Es agradable no ser un líder de nada ni de nadie, me permite roncar a gusto por las noches.
Seguro que dormiría mucho peor si, en esos segundos de intimidad y verdad con la almohada de justo antes de doblar frito, fuera consciente de que he mentido a otros y me he traicionado a mí mismo.
Eso pasa cuando uno adquiere la capacidad de cambiar las cosas, que, por algún mal truco de magia, el único que cambias eres tú. Y tendrás la desfachatez de decir que has evolucionado, que aquel idealismo de la juventud era ingenuo e insostenible.
Yo, para mi felicidad, echo la mirada atrás y, honradamente, creo que -parafraseando al poeta- puedo afirmar que hace casi 18 años que tengo 18 años.
Sin duda, porque nadie se ha tomado la molestia de hacerme cambiar. No les merece la pena.
El Poder -de cualquier especie, ese que no tengo- se apodera de ti, y te vuelves una marioneta suya. Y, de paso, un gilipollas de mucho cuidado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario