La "Luisi", la cocinera del bar del Matías, estaba harta de tener los ojos tan bonitos. Porque sabía lo que viene después, porque sabía lo que la gente decía de ella a sus espaldas, y en voz bajita y cabrona.
Lástima que Luisi fuera tan fea con aquellos ojos tan bonitos: su nariz parecía robada a un muñeco de nieve, los labios se le torcían como los renglones de un párvulo y los dientes eran músicos de jazz, por no hablar del pelo teñido de torpeza.
Para colmo, la "Luisi" estaba gordita, como consecuencia lógica de lo bien que cocinaba y de lo mucho que sufría.
Pelando cebollas (y también el pescado), la "Luisi" a veces lloraba, como si aquellos ojos tan azules y tan bonitos se rebelaran contra los dioses del Olimpo por haberlos lanzado sin aliados a la batalla de esta vida tan superficial y tan injusta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario