Cuadro I
(Escenario desnudo, salvo una línea de tiza pintada en el suelo, que lo divide en dos. Si el público no la ve, que el director se busque la vida. Entra por la izquierda un joven y llega hasta la línea, se la queda mirando unos segundos y la pisa, pero de inmediato retira el pie, como si le hubiera dado calambre. Suspira, se encoje de hombros y se sienta en el suelo, a unos 50 centímetros de la línea, y se pone a silbar mirando al techo. A los pocos segundos, entra otro joven por la derecha. El joven de la izquierda de inmediato le clava la mirada. Ambos se quedan observándose con recelo. Poco a poco, el recién llegado se aproxima a la línea sin perder de vista a su contrincante, y cuando está a unos 20 centímetros, el otro se levanta de un salto. Ambos se sitúan en posición de combate, pero ninguno parece decidido a atacar. Se produce un intensísimo juego de miradas. Mala suerte para los espectadores que están lejos, porque se lo están perdiendo. Esto dura hasta que las toses del público son ya exageradas e incluso hay que quien hace ademán de largarse. Si el público es muy pedante, puede que el juego de miradas se tenga que prolongar por más de media hora, así que es conveniente prevenir a los actores. En cualquier caso, después de ese largo rato, habrá una espontánea y cerrada ovación -con sus correspondiente gritos de "genial, genial"-, es el momento de proseguir. Ambos actores, todavía con el recelo en los ojos, se sientan poco a poco y se quedan mirándose).
Fin del Cuadro I.
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