Para las conversaciones realmente importantes puede que importe el momento, pero el sitio da absolutamente igual.
-¿Por qué lo has hecho, papá?
Don Juan Biafraga, ilustre notario del ilustre colegio, esperaba la llegada del autobús refugiado del frío enero en una marquesina junto a su hijo Alvarito. Van juntos al partido del chaval, se lo tiene prometido desde hace meses. No ha cogido el coche porque es un padre moderno, responsable y concienciado con la ecología.
-¿El qué?
-¡Lo sabes perfectamente!
Don Juan Biafraga he dejado a la mamá de Alvarito por una pasante más joven, más rubia y más pizpireta. Ya viven juntos. Alvarito no lo entiende y, al igual que con los problemas de Matemáticas, quiere que papá se lo explique.
-Las cosas son así.
-¿Es porque mamá ya está vieja? ¡Porque si es por eso, tú tampoco eres un adonis!
Don Juan Biafraga sonrió satisfecho: ese colegio le cuesta una pasta, pero realmente le enseñan cosas a su chaval.
-No es eso hijo, es muy complejo de explicar, y mas aquí y ahora...¡Algún día lo entenderás!
-¡Eso mismo le voy a poner al de mates en el examen de polinomios: "¡algún día lo entenderé!" ¡A ver qué nota me pone!
Acorralado, Don Juan Biafraga intentó salir del paso usando el viejo truco de la confusión poética.
-Mira, hijo, mi vida amorosa era un poco como esta situación que tenemos ahora: me había acostumbrado a coger el autobús -el amor de tu madre-. Al principio, llegaba rápido y hacía buen tiempo, era perfecto. Pero entonces vino el invierno a mi vida y el autobús tardaba cada día más. Y ya sabes lo que ocurre en esas situaciones, lo estamos viendo ahora mismo: empiezan a pasar taxis por las paradas de los autobuses, uno tras otro, tentadores: "¡Deja de pasar frío, cógeme, yo te llevaré rápidamente a tu destino y estarás calentito!". Me resistí a la tentación al principio, pero, finalmente, acabé montando en uno.
-Comprendo...¡Pues coge ese que viene por ahí, ya que tienes experiencia!
Don Juan Biafraga -al tiempo que le hacía una seña al taxista- sonrió satisfecho ante la ocurrencia de su hijo, el chaval era listo y espabilado. Y, de paso, ya había salido del aprieto.
-Por cierto, ¡qué palabras más chulas os enseñan en el cole: "adonis"!
-No, ésa me la ha enseñado mamá.
-¿Mamá?
-Sí, el otro día llamó la tía Sara y mamá le dijo por teléfono: "¡Joder, qué liberación! ¡Comparas el adonis que me estoy tirando ahora con el mierda de mi ex-marido y te dan ganas de llorar por lo años que has perdido con ese gilipollas!"
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