Los seis elegantes miembros de la comisión de investigadores oficiales bajaron del helicóptero y fueron recibidos a pie de pista por las autoridades uniformadas.
-¡Bienvenidos, señoras y señores, soy el coronel Donovan Ayuso García, jefe de la base de Chicagana! ¡Les hemos preparado un refrigerio antes de que procedan a realizar su examen!
-Muchas gracias, coronel, pero, si no le importa, preferiríamos pasar directamente a inspeccionar los aviones y dejar las refacciones para luego. -respondio el muy honorable Honorio Wallace Diaz, asesor especial del nuevo presidente e infatigable azote de la corrupción.
-Como gusten, acompáñenme pues.
Mal empezaba la cosa para el coronel. Esperaba usar vino y combinados para intentar domar un poco el alma inquisitiva de esos sabuesos, pero no iba a poder ser. Los políticos no le preocupaban: gente que se cree que sabe mucho de mucho, y luego no sabe nada de nada. Son fáciles de engañar. Los que le inquietaban eran el experto enviado por el fabricante original de los cazas y la ingeniero de aviación independiente.
El caso era que el gobierno anterior había aprobado un gasto de 400 millones de dólares para la compra de doce aviones de combate de segunda mano. El problema era que el precio real de los aparatos había sido de 300 millones, repartiéndose el pico restante entre todo un surtido local de corruptos públicos y privados de traje y unforme. La jugada parecía redonda, si no llega a ser porque los aviones llevaban apenas un año en servicio y ya se había estrellado dos, sin duda porque los cazas eran mucho más viejos de lo que el intermediario les había garantizado, y su valor real era de unos 150 millones. Estas cosas pasan cuando se trata con gobiernos y traficantes que son todavía más golfos y corruptos que uno mismo.
Mientras los cuatro políticos se hacían fotos sonriendo con un casco puesto en la cabina de los aviones, la ingeniero y el experto revisaban uno de los aparatos.
-¿Y cuántas horas de vuelo dice usted que tiene este motor, coronel?
-No sé...Unas dos mil, supongo.
-¿Supone? ¿Puedo ver el libro de mantenimento del avión?
-Es que...Se perdió en el país de origen, un desgraciado incendio, sabe usted...
-O sea, que usan ustedes unos aviones y no tienen los libros de mantenimiento.
-Bueno, nuestro personal mecánico es muy experto y muy profesional, no los precisa.
-Ya, pues a mí me parece que este motor tiene por lo menos diez mil horas.
-¿De veras? ¡Pues no lo parece, tan limpio y tan reluciente!
La dichosa señora ingeniero ya le estaba tocando mucho las narices al coronel.
-¿Cuántas horas vuela usted al año, coronel? -terció el experto enviado por el fabricante.
-Bueno, no muchas...Lamentablemente, la dirección de la base no me deja mucho tiempo para otras tareas.
De hecho, la mayoría de las horas en esos cacharros las pasaban los tenientes y algunos capitanes: amantes de la emociones muy fuertes y solteros. El resto de los pilotos de la base volaban lo estrictamente imprescindible, tenían una familia en la que pensar.
-¿Podría hacer un vuelo de prueba con usted a los mandos?
-¿Perdón?
-¡Que quiero probar uno de los aviones en vuelo y, como hace tiempo que no piloto uno de estos, quiero que usted me acompañe!
-Bueno, lo previsto era que el capitán López Chocla les hiciera un vuelo de exhibición para todos ustedes.
-Es que yo quiero ir con usted.
-Pero es que ninguno de los aviones biplaza de entrenamiento esta listo...
-¿De veras? Pues por el estado de los neumáticos, ése de ahí está cargado de combustible. ¿Repostan los aviones que no van a volar?
¡Listilla! ¿Qué pretendían, que me mataran los dos? La idea era que López Chocla volara unos minutos en el avión que menos mal estaba de todos, pero ahora le iba a tocar ir a él en uno de los cascadísimos biplazas. Sin duda, era el momento de poner las cartas de la corrupción sobre su mugrienta mesa.
-A ver, ¿cuánto quieren?
-¿Perdón?
-Dinero, ¿cuánto dinero por decirle a nuestros amigos los políticos que los aviones están bien y los accidentes han sido sólo eso, accidentes?
-¿Está usted intentando sobornarnos?
-¿Podemos terminar con este diálogo de película de mafiosos de tercera categoría?
-Como guste y, por favor, no se ponga nervioso. Nuestar conclusión va a ser que estos aviones están como ustedes afirman que están, pero que les vendría muy bien un proceso de actualización por valor de 100 millones. Proceso que se hará en nuestra fábrica, por supuesto. Huelga decir que usted lo considera del todo imprescindible y lo recomienda vivamente.
-Ya, y ustedes los pintarán, les cambiarán un puñado de piezas pero, en la práctica, volverán igual de mal que ahora.
-No volverán, cuando estén allí, el gobierno actual de su país se los venderá a un estado africano.
-Comprendo. Y usted, señora, ¿cuánto dinero saca de todo esto?
-Secreto profesional.
-Así que estaba todo previsto, esto ha sido puro teatro, los de ahora están tan podridos como los de antes.
-¡Parece que le sorprende! Venga, recojamos a esos incorruptibles corruptos y vayamos a probar ese refrigerio.

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