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sábado, 4 de abril de 2009

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: El Padre Perales.

Al Padre Perales lo habían castigado premiándolo con ser capellán de aquel colegio. Él habría preferido conservar su puesto de trinchera en la lucha por la Paz y la Justicia. Pero ya estaba demasiado mayor para tanto barrio marginal, tanto politoxicómano y tanta familia destrozada.

Pero él echaba todo aquello mucho de menos. Estaba cansado de homilías descafeinadas a niños de educación primaria y las catequesis de primera comunión. Él era un hombre de acción. Como le gustaba decir: "un cura con los zapatos siempre sucios".

Hasta que un día se hartó de tanta milonga piadosa y decidió respirarse un desahogo:

"Somos el ejército de Dios, el ejército de la Paz. Nuestras armas deberían ser los actos de amor, pero, por desgracia, nuestros generales son un atajo de apoltronados barrigones a los que se les va la fuerza por la boca, y nuestras tropas están más interesadas en desfilar que en combatir. Y así nos va. Perdiendo el partido contra el Diablo. Y no porque tenga unos delanteros maravillosos. De hecho, la mayoría de los goles nos los metemos en propia meta nosotros solitos. Sinceramente, no sé cómo no se nos cae la cara de vergüenza al presentarnos ante Dios".

Un silencio increíble y absolutamente inaudito en una ceremonia de Primeras Comuniones tomó al asalto la capilla del Colegio. Ni a toser se atrevía la parroquia. Entonces, la hermanita de Dieguito Pacheco rompió a llorar en su carro de bebé. Un repentino llanto que parecía el grito de aprobación y júbilo de los oprimidos.

Experimentado ese enrabietado y agradable alivio que da el soltar lastre de conciencia, el Padre Perales continuó con la ceremonia.

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