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lunes, 5 de julio de 2010

Esos Dos Segundos Tan Intensos de Justo Después de Darte Cuenta de que Has Metido la Pata (Hasta el Fondo).

No hay mayor censura que aquella a la que sometemos a nuestras propias palabras (si tenemos un mínimo de cabeza y educación). Y ni por esas evitamos soltar lo que no debemos, y todo por la culpa del dichoso "Desliz Freudiano" (dicho en plata, "lo que te sale del alma").

El caso es que uno ya ha largado algo fuera de lugar, y se percata, y -¡maldición!- intenta arreglarlo (que es el camino más directo a estropearlo del todo).

"Con todos mis respetos" es un latiguillo de lo más socorrido, aunque a mí me parece que poco ayuda, más bien todo lo contrario. "¡Ten modales, que no estás en tu pueblo...con todos mis respetos!". ¿Qué respetos son esos, si acabas de llamarnos maleducados?

(Una varienta de esta técnica es el siempre popular "es un decir").

También está la opción del auto-ataque de reparación, que tampoco se me antoja a mí muy efectiva: "¡Dónde vas con esa camiseta, que pareces una morcilla!...Aunque, yo también estoy gordísimo, vamos que yo tampoco entraba". Gracias por llamarme "gordo".

Otros, con más verborrea, se recrean en la suerte y te encajan una larga disculpa razonada del estilo: "A ver, que dicho así suena muy mal. Te explico: a lo que yo me refería es que, dicen, diiicen, que yo no sé si será verdad, que hay gente, no todos, geeente en tu pueblo que....." o "No, que me he expresado fatal. Lo que realmente quiero decir no es que los profesores sean unos vagos con muchas vacaciones, sino que..."

Sin olvidar el clásico: "está sacado de contexto".

Los menos originales se ríen y te intentan convencer de que era una broma.

(Pues maldita la gracia).

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