Sentado en la sala de espera de Urgencias, Ignacio Turreita se terminó de convencer de que, después de todo, intentar usar a un galgo como perro lazarillo quizás no había sido una buena idea.
Ignacio, que no Nacho (de los pocos que no ejercían como tal), Turreita era el hombre de grandes ideas de Gracia del Río. El problema es que dichas ideas no eran tan grandes en el práctica, o, como mucho, lo más grande que traían era un problema mayúsculo.
Ya nadie hacía caso a Ignacio -que no Nacho- en el pueblo. Todos habían perdido tiempo o dinero -o ambas cosas- alguna vez -a menudo varias- por su culpa.
Por eso esta última idea había decidido presentarla en la capital de provincia (en concreto, en una "Feria de Ideas Empresariales Brilllantes"), porque él era demasiado avanzado para los paletos de su pueblo. En la capital tambiéne eran paletos, pero de un modo más cosmopolita.
Y al principio todo había ido bien: "Culebrilla", el galgo al que él mismo había entrenado para desempeñarse como perro lazarillo, había estado tranquilo durante la mayor parte de la jornada. Sentadito en el stand, viendo a la gente ir y venir.
Pero entonces, ¡ya es mala pata!, a los de la caseta de las "jaulas-chalet para conejitos" se les había escapado una liebre (que estaba allí por abaratar costes, que parece ser que son más baratas las liebres que los conejos. O sea que en vez de "gato por liebre", daban "liebre por conejo"). La criatura pasó zumbando por delante del stand de Turreita y, claro está, se lío.
Ignacio -que no Nacho- lo sentía especialmente por el pobre hombre que tenía cogido a "Culebrilla" por la correa en el momento fatídico. El repentino tirón había dado con él -en concreto, con su boca- en todo el borde del mostrador del stand. Según les habían dicho al llegar al Urgencias, entre dientes perdidos y puntos sumados, la cosa podría rondar los doce.
¡Ya era mala pata, sí! Aunque Turreita, siempre un poco malpensado tirando a paranoico, opinaba que no había sido un accidente, que todo aquello había sido un vil acto de sabotaje.
La razón por la cual alguien querría echar por tierra su idea de los "galgos lazarillo" era tan poco claro como la lógica de usar galgos cuando los pastores alemanes ya hacían la labor de guía tan requetebién.

No hay comentarios:
Publicar un comentario