No era de los que se dejan intimidar facilmente -como bien probaba el hecho de que hubiera llegado tan lejos tan deprisa- pero no pudo evitar tragar saliva al entrar por la puerta y encontrar a los miembros de la ejecutiva nacional del partido, con el presidente en persona a la cabeza.
-¡Hombre, Garzadeita, siéntate! Ya sabes para qué te he llamado.
-Bueno...Creo que sí, señor presidente.
-Apéame lo de "señor", que vamos a trabajar mucho juntos.
-De acuerdo, presidente.
-Eso ya me gusta más. En fin, que vas a entrar a formar parte de esta ejecutiva. Solo te queda dar "el paso".
Garzadeita se quedó un poco sorprendido.
-¿Qué paso, presidente? -acertó por fin a preguntar timidamente.
La ejecutiva en pleno estalló en una gran carcajada. A ellos les había pasado igual cuando entraron.
-¡No te preocupes, chaval, que no es doloroso! De hecho, es todo lo contrario.
Mientras decía eso, el presidente tomó una abultada carpeta que tenía sobre su mesa y se la alargó a Garzadeita.
-¿Qué es, presidente?
-Ábrelo.
El muchacho empezó a inspeccionar los documentos.
-Son las escrituras de un piso en la playa.
-Un pisazo, de hecho.
-No entiendo...
-Es tuyo, muchacho. Sólo queda que firmes.
-Pero...Esto normalmente no se hace así...¿Y el antiguo propietario, y el notario...?
-Vete acostumbrando a que aquí las cosas se hacen como yo digo. Firma.
-Es que, ¿cómo voy a justificar que este piso es mío?
-Bueno, eso es algo que nunca tendrás que hacer, a menos que nos obligues a que te obliguemos...La prensa nunca husmea ni encuentra sin permiso.
Garzadieta empezaba a comprender.
-O sea que...
-Exacto, muchacho, aquí vas a ver, oir y hacer muchas cosas que a los votantes les costaría entender, y no nos podemos permitir culitos limpios entre nosotros. La traición siempre es muy tentadora.
-Ya, y si hablo más de la cuenta, me sacáis lo del piso, que me regala...
-Un constructor muy agradecido.
-Entiendo.
-Así son las cosas, hijo. ¿Acaso no te has dejado la vida como militante de base para llegar a esto? ¡Además, que a tu novia le va a chiflar!
-Supongo que sí -dijo el muchacho al tiempo que empezaba a firmar los papeles.
-¡Exacto! En fin, vamos a pedir un poco de champagne, señores. ¡Garzadeita ya es oficialmente uno de los nuestros!

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