-¿Qué tal con "Los Ferreteros"?
En aquel colegio, tal pregunta era frecuente y no se hacía por hacer, por simple cortesía. Los señores de Treví, alias "Los Ferreteros", eran titulares de infame notorierdad por su afán de defender los intereses de sus hijos más allá del honor, la justicia e incluso la vergüenza propia y ajena. Era la primera entrevista de "Llamadme Gus" con ellos -¿a quién se le ocurre suspender a Piluca por no aprobar los exámenes?-, y, dados los múltiples precedentes, el tutor se había ofrecido a estar presente, por aquello de la inexperiencia de "Llamadme Gus". Pero el joven profesor, muy en torero, había pedido que lo dejaran solo.
-Bien, le van a poner un profesor particular a la niña.
-¿Ya está?
-Sí.
José Luis Trestuestes resopló. "Los Ferreteros" ya no eran lo que habían sido.
-Estupendo.
-Me han preguntado si yo conozco a alguien pero la verdad es que no...
-Tira de antiguos alumnos buenos, lo hacemos todos. Es una especie de premio.
-¡Pero si yo no tengo todavía! -Trestuestes sonrió. ¡Juventud puñetero divino tesoro!- Además, me da un poco de rabia, porque el problema no es que la niña necesite apoyo, el problema es que se pasa toda la clase hablando o, mejor dicho, gestionando esa compleja red social en forma de colmena de la que ella es la abeja reina.
-¡Bueno, ilustre colega, no es tu dinero, si "Los Ferreteros" quieren pagar dos veces por el mismo producto, es su problema!
-Sí, es curioso, debemos de ser el único servicio que el cliente paga y luego se obstina en no recibir!
-Exacto, pero así son y serán las cosas. Además, es bueno que salgan clases particulares. Tú, yo, todos los "soldados de la tiza", empezamos sacándonos un dinerillo y algo de experiencia como "profesores de fortuna", siempre buscando contra reloj atajos milagrosos al aprobado.
-¡Y lo mismo algún día nos toca volver!
Trestuestes sonrió con cierta alarma en los ojos.
-¡Nunca se sabe, ilustre colega, nunca se sabe!

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