Rabia por la humillante manera en que, por culpa de un mocoso bocazas, los habían echado de aquel estudio de radio, fuera de antena (obviamente, discreción ante todo).
Rabia por la aún más humillante bronca que le había calzado el director a costa de la anterior.
Rabia por haber sido tan tonto de llevar a aquel mocoso bocazas a la radio, desoyendo consejos de camaradas de sala de profesores.
"Oigan, señores, si estamos tan mal y hay tanta gente pasando un montón de hambre, ¿cómo es que ustedes están tan gordos? ¡A mí me daría vergüenza!"
Rabia, sobre todo, porque aquel mocoso bocazas tenía más razón que un santo y no se la podía dar. Muy al contrario, le tocaba castigarlo.
¡Qué rabia, leñe!
No hay comentarios:
Publicar un comentario