexpugnable marco legal gracias al que gobiernos y empresas puedan mangonear con su información a capricho.
¿Olvidó marcar la casilla? Sí, esa de 1 por 1 (milímetros) junto a la que ponía (con los caracteres más minúsculos que jamás impresora osara estampar) que usted no quería que usáramos y compartiéramos sus datos...¡Entonces no se puede molestar porque le llamemos de mañana, tarde y noche! ¡¡Usted mismo nos autorizó!! ¡¡¡Lo hacemos por su propio bien, para que usted pueda aprovecharse de nuestras increíbles ofertas en telefonía móvil, fija e internet!!!
¿Qué nuestro simpático y engominado comercial no le advirtió sobre el particular? ¡Pero es que esa no es su misión! ¡¡Hay que leer lo que firmamos, caballero!!

Sinceramente, al instalar un programa, ¿usted se ha leído alguna vez los términos de la licencia antes de aceptarlos?
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