A Alvin Vargas, del mismo Caquetá de Colombia, tanto giro le había llevado a Gracia del Río, donde había trabajado de todo un poco, desde el obligatorio periodo como alcalde hasta la coordinación de una gira comarcal del grupo "Mansilla y los Eléctricos". Lo dicho, arrancándole una moneda a la vida a cada oportunidad que se presentaba.
También era el pinchadiscos oficial cuando a Matías le daba por montar la "Noche Caribeña" en su bar.
Para el doctor Pérez-Piñón, las fronteras del baile llegaban hasta el bolero y el pasodoble, por lo que era un auténtico profano en aquello de los ritmos cálidos más recientes. No obstante, una noche de sábado, se armó de audacia -dentro de sus limitaciones- y decidió acercarse por el bar del Matías, a ver como era aquello del merengue y el reguetón.
En mitad del sarao, Pérez-Piñón coincidió en los lavabos con Alvin (cumpliendo con el dicho popular). Después de haber anotado en una libretita la duración en segundos de su micción (Pérez-Piñón era así), el médico se dirigió a Alvín.
-Oye, esta música vuestra...
-¿Te gusta?
-Bueno...pero las letras...
-¿Las letras?
-Sí, las letras. ¿Es que no sois capaces de pensar en otra cosa? ¡Que no salis del "gosá", el "sentí", el "recoré tu piel" y el "amalte toda la noche"!
Ya le dije que a Pérez-Piñón le gustaban mucho más los relojes que no detienen su camino.
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