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viernes, 31 de diciembre de 2010

Elogia de la Remontada.

No hay victoria más dulce que la que se le arrebata al que ya se tiene por un seguro ganador. Ni más bella ni más grandiosa.

El caballo que afronta la recta final desde la última posición y va dejando atrás enemigos perplejos hasta besar el primero el poste de llegada.

El equipo de fútbol que se va al descanso con tres goles en contra y es capaz de meter cuatro en respuesta.

Esa es la verdadera marca de los campeones, los que son arrojados de boca al humillante charco de la derrota, y son capaces de levantarse a golpes de corazón para luchar hasta el último instante.

¿Existe mayor emoción que la de remontada? Ver cómo se agotan agónicos los metros o los minutos, mientras vamos recortando la ventaja enemiga. ¿Existe mayor demostración de dominio que despojar al contrario de su condición de enemigo, pues ya lo único que nos puede derrotar es la falta de tiempo y no ellos?

Sin duda, las remontadas, en cualquier deporte, son las que te hacen amarlo, y las que para siempre se te quedan dulces en el recuerdo.

En resumen, que me quedo mil veces con un 4-3 remontado antes que con un 5-0 directo y frío.

Mi deseo para 2011, que -ojalá- todos aquellos que están hundidos inicien la remontada. ¡Vamos, que hay tiempo!

jueves, 30 de diciembre de 2010

Bar Hermanos Riera (Tapas y Raciones).

Aquella parte de la ciudad está considerada como bastante conflictiva, aunque, sin duda, nada hay tan peligroso por allí como las raciones del Bar Hermanos Riera. En especial, las infames "Patatas Licuadora" (si desea catarlas -bajo su responsabilidad- pida "Patatas Bravas". Lo de "licuadora" se lo puso un insensato que osó probarlas, y pagó durante toda la noche su audacia).

Tomás, el mayor de los Riera, siempre niega airado tales afirmaciones, e insiste en que su "ración de bravas" es la mejor de la ciudad, y que el problema es que hay "mucha gente de digestión cobarde". Martín, el Riera mediano, apunta que el problema es que la competencia les tiene mucha envidia. (Hay un tercer hermano, pero, por razones obvias, desea mantener el anonimato, dejando claro, eso sí, que el tiene un puesto de frutas en un mercado y no tiene nada que ver con sus hermanos o su bar).

La competencia replica que en "Hermanos Riera" tienen todos los registros menos el sanitario: la Policía Municipal dos o tres veces por semana ("Eso no es nuestro, no sabemos de dónde ha salido", dicen los Riera), la Nacional por lo menos una vez al mes, la Judicial de cuando en vez, e incluso el Servicio de Protección a la Naturaleza ha efectuado alguna que otra visita ("¿Cómo iba yo a saber que esos bichos estaban protegidos?", argumentó Tomás Riera cuando le sorprendieron dando lince por liebre).

En resumen, que Hermanos Riera es su destino de tapeo si desea intoxicarse, o acabar con las manos sobre el mostrador, las piernas abiertas y el carné de identidad en la boca.

Aparte de eso, los refrescos no están malos, siempre y cuando se asegure de que le abren el botellín en su presencia y se traiga usted el vaso de casa.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Con Título Pero Sin Nombre. (Entrevista de Trabajo Ficticia).

-Veo por su currículum que le costó bastante sacar la carrera.

-Sí, unos 50.000 euros. Bueno, en realidad, los pagó mi familia.

-Ya.

-¡Pero soy arquitecto, ahí lo dice bien claro!

-Como el agua.

-Y con estudios de postgrado.

-En efecto, de eso precisamente le quería yo hablar. Esto de "Máster en Integración de Estructuras Urbanas en Espacios Arquitectónicos Rurales".

-¿Sí?

-¿En los nueve meses de máster, nadie le explico que "estructura" va con ese, no con equis?

-¡Pensaba que valían las dos!

-No, me temo que no.

-Es que...la mayoría de las clases eran en inglés.

-Entiendo, y supongo que en toda la carrera de arquitectura, la palabra "estructura" apenas salió.

-A lo mejor de pasada, alguna vez...

-Entiendo. En resumen, que usted pretende que esta empresa contrate a un arquitecto que no sabe escribir la palabra "estructura", principalmente porque tampoco sabe mucho del tema.

-Exacto.

-¿Algo más que añadir antes de terminar la entrevista?

-No, que termine usted de una vez,que me está esperando mi padre para comer. Ah, por cierto, que dice que el informe de lo de Ferrugosa la quiere esta misma tarde en su despacho.

-Allí estará.

-Pues hala, hasta el lunes, majete.

-Adiós...Y bienvenido a la empresa.

martes, 28 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (y 15)

Ahí terminaba el relato de Woodchat. Después, las instrucciones y despedida que ya me resultaban familiares.

Al día siguiente, tomé mi coche y fui hasta el cementerio donde habían enterrado a aquella pobre niña hacía tantos años (y de un modo tan inusual e irregular).

Me costó un poco encontrar la tumba, pero por fin di con ella. Ahí estaba, anónima y descuidada. Pasada la novedad hacía ya décadas, nadie parecía haberse preocupado por ella.

No me cabía la más mínima duda de que allí yacían los restos de la niña -todos- y, además, los de Walt Sharper. Woodchat se habría asegurado de ello, al igual que había obligado al doctor Edwards a meter en su archivo el saco con la carpeta.

Entonces, sentí la tentación de sacar aquella historia a la luz, de enmendar el terrible error, pero entonces me percaté de que la voluntad de Sharper no era ser admirado por la posteridad, sino descansar junto al ser que más amaba en este mundo.

No obstante, ¡qué rabia que aquella tumba estuviera allí, olvidada y sucia! Debería ser venerada como lo que realmente era: un monumento al Amor Puro llevado hasta las últimas consecuencias.

Aunque, por otro lado, si se supiera toda la verdad, el lugar se convertiría en un circo o una feria, un sitio donde la gente se hace fotos sonriente, pinta su nombre o se lleva un trocito de lápida de recuerdo.

Pensándolo mejor, las cosas estaban muy bien como estaban. Deposité unas flores que traía de casa sobre la tumba y me encaminé hacia mi coche. En mi mente, el nombre que Woodchat me había dado como pista hacia su siguiente relato: Helen Trull.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (14)

"No disponía de mucho tiempo, pues había quedado con Peabody para regresar juntos al sur, pero me parecía descortés irme sin decir adiós la vicario.

Lo encontré donde siempre, enfrascado en sus preparativos navideños. Me quedé mirándole fijamente, congelado, sin tan siquiera ser capaz de articular un saludo. Él se limitó a sonreírme y darme una palmada en el hombro.

-No sufras, hijo mío. No hay nada por lo que sentirse avergonzado o pesaroso. Hoy has hecho lo correcto, créeme que sí...Y ahora, marcha, que éste no es día para estar lejos de casa.

Me limité a asentir, darme la vuelta y salir de allí. Ignoraba cuánto sabía y cuánto dejaba de saber el vicario sobre el asunto, y me daba igual. Lo único que importaba era que aquellas palabras, dichas de aquel modo, habían sido el bálsamo que mi alma necesitaba.

Llegue por los pelos a mi cita con Peabody. Él quería llegar a tiempo para cenar con su familia, por lo que corrió mas de lo habitual, si es que a la velocidad punta de aquella lata con ruedas se le puede llamar correr.

Pasamos todo el viaje en silencio. Yo, absorto en mis pensamientos sobre aquellas últimas 48 horas, impresionado por Walt Sharper y su comportamiento. Al mismísimo "Hombre en Strangeways", curtido en mil noches en capilla, le había llamado la atención el gesto de Paz y Felicidad con que había pasado sus últimas horas escuchando los villancicos, gesto que había conservado hasta el ultimísimo instante de su vida.

Sin duda, aquellos villancicos le recordaban el momento en que había conocido a su amada niña, en un concierto de Nochebuena. Y por esa misma razón había elegido morir en ese día, o, mejor dicho, partir para reunirse con ella.

Dicen que el Amor es la fuerza más poderosa del universo, y resultaba difícil no creerlo a luz de esta historia. La de un hombre que había entregado la propia vida y que había aceptado que lo recordaran con odio como a un asesino, a cambio de marchar junto a su amada niña, y proteger a sus padres. Aquél parecía ser el destino de los hombres buenos de verdad: el sacrificio y la incomprensión. ¡Qué mundo, Dios mío!

Sí, un mundo sucio, injusto, canalla, desesperante...Al que, hacía ya casi 2000 años, había llegado un Niño con el fin de salvarlo. Y volvía cada año, esa misma noche. Pero, en aquella ocasión, no me lo recordaron ni las luces ni los adornos, ni tan siquiera los muchachos libres de escuela correteando por las calles. Fue Walter Sharper el que me lo recordó. Y también el que me hizo comprender su verdadero sentido.

-¡Feliz Navidad, Peabody.

-¡Feliz Navidad!

Me quedé mirando como se alejaba el vehículo. En ese momento, me asaltó la risa al recordar las palabras de Peabody cuándo le pregunté que habría hecho el con el cuerpo: 'Pues lo que hago con todos, llevarlo a un cementerio y enterrarlo'.

¡Qué razón tenía!"

domingo, 26 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (13)

"Edwards me facilitó las señas de los padres de la niña. La casa era humilde, muy humilde, poco más que una chabola. Pero, al menos, tenía chimenea.

Reconozco que lo que hice fue un ejercicio de humor negro en extremo, pero no lo pude evitar. Escalé hasta el tejado con mi saco al hombro y me deslicé por el conducto, aprovechando que un tipo como yo siempre lleva una cuerda encima.

Allí estaban esos dos pajarracos, observándome con la boca abierta.

-¿Quién es usted?

-¿No lo adivina? Les traigo un regalo, tengo entendido que es algo en lo que están muy interesados.

Sin duda con exceso de teatralidad, deposité el saco sobre la mesa de un golpetazo.

-¿Cómo..., quién..?

-Su amigo el loquero ha cantando de plano.

-¿Es usted policía?

-No, pero sí quiero que me digan inmediatamente quién mató a esta pobre criatura.

Pasado el susto inicial, y sabiendo que yo no era policía, aparentemente se le templaron los nervios al padre.

-¿Para qué? Es un pez muy, muy gordo. No podrá hacer nada.

-¿Tan importante es?

-Ni se lo imagina.

-Ya.

En esas circunstancias, preferí no saber nada más. Por mucha rabia que dé, en esta sociedad suya y mía hay una casta de intocables contra la que la ley oficial no puede hacer absolutamente nada. Y yo jamás he sido de los que se toman la justicia por su mano (¡qué irónico suena esto!)

-Sé que nos desprecia, señor, pero no nos juzgue si no ha pasado penurias...-intervino la madre- Yo misma intenté vender mi cuerpo, pero nadie parecía muy interesado. Entonces, un anciano nos ofreció dinero por ver desnuda a la niña.

-¡Le juro que yo siempre estaba presente para que no le hicieran daño! ¡Y ella nunca se daba cuenta de nada, era como un juego inocente!-continuó el padre.

-Entonces aquel hombre nos ofreció lo que para nosotros era una pequeña fortuna. Una cantidad que nos permitiría que fuera la última vez. Nuestro sueño era abrir un pequeño negocio...

-¡Nos prometió que no la haría daño, y parecía tan cortés y formal! Pero, de repente, perdió el control. Intenté defender a mi niña, pero los dos esbirros que siempre lo acompañan me lo impidieron.

-Los mismos esbirros que se colaron en el entierro y sacaron fotos. Su amo quería una demostración gráfica de que la prueba de su crimen quedaba bajo tierra para siempre. Y, de paso, se sacaron un dinero vendiéndolas a la prensa. Los muy cabrones...

-¿Qué piensa usted hacer? Está claro que si nos fuera a denunciar, ya habría venido con la policía.

-Tiene razón, pero ustedes me van a hacer un par de favores a cambio.

Cuando se dio la noticia del crimen, toda una serie de personas se pusieron muy nerviosas, pero se relajaron de nuevo cuando apareció el culpable y quedo claro que nadie iba a tirar de ningún hilo. A cambio de mi silencio, los padres de la niña me entregaron aquel hilo, el cual yo, a su vez, puse en las manos adecuadas. Todo esto se tradujo en un puñado de detenciones de gente despreciable y algunas niñas que se libraron de muy malos ratos.

El segundo favor, que contactaran con Edwards y se aseguraran de que sus restos y los de la niña descansaban juntos. Era lo menos que podía hacer por ese pobre hombre. Me garantizaron que lo harían, quise creer que con lágrimas en los ojos.

¿Por qué no denuncié a aquellos dos tipejos a las autoridades? Sin duda, también a ellos les habrían facilitado un 'hilo del que tirar'. Pues bien, callé porque, juzgando por sus miradas, me pareció que aquellas dos personas ya tenían el alma y el corazón entre rejas -y con cadena perpetua-. No hay cárcel peor que ésa.

Y, después de todo, era Nochebuena".

sábado, 25 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (12).

"Era el momento de que el Doctor Edwards cantara un poco de verdad de la buena:

-No me especialicé en ciertas psicopatologías graves y desagradables por morboso capricho. Mi deseo era y es contribuir a determinar sus causas y síntomas, con el fin de contribuir a proteger a la sociedad en general y a los niños en particular. Pero los relatos que me daban los pervertidos entre rejas -o sus cadáveres- no me bastaban, debía estudiar su comportamiento mientras estaban en activo. Fue por eso que tomé la arriesgada pero vital decisión de infiltrarme en su mundillo. Así conocí a los padres de esta pobre niña. En principio, sólo permitían a los degenerados que la toquetearan o la vieran desnuda por una cierta suma.

¿Sólo? Tendría gracia si no fuera tan repugnante.

-A mí, a cambio de otra suma, me facilitaban datos e información sobre sus clientes que poder usarlos en mis investigaciones. Pero alguien muy importante se encaprichó de ella y les ofreció mucho, muchísimo dinero por ir más allá. A los padres les cegó la codicia, y accedieron.

¿Les cegó la codicia? Se me estaban revolviendo las tripas, lo cual tenía su merito, dado mi historial de combates cuerpo a cuerpo en la guerra y ahorcamientos en la paz.

-El caso es que a aquel tipo se le fue la mano y destrozó a golpes a la niña. Los padres no podían llamar a la policía, pues aquello significaría que ellos mismos también irían a la cárcel, y ya sabe cómo tratan en prisión a ese tipo de gente.

Algo había oído.

-Así que recurrieron a mí, sabían que era médico y me pidieron ayuda para simular que la muerte había sido accidental. Yo les dije que eso era del todo imposible, ellos me amenazaron con denunciarme también si no los ayudaba. Y entonces, cuando estábamos todos hundidos por los nervios y la desesperación, apareció el infeliz de Sharper, de visita imprevista, como tantas y tantas tardes. Le contamos que la niña había tenido un accidente y se había matado, y le entró la crisis de ansiedad más brutal que he visto en todos mis años de ejercicio. Se pudo a chillar que él no quería vivir sin su niña, que se quería morir. Entonces fue cuando el padre tuvo la idea. Le propuso a Sharper que confesara que la había matado, con el fin de que no los acusaran a ellos de homicidio involuntario y, lo crea o no, el accedió. Le sorprendería lo que la gente hace en momento de tensión extrema.

No, no mucho. Tengo cierta experiencia en el asunto.

-Así que pusimos todo el plan en marcha. Le contamos la milonga de que no podíamos entregar el cadáver a la policía, porque entonces se darían cuenta de que se había tratado de un accidente y no un asesinato. A él le pareció buena idea, y puso como única condición para seguir con la farsa que se le garantizara que la niña sería enterrada en sagrado y, en caso de ser ejecutado, a él también. Yo le di mí más solemne promesa de que me ocuparía personalmente de ello. Lo de los ojos fue idea y obra mía, no se me ocurrió otra manera de probar el delito. Supongo que el resto ya se lo imagina.

En efecto, me lo imaginada. Así que se confirmaba que Sharper era inocente. Yo ya suponía que no había sido el ejecutor material del crimen, pero pensaba que habría sido cómplice de un modo u otro. Pero no, no era así. Estaba totalmente limpio de aquella sangre. La sensación, la terrible sensación, de haber ahorcado a un inocente me subió de las tripas, me secó la boca entera hasta volverla veneno y me empezó a salir en forma de sudor frío por todo el cuerpo. Es la peor experiencia que conozco, algo que no deseo a nadie. No era la primera vez que la vivía, ni sería la última.

-Muy bien, doctor. Le voy a coger prestado el coche. Usted vuelva a cerrar la tumba y váyase a casa por su propios medios.

-¿Me va a denunciar?

-No lo sé todavía. Lo único que le garantizo es que espero que todo esto que me ha contado sea cierto. De lo contrario, le buscaré, y le encontraré.

Tomé el saco maldito y me lo eché al hombro. Papá Noel había llegado a la ciudad".

viernes, 24 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (11).

"-Buenas, Jefe. ¿Cómo está?

Holton siempre me trataba con reverencia. La misma con que yo me dirigía a "El Sultán". Me estaba esperando en un cuarto que tenían preparado para que los verdugos pernoctaran la noche previa a la ejecución. Afuera, una curiosa multitud -mezcla de defensores y detractores de la pena de muerte, periodistas y curiosos en general- bulliciosa montaba guardia. Para eludir a dicha multitud, yo había efectuado mi entrada en Strangeways en un discreto furgón celular que había ido a recogerme.

La rutina era bajar a revisar que todo estuviera correctamente preparado para al ejecución, cenar, charlar un rato de fútbol o jugar a las cartas, y luego irnos a dormir en espera de que nos llamaran a las 6:30 de la mañana.

Fue en mitad de un partida que entró mi "Hombre en Strangeways".

-¡La madre que lo trajo, villancicos!

-¿Cómo?

-¡El maldito Sharper, que dice que quiere pasar su última noche oyendo villancicos!

Para mí, aquella petición no era sino una pieza que encajaba en mi rompecabezas.

-¿Y qué vais a hacer?

-¡Pues cumplir con el deseo, no nos queda otra! Ya he hemos bajado un tocadiscos y un disco que he tenido que ir a comprar.

Puede que le sorprenda que tanto Holton como yo pudiéramos conciliar el sueño aquella noche. La verdad es que las primeras veces cuesta, pero la experiencia obra milagros en cualquier profesión.

A la hora convenida, nos despertamos, nos aseamos, nos vestimos, desayunamos, hicimos las comprobaciones de ultimísima hora y a las 8 menos un minuto exactamente llegamos a la puerta de la celda.

Dos minutos después, el médico de la prisión salía por la puerta después de haber declaro a Walter Sharper oficialmente muerto.

Holton y yo nos quedamos para preparar el cuerpo, que vendrían a recoger de la Universidad de Porstone. Nos informaron de que el doctor Edwards en persona supervisaría el traslado. Excelente.

Para garantizar el anonimato de nuestra salida de la prisión, donde seguía todo aquel circo, propuse al director que nos dejara salir a Holton y a mí en el vehículo enviado por la Universidad de Porstone, lo cual le pareció una excelente idea. Terminada la operación, el coche salió apresuradamente de Strangeways.

-¿Dónde les dejamos?-preguntó el conductor.

-A mí por el centro me viene bien.-Contestó Holton.

-Yo vivo cerca de Portstone, así que haré todo el trayecto con ustedes.

Me dejaron a la entrada de la universidad. Yo me metí en un pub con excelentes vistas a la calle y pedí una pinta. Ya era sólo cuestión de esperar.

Como un par de horas después, el doctor Edwards salía por la puerta, en dirección al lugar donde tenía aparcado su coche. Yo abandoné rápidamente aquel pub para ir a su encuentro.

Este es el momento de que le revele que, por motivos de defensa personal, a los de mi gremio nos dejan llevar un revolver encima, toda una excepción en un país como el Reino Unido, donde ni a los policías de a pie les está permitido portar armas de fuego.

Me situé a la espalda de Edwards y le clavé el cañón de mi pistola en el costado.

-Bien, doctor, continúe caminando hacia su coche, por favor.

-Pero...¡Usted es...! ¿Se ha vuelto loco? ¿Qué quiere?

-Que monte, se calle y ponga rumbo al cementerio. Vamos a hacer una visita a la tumba de esa pobre niña.

Los cementerios suelen ser lugares solitarios y discretos, máxime en Nochebuena al mediodía. Allí no había ni trabajadores. Obligué a Edwards a dirigirse al lugar donde habían enterrado a la niña, pasando antes por un cobertizo de material para tomar prestado una pala.

-Bien, ahora, ponte a cavar.

-¡Está usted totalmente loco!

-¡Venga, malparido! ¡Lo que tú metiste, tú lo vas a sacar!

Edwards se quedó blanco.

-¿Qué tonterías dice?-balbuceó.

Saqué una foto que llevaba en el bolsillo, una de las que no había salido en prensa.

-Aquí estás. Tú eres el trabajador que abrió y cerró la tumba. En la oficina me confirmaron ayer que la familia no quería al personal del cementerio, para que 'ninguno vendiera información a la prensa'. Con esa excusa entraste tú. Ahora, quiero enterarme de para qué.

A punta de pistola y, en especial, de verdad, Edwards se puso a cavar. Al poco tiempo, el pequeño féretro con los ojos de la niña.

-¿Satisfecho?-Me dijo desafiante.

-¡Sigue!

-¡Está usted loco!

A las pocas paladas, apareció lo que sin duda era un saco.

-¡Sácalo y ábrelo!

Mis sospechas se confirmaban: contenía los restos de una niña.

-La debería haber enterrado más profundo...-suspiró Edwards entre sollozos".

jueves, 23 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (10).

"Mi visita al cementerio no hizo sino confirmar mi sospecha. Quedaban horas para la ejecución y había llegado el momento de poner todas las cartas sobre la mesa e ir a reclamar esa 'verdad' que tenía pendiente.

-Mire, creo que ya le dije que...

-Disculpe, vicario. Permítame que esta vez haga una presentación en condiciones: soy el último ser humano que va a ver con vida a Walt Sharper y creo que me merezco cierta información, toda aquella que me pueda facilitar sin quebrantar el secreto de confesión.

-¿Qué dice usted?

-¡Pues que soy el verdugo que va a colgar a Sharper y que exijo que me cuente qué está pasando aquí!

-No entiendo...

-Entiende de maravilla, vicario. ¿Por qué va a pagar Walt Sharper por la culpa de otros?

-¡¿Pero qué dice usted?!

-Pues que me parece que Sharper va al matadero como un pobre borrego sin rechistar, mientras que los verdaderos responsables de la muerte de la niña están libres y felices.

-¡No, él la mato, y sin cómplices! Aunque es cierto que no fue un crimen al azar, pues Walt Sharper conocía a la niña desde hacía un par de años. La vio por primera vez cuando ella cantó en un festival navideño de la parroquia, y desde entonces estaba obsesionado. Nada feo, no piense mal. Era como su hija, la hija que siempre deseo pero jamás pudo tener.

-Pensaba que Sharper está soltero...

-Sí, claro que lo está. ¡Qué tendrá eso que ver!

-Ya.

-Sharper la visitaba con mucha regularidad. Siempre tomando todas las precauciones para que nadie lo viera entrar o salir. Le hacía regalos y esas cosas.

-¿Seguro que no había nada más detrás de esa pasión?

-¡Por supuesto que no, Sharper es un alma pura, un ser inocente en busca de alguien a quién darle amor! Solo quería tener la ilusión de poseer una familia.

-¡Pues, para ser puro, cómo se ensañó con ella!

-Él mismo está avergonzadísimo de lo que hizo...Por eso desea morir, y por eso no quiere que nadie vea cómo dejo el cuerpo de la pobrecita. No entiende qué le paso, no es capaz de explicárselo, sólo recuerda que se le cegó la razón y perdió el control de sus actos por completo.

-Quizás es que se rió del color de su pajarita.

-¿Cómo dice?

-Nada, vicario, cosas mías. En fin, gracias por todo y hasta mañana.

-Oiga...No sé cómo decir esto...

-Descuide, le garantizo que todo será muy rápido. Él no sufrirá, casi ni se dará cuenta.

-Gracias.

-Y, por cierto, perdóneme por anticipado: me temo que mañana no tendré tiempo de darle los buenos días

Puse rumbe a Strangeways, pues es costumbre hacer noche en la propia cárcel antes de actuar. Me iba sin 'toda la verdad', -y me temía que con una o dos mentiras piadosas- pero ya tenía la suficiente".

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (9).

"A la mañana siguiente, Peabody me confirmé que Sharper había pedido que sus restos fueran enterrados en Holy Trinity de Wasplake. Eso me terminó de decidir a mantener un segundo encuentro con mi amigo el vicario. Me parecía que la única posibilidad de que apareciera el cuerpo de la pequeña era que él le sonsacara la información a Sharper. Aunque también era posible que ya lo supiera, pero no quisiera o no pudiera compartirlo con nadie. ¿Secreto de confesión? Me pareció que no estaba de más presentarme en la entrevista con alguna foto del "entierro de los ojos". Sin duda, eso ayudaría a presionar al vicario.

Por mis circunstancias laborales, tengo algún que otro contacto en la prensa. Ya sé que he afirmado que lo último que se quiere en mi negocio es repercusión pública, pero en esta vida hay que tener amigos hasta en el infierno. Y recurrir a ellos cuando las circunstancias así lo demandan.

Un conocido del "News of Manchester" me entregó un juego completo de fotos, y no tan sólo las tres que habían publicado, a cambio de ofrecer en exclusiva en su edición de la tarde la noticia de que: "El hombre encargado de ejecutar la sentencia de muerte llegó ayer a Manchester y todos los preparativos se han llevado a cabo sin novedad. Mañana a la 8 en punto, la justicia seguirá su curso implacable". Cuando me preguntara el director de Strangeways, pondría mi mejor cara de incrédula sorpresa.

Aunque seguro que no sería tan real como la que se me debió quedar al examinar con detenimiento dos de las fotos que no habían visto la luz. De nuevo, el azar parecía que solucionaba por mí un acertijo.

Telefoneé al periódico para que me facilitaran la dirección del cementerio donde estaba estaba enterrada la niña y me puse en camino sin perder un segundo. Si allí me confirmaban un dato, el misterio podía estar casi resuelto".

martes, 21 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (8).

"Antes de finalizar la jornada, me fui con Peabody a tomar un par de pintas (o tres). Él estaba del todo indignado (algo nada usual).

-¡Me ha dicho mi primo Andy que ese tío ha dejado instrucciones precisas para que, después de que los científicos terminen, sus restos sean enterrados en sagrado! ¿Y la pobre niña qué? ¿No tiene ella el mismo derecho a descansar en paz?

Olvidé mencionar que los familiares de Peabody en Manchester también estaban 'en el negocio'.

-Sí, desde luego es una vergüenza.

-¡Verás cuando se entere la gente! ¡Y más después de lo del "entierro de lo ojos"!

Peabody se refería al hecho de que lo padres de la niña habían dado sepultura a los ojos de la pequeña. La ceremonia se había planificado como algo estrictamente privado, y un despliegue especial de la policía había logrado que se respetara dicho deseo y que sólo el puñado de nombres que aparecían en una lista accedieran al cementerio. Aunque la labor policial tuvo un pequeño gran fallo: un intrépido reportero se las había ingeniado -nadie sabía cómo- para sacar instantáneas del momento, incluyendo unas de la madre desmayándose a causa de la tensión extrema, y siendo auxiliada por el cortejo en pleno. Dicha imagen fue portada en prensa y contribuyó a enardecer más el odio nacional contra Sharper (si es que eso era posible).

En efecto, en aquel instante no me habría gustado estar en la piel de los encargados de dar cristiana sepultura al tal Sharper. Ni tampoco en la del responsable de velar por la integridad de la tumba...¡Que quizás sería mi amigo el vicario!

-¿Te puedes enterar de dónde le van a enterrar, Peabody?

-Claro, mañana mismo lo pregunto y te lo digo".

lunes, 20 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (7).

"Terminado mi primer encuentro con el vicario, me volví de inmediato a la prisión de Strangeways, pues deseaba terminar cuanto antes con todos los preparativos de la ejecución. Así podría centrarme del todo en mis pesquisas.

Tenía la firme e inquietante convicción de que el vicario sabía mucho más de lo que decía, y me preguntaba cuál sería la razón de que un hombre de Dios permitiera que aquel cuerpo siguiera escondido, incluso a costa del agónico sufrimiento de unos padres.

Llegado a la cárcel, mi "Hombre en Strangeways" me informó de que entre aquellos muros se encontraba otro visitante: un tal doctor Edwards, que sería el encargado de hacerse cargo del cuerpo de Sharper tras su muerte. Había decidido donarlo a la investigación científica. Sin duda, más leña al fuego de la auto-propaganda para aquel tipejo.

-Es un loquero de esos. Especializado en asesinos. Se está entrevistando con Sharper. Así tendrá más datos a la hora de sacar conclusiones cuando investigue su cuerpo.

Me asomé a una pequeña mirilla situada en la puerta de la celda. Es un proceso habitual que nos permitía ver al condenado con discreción, y poder evaluar su peso y constitución física, los dos aspectos claves del asunto.

En efecto, Sharper -enclenque, encorvado, pálido y con poco pelo- no tenía mucha pinta de frío criminal, aunque, por otra parte, la mayoría de ellos no la tienen. Se lo digo yo. Junto a él, el tal Doctor Edwards le hacía una pregunta tras otra, a las que recibía respuestas poco entusiastas, que el médico anotaba en una libreta.

Decidí que las conclusiones de Edwards me podían ser de cierta utilidad, por lo que me quedé charlando con mi "Hombre en Strangeways" hasta que, por fin, se abrió la puerta de la celda.

-¿Qué le ha parecido, doctor?

-Un sujeto de estudio interesante. Estoy deseando diseccionar su cerebro.-contestó con ese aire de superioridad de ciertos profesionales de la medicina.

"Enternecedor", pensé.

-¿Opina que revelara el paradero del cadáver antes de morir, doctor?-intervine.

-¡Yo sólo soy un simple médico psiquiatra, no un adivino!

¡Qué simpático!

-¿Cree que lo hizo solo?-insistí.

-¡Por supuesto que sí! Estos tipos son siempre unos inadaptados sociales, no saben hacer nada en compañía. Viven su penosa existencia con el crimen latente y reprimido en sus cerebros, hasta que algún acto aleatoria y en apariencia inocente, hace que la bestia despierte. El sujeto no me ha querido dar más datos, pero apuesto a que la pobre niña se rió del color de su pajarita o algo similar...-me contestó antes de marcharse apresuradamente. La gente que se cree más de lo que son siempre va con mucha prisa, eso les hace sentirse todavía más importantes.

Aquel sabio sabiondo me resultó del todo desagradable, por lo que decidí que había llegado el momento de hacer mi propio estudio psiquiátrico experimental.

Bajé al sótano de la cárcel, y capturé una de las ratas que tanto abundan por allí. La metí en un saco y le dije a mi "Hombre en Strangeways" que la soltara en la celda del condenado.

-¿Estás loco? ¿Para qué?

-Sólo quiero probar una cosa. La dejas que dé un par de vueltas, y luego la matas como tú sabes.

-Pero...

-Esto esta lleno de ratas, nadie sospechará.

Dicho y hecho, el bicho fue discretamente liberado en la celda, mientras yo observaba por la mirilla.

Estaba claro que el animal producía en Sharper repugnancia y miedo, pues se echó hacia el otro lado de la celda, al tiempo que gritaba: "Una rata, ¡mátenla, mátenla!. Obediente y servicial, mi "Hombre en Strangeways" cogió una escoba y se ensañó con el pobre animal, hasta dejarlo convertido en una bola de pelo inerte impregnada de sangre por todas partes.

Entonces fue cuando Sharper empezó a vomitar y se mareó.

¿Y ése era el tío que había asesinado a una niña a sangre fría y le había arrancado los ojos de las cuencas con una navaja?"

domingo, 19 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (6).

"¿Cómo me las iba a arreglar para localizar lo que todo el condado llevaba meses buscando? No debía quedar un palmo de tierra sin remover en todo Manchester y Lancashire, ni tampoco una pista por seguir o un chivatazo por investigar.

No tenía ni idea, pero contactar con mi "Hombre en Strangeways" me pareció un buen comienzo. A ver qué me contaba del tal Sharper.

-Un pobre diablo al que se le cruzaron los cables, eso es lo que es. Un pringado que quiere jugar a los asesinos fríos y despiadados, pero a mí no me engaña. No es más que otro perdedor solitario, cobarde y acomplejado que paga su fracaso con lo más débil y querido de la sociedad.

-¿Crees que puede que no actuara solo?

-Ni idea, con esa gente nunca se sabe.

-¿Qué hay de visitas?

-Un reverendo y su abogado. A los periodistas pesados el jefe les dice que no, estamos hasta el gorro de darle tanta publicidad a ese tipo.

-¿Sabes la parroquia de ese reverendo?

Holy Trinity en Wasplake. Con ese nombre no iba a ganar ningún premio a la originalidad. Tampoco el titular con su aspecto físico: anciano, calvo y de cara dulce detrás de unas gafas pasadas de moda.

-¿Es usted periodista?

-No.

-No me engañe.

-No lo hago. Jamás le mentiría a un vicario de Dios.

-¿Es usted creyente?

-Como cualquiera que hubiera oído cómo rezaban ciertas personas en ciertos momentos en los que yo he estado presente.

-¿Estuvo en la guerra?

-Sí, también.

-Entonces, si no es periodista, ¿qué desea de mí?

-Que me ayude a encontrar el cuerpo de esa pobre niña.

-Lo lamento, pero no le voy a ser de ninguna ayuda. Toda la información que puedo dar, ya se la di a la policía en su momento. Y ahora, si me disculpa, estoy muy atareado. Ya sabe, la Navidad.

-Ya, entiendo. Disculpe la molestia, vicario.

Yo no quería "toda la información que puedo dar", sino "toda la información", a secas. Pero, de momento, estaba claro que no me iba a dar.

Volvería a por ella, a su debido tiempo".

sábado, 18 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (5).

"Peabody, fiel a su estilo, no hizo preguntas. Le limitó a asegurarme que pasaría a recogerme bien tempranito el día 22.

Recorrimos la primeras decenas de millas en completo silencio, lo cual no me incomodó, pues soy de los que prefiere un buen paisaje a una mala conversación. Pero estaba claro que a Peabody algo le reconcomía por dentro. Natural, a toda la nación le pasaba lo mismo. Finalmente, se decidió, y hasta para ser indiscreto, Peabody resultó ser de lo más discreto.

-¿Crees que el tío ese al final dirá dónde está el cuerpo de la cría?

Lo dejo caer de un modo desinteresado y casual, como quien habla del clima en Cambridgeshire, como si todo el asunto a él le resultara indiferente, y a mí me pillara tan de lejos como a cualquier inglés de la calle. Pero estaba claro que Peabody, al igual que todo el país, albergaba la esperanza de que en el último instante a Sharper, mirando a la cara a la Parca -encarnada en mi persona-, se le ablandara el corazón y desembuchara qué había hecho con el cuerpo de la pobre niña.

En ese momento, se me vino encima una responsabilidad para mí desconocida en mi tarea. Estaba más o menos hecho al peso que supone tener que despachar al reo con limpieza y rapidez, pero sacarle información al susodicho...A eso no estaba acostumbrado. ¿Debía susurrarle la pregunta, o, incluso, amenazarle con una muerte lenta y dolorosa para que cantara? De sobra sabía que la visión del lazo tenía un inmenso poder sobre la voluntad de las personas, pero..¿Era moral, estaba justificado hacer todo eso? Justificaciones morales, cuando se dedica a ahorcar gente, prefiere no pensar el ellas.

De repente, empecé a sentir la necesidad de encontrar el cuerpo de la niña antes de enfrentarme a Sharper, a toda costa. Tenía la sensación de que, de lo contrario, no iba a ser capaz de pasaportar a ese sujeto. No ignoraba que la tarea era prácticamente imposible. Pero también lo había sido salir de aquella emboscada nazi.

Entonces me percaté de que no había dado respuesta a la pregunta de Peabody, quien, respetuoso como era, no me había insistido.

-No sé, nunca se sabe...Por cierto, si tú fueras el tío ese, ¿qué habrías hecho con el cuerpo?

-Pues lo que hago con todos, llevarlo a un cementerio y enterrarlo.

Peabody, siempre tan rotundamente obvio en sus respuestas".

viernes, 17 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (4).

"Publicidad. Eso es lo último que quiero en un negocio como el mío. La publicidad atrae a curiosos, y los curiosos sólo traen problemas. Y estaba claro que publicidad era lo que el tal Sharper andaba buscando. Y también provocar. Y el malparido logró ambas cosas.

'Ese cabrón quiere morir en Nochebuena y así será. Si no le mata el Gobierno, asaltaremos la cárcel y lo haremos nosotros mismo', en esas palabras de un tendero de Manchester se resumía el sentir de una ciudad y un país, heridos por la crueldad de un asesino despiadado que había segado la vida de una niñita, y desgarrados por el dolor de unos padres que ni tan siquiera la habían podido dar sepultura.

Todavía no era seguro que me fueran a encomendar aquel trabajo, pero conocía al director de Strangeways, y en un caso de tanta repercusión no iba a arriesgarse a que las cosas no se hicieran bien. Y el que mejor hacía las cosas era yo. De nuevo, perdone mi falta de modestia. Nadie ajusticia en este país como yo, aunque me esté mal decirlo y me avergüence pensarlo.

En efecto, un par de días después, un portavoz del Ministerio de Justicia anunció que la última voluntad del condenado sería respetada, y que la ejecución tendría lugar el 24 de diciembre a las 8 de la mañana. Era la única manera de evitar gravísimos disturbios (esto último no lo dijo, pero todo el mundo lo sabía).

Esa misma tarde, recibí una llamada muy inusual, pero del todo esperada.

-Sé que esto es muy irregular, pero esta vez el asunto no se podía resolver por carta certificada.

-Estoy de acuerdo, director.

-¿Ha leído la prensa?

-Sí, parece que soy un héroe nacional.

-Usted sabe mejor que nadie que hay que mantener una discreción absoluta.

-Descuide. Yo soy el primer interesado.

-También sería una buena idea que viniera a Manchester un par de días antes, y en un vehículo particular no marcado.

-Sin problemas.

-Entonces, tema cerrado. Le mandaremos la carta de todos modos. Hay que satisfacer a los burócratas. Les chiflan las formalidades.

-Sólo una cosa, director. ¿Quien será mi ayudante? No quiero un novato. No me lo puedo permitir esta vez.

-Va Holton.

Holton ya había trabajado un par de veces conmigo, y tenía lo que hay que tener para este oficio. En cierto modo, lo consideraba como mi "heredero".

-Muy bien. El 22 me iré para allá.

-¡Y procure que nadie sepa de su presencia!

-Descuide, director.

Colgué y, de inmediato, volví a tomar el auricular para hacer una llamada.

-¿Peabody? ¿Cuánto tiempo hace que no ves a tus primos de Manchester?"

jueves, 16 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (3).

"Antes de la Guerra, yo también era de los que creían en la búsqueda de la Felicidad. Pero, ahora, después de todo lo que me pasó y las consecuencias que todavía sigo sufriendo, me conformo con disfrutar de ratos de Paz.

Y para mi esa Paz es trabajar en mi taller, mi pequeño taller de taxidermia. Casa-taller. O, mejor dicho, sótano-casa-taller. No es gran cosa, pero tampoco me cuesta un penique. 'Si salimos de ésta vivos, te dejo quedarte en mi sótano gratis de por vida, muchacho', me prometió un oficial de Su Majestad acorralado por el ejército alemán y el miedo. Y salimos, en gran parte gracias a mí (ya sé que está mal que yo lo diga, pero también lo dicen una mención honorífica y una medalla). Y, está de más decirlo, un oficial británico jamás falta a la palabra dada.

Disecar animales me da lo justo para ir tirando, con algún que otro pequeño lujo ocasional. Es la ventaja de vivir sólo, que el peso que uno arrastra es mucho más liviano. Pero, sobre todo, es un trabajo que me permite saborear la calma y el sosiego.

Trabajar en mi taller, mimando cada detalle de mi obra, sin prisas, esa es mi idea de la Paz. Y, por supuesto, con mi BBC de fondo como fiel compañera radiofónica.

'En otro orden de cosas, el infame criminal Walt Sharper ha hecho pública, a través de su abogado, una insólita petición: ser ajusticiado el próximo día 24 de diciembre...'

Aunque, claro está, en este mundo cruel, hasta la mismísima BBC te juega una mala pasada a veces y te chafa el día".

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (2).

El amable empleado del servicio de archivos de la Universidad de Portstone no fue de mucha ayuda. El cadáver en cuestión era de hacía más de 50 años, y la información de esa época todavía no había sido pasada a la base de datos por los esclavos de la mano de obra becaria. Como él me dijo, "Esto no es Oxford ni Cambrigde. Los recursos son limitados y hay otras prioridades antes que informatizar cosas que no interesan a prácticamente nadie". Gracias por recordarme que era un bicho raro.

La única solución que me ofreció fue hacerme un pase para el almacén-archivo, donde podría pelearme con las cajas y y los cajones clasificados por años e investigador responsable, siempre y cuando nada saliera de allí sin previo consentimiento de la Universidad. Bueno, al menos me consiguió una lista de profesores de neurología y psiquiatría de la época. Era un comienzo.

El año lo tenía, ahora sólo era cuestión de ir catedrático por catedrático. Tampoco eran tantos. Con la paciencia que da una pasión impaciente, fui caja por caja, carpeta por carpeta, buscando cualquier referencia a Sharper. Empleaba casi cada minuto de mi tiempo libre entre aquellas cuatro paredes, y apuraba hasta el último segundo mis largas jornadas de investigación. Cuando venía a echarme, el amable empleado me miraba con una cara que iba ganando en perplejidad por días. Supongo que se moría de curiosidad por pedirme más datos sobre la naturaleza de mi febril investigación, pero aquello habría ido directamente contra esa discreción de la que los británicos nos sentimos tan orgullosos.

Me sorprendió la cantidad de cosas que guardaban los psiquiatras, la gran mayoría en apariencia absolutamene inútiles, aunque no dudo que hubiera una buena razón para haberlas conservado: una baraja de cartas, una camiseta, una muñeca de trapo...

¡Un saco! ¿Para que habría guardado ese tal...Dr E.T.Edwards un saco? ¿Y qué tenía dentro?

Una pequeña carpeta. Con un hermoso pajarito en la portada. La saqué del almacén sin permiso, escondida bajo mi jersey. Intuyo que el amable empleado se dio perfecta cuenta del hurto, pero supongo que el estimaba que, después de tanto trabajo, yo me merecía mi recompensa. Además, viniendo de aquel vetusto almacén, ni podía tener mucho valor ni nadie lo iba a echar en falta.

"Hasta mañana", mentí yo. "Adiós, mañana le veo", mintió él.

martes, 14 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (1).

Walt Sharper era mi siguiente pista. Y un individuo de lo más repugnantemente curioso.

Por resumir mi investigación en la hemeroteca: un gilipollas de vida gris al que un aciago día le dio por querer llamar la atención (pocas especies tan peligrosas como ésta sobre la faz de la tierra). Secuestró a una pobre niña indefensa de manera totalmente aleatoria, la acuchilló y escondió el cadáver, salvo los preciosos e inconfundibles ojos azules de la cría. Esos se los llevó a la comisaría para demostrar en el momento de entregarse que había cometido el crimen . Fue condenado a muerte y hasta el último momento se negó a revelar a la familia que había hecho con los restos de su niña. Por tanto, aquellos pobres padres jamás pudieran enterrar a su pobre hija como es debido.

Por si no fuera suficiente, en su inmenso afán de llamar la atención, aquel sujeto había pedido como última voluntad que lo ahorcaran el día de Nochebuena. Eso era algo que normalmente no se solía hacer, pero las autoridades -sorprendentemente- decidieron hacer una excepción. Para remate de la faena, el tal Sharper había donado su cuerpo a la ciencia para que lo investigaran. Supongo que con el fin de intentar hallar las raíces de la estupidez y la crueldad humanas en grado extremo.

La verdad es que era uno de esos casos que hacen que uno se pregunte si tales tipejos no merecen la muerte. No obstante, antes de formarme una opinión, decidí esperar a ver qué me tenía que contar mi amigo Woodchat. Al fin y al cabo, él le había dedicado el libro que me servía de pista. Y con todo su afecto.

Sí, mi única pista. ¿Por dónde seguirla? Se me ocurrió dirigirme a la Facultad de Medicina de la Universidad de Portstone, la que había estudiado al fiambre de Sharper, y confiar en que mi buena fortuna no me hubiera abandonado.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Pelmas Mazados Apelmazados en un Local (Carne de Gimnasio).

Yo era más bien flojito en Gimnasia (actual Educación Física). Y flojito me quedé.

Debe ser por esto que miro con recelo, sospecha y precaución a esos caballeros (y alguna señora) que se pasean con las gélidas calles invernales con camisetas que les van cortas de abrigo y talla.

"Si no hace frío", te dirán. Es que tener frío es de débiles y ellos son más duros que el examen de Botánica Aplicada para sacarse el carné de druida. Y, además, cuando uno se sacrifica tantas horas por el dichoso volumen muscular, es natural que quiera lucirlo los 365 días del año (lo que no es tan natural es el bronceado que exhiben).

Bíceps con una definición digna de la mismísima Real Academia, pectorales gin-tonificados y unos abdominales que parecen una colchoneta de playa pasada de hinchador, así son ellos. Orgullosos de su currada anatomía.

No me malinterprete, que cada cual haga con su tiempo y su dinero (y su cuerpo), lo que le venga en gana.

Pero a mí no me atrae una actividad como la física, en la que uno alcanza el tope personal a los treinta años, y desde entonces todo el sacrificio y esfuerzo son para intentar perder el menor esplendor posible.

Me apasionan más otras aficiones, ésas en las que uno no tiene la sensación de que se está haciendo viejo, sino que está madurando, que está avanzando en el camino, y lo mejor queda todavía por llegar.

Y es que siempre es un consuelo pensar que, cuando se publicó "El Quijote", Cervantes ya estaba próximo a los 60 años.

Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Homicidio con Agravantes.

La banda rockera "Mansilla y los Eléctricos" también probó suerte en el mundo del "punk" cuando éste se puso de moda.

Lo primero, claro está, era cambiarse el nombre (el de banda y componentes), porque había que sonar más transgresor y más anti-todo.

"Homicidio con Agravantes" fue el elegido. Además, Ventura Mansilla adoptó el nombre artístico de "Jack Homicidio", mientras que el doctor Pérez-Piñón pasó a ser "Paul Premeditación", Dominguez fue "Peter Alevosía" y Peral "Bill Ensañamiento".

Su primer show, "Anarkía Kastilla", tuvo un éxito bastante moderado. Tocaron temas propios y ajenos, aunque, como tan sinceramente señaló Blas, "a mí todos me parecían el mismo, y además no se entendía una mierda de lo que decíais".

Este comentario le pareció de lo más hiriente a "Jack Homicidio" (o sea, a Ventura) porque las letras eran suyas y él estimaba que estaban muy curradas y tenían un fortísimo componente de denuncia social, en especial "Cuando la Paloma de la Libertad se os Kague encima a todos" (no como "Verano Hot Spain", que la había escrito en cinco minutos).

"¿Denuncia? !La que os deberían poner a todos por dar esas voces a las tantas de la noche, mamonazos!", apostilló Matías.

Y la puntilla se la dio el "Olegario" cuando soltó aquello de "talento estoy casi seguro de que no tenéis, pero vergüenza, fijo que ninguna".

Ese fue el fin de "Homicidio con Agravantes", un grupo que, cantando mal y tocando peor, pretendía hacer historia de la música punk.

Hombre, lo cierto es que tampoco habrían sido los primeros.

sábado, 11 de diciembre de 2010

El Día que "Le Bleu" no fue Bleu (¡Oh Là Là!)

"¿Cómo que de blanco? ¡No me jodas, si de blanco vamos nosotros!"

Algo así, en sus respectivos idiomas, se debieron decir húngaros y franceses en los prolegómenos de su partido del Mundial de Argentina-78, cuando se dieron cuenta de que ambos iban con su segunda equipación de camiseta blanca, en vez de las rojas y azules de costumbre.

¿La razón? Por aquellos tiempos, la mayoría de los televisores en Argentina todavía eran en blanco y negro, por lo que la organización mundialista tenía siempre mucho cuidado para que en todos los encuentros las camisetas se pudieran diferenciar fácilmente sin necesidad del color (clara-oscura o lisa-a rayas).

El caso es que hubo un tremendo lío organizativo y ambos conjuntos dieron por hecho que les tocaba cambiarse a ellos, por lo que sólo se llevaron la camiseta blanca.

Afortunadamente, alguien tiene la feliz idea de ponerse en contacto con la sede del cercano Club Atlético Kimberley para que traigan sus verdiblancas elásticas, que usa la Selección Francesa. Y así, con camiseta de prestado, pero sus propios pantalones y medias, Francia le encajó un 3-1 a Hungría. (Lástima que no valiera para absolutamente nada, puesto que ambas escuadras cayeron eliminadas).

Una anécdota dentro de la anécdota: En aquella época, los jugadores de un club de fútbol no tenían un número fijo, por lo que los titulares en un partido jugaban con los camisetas del 1 al 11, reservándose del 12 al 16 para los suplentes. Sin embargo, la cosa era diferente en las Copas del Mundo, donce cada jugador sí tenía un número fijo (del 1 al 22) para todo el campeonato. Como consecuencia de todo esto, el Kimberley sólo disponía de camisetas hasta el dorsal 16, pero en Francia había jugadores con números oficiales hasta el 22. Resultado: algunos hombres tuvieron que jugar con dorsales diferentes a aquellos con los que estaban oficialmente inscritos en la competición mundialista (por ejemplo, Rocheteau -autor del tercer gol- tuvo que cambiar su 18 a la espalda por el 7, aunque sí conservó su número real en el pantalón).












La gran pregunta es: "¿Devolvieron los franceses las camisetas lavadas y planchadas?"

viernes, 10 de diciembre de 2010

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Manzana de Oro que No Maduró.

José Luis Trestuestes recontó la pila de exámenes: 124. Y tenían que estar corregidos para el lunes. Todos.

Recordó su etapa de escolar, y cómo los profesores le habían advertido cientos de veces sobre los peligros de la mala organización personal. También recordó el poco caso que él les hacía. Al fin y al cabo, ese bendito empujón final siempre le salvaba el cuello en el último momento. Sí, Josete Trestuestes era un niño de estupendas capacidades. Nadie lo dudaba. Hasta hubo un salesiano que se atrevió a calificarlo de "brillante".

Él siempre había creído que de mayor, al igual que las canas o las arrugas, también le saldrían solas la seriedad y organización en su trabajo. Pero no fue así, seguía tan desastre como cuando era un crío, y puede que esa fuera la razón de que le hubiera ido aquel lustre que deslumbró al salesiano

Pero todo eso ahora daba igual, tocaba dejar de divagar y ponerse a corregir.

* * *

-¡No se puede dejar todo para el final, Mayoseña, tienes que aprender a organizarte! ¡Es una pena que saques estas notas! ¡Si fueras al día...!

Javi Mayoseña asintió. A los profesores siempre conviene darles la razón como a los tontos y a los locos (al fin y al cabo, cualquier profe tiene mucho de ambos), y se volvió a su pupitre con el aprobadete bajo el brazo.

José Luis Trestuestes había cumplido con la obligación de todo profesor, que es echar la bronca reglamentaria. Era consciente de que no iba a servir para absolutamente nada, como cualquier bronca que se le encaja a un adolescente.

En ese momento, a José Luis Trestuestes la rabía se le mezcló con la impotencia, porque Javi Mayoseña debería aspirar a mucho más que a malgastar fines de semana de su vida encerrado corrigiendo exámenes.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El Asunto King Kong.

-¿Cómo un mono en lo alto del edificio?

-Bueno, en realidad es un gorila, pero muy grande.

-¿Cómo de grande?

-No sé...Unos diez metros o así.

-¿Y dice usted que se ha encaramado a una azotea?

-Eso parece.

-Pero habrá algún responsable del animal, un dueño, un domador...

-Sí, lo hay. Bueno, en realidad lo había.

-¿Lo ha...?

-Sí, del todo. Una masacre...No es bueno tocarle las pelotas a un mono...Mejor dicho, a un gorila. ¡Y menos de ese calibre!

-¿Y qué hacemos nosotros?

-Hombre, mi comisario, yo había pensado en negociar.

-¿Con quién?

-Pues con el mono...Gorila.

-¿Me toma usted el pelo?

-Sí, ya sé que el animal tiene un delito de sangre, pero también es cierto que el otro tipo lo había secuestrado en su país de origen y traído acá cargado de cadenas, así que algo de razón también tiene el animal...Vamos, que yo creo que podíamos intentar llegar a un acuerdo con él.

-¿Y quién exactamente va a negociar?

-Yo, por ejemplo.

-¿Pero usted tiene experiencia parlamentando con monos de 10 metros?

-No, pero para todo tiene que haber una primera vez...Por cierto, es un gorila.

-Pues nada, vaya para allá y me cuenta.

* * *

-¿Mi comisario?

-Dígame.

-Nada, no hay manera de llegar a un acuerdo con el señor Kong.

-¿Quién es el señor Kong?

-El gorila, es que cuando uno negocia conviene ser muy respetuoso.

-¿Y cómo sabe usted el apellido del bicho?

-Me lo ha comentado un periodista que hay aquí.

-Ya...O sea, que ha estado usted hablando con el mono.

-No exactamente. El señor Kong y yo nos hemos entendido por señas, y algún que otro gruñido por su parte.

-Y no han llegado a un acuerdo.

-No, del todo imposible. Cerrado en banda.

-Ya...Pues mire, como el señor Kong es un intransigente, le voy a mandar a la aviación para que lo derribe. Hablo con ellos y ahora le comento.

* * *

-¿Capitán Bertaleta?

-¡A sus órdenes!

-Mire, que tienen ustedes que abatir al mono del edificio.

-¿Cómo dice?

-Sí, abatir...Matarlo, vamos.

-¿Con qué armamento? ¿Con que tácticas? ¿Con que perfil del ataque?

-No sé, eso lo sabrán ustedes.

-Pues no, no lo sabemos. Somos una unidad de ataque aire-tierra, no aire-mono. Estamos preparados para destruir tanques, silos de misiles, complejos petro-químicos, pero no gorilas.

-Pues mire, vayan para allá y hagan lo que puedan.

-¡No le prometo nada!

-Vale, vale.

* * *

-Oiga, estén preparados, que ya va la aviación para allá para liquidar el asunto.

-¿Aviso entonces a los bomberos para que vayan preparando la lona?

-¿Qué lona? ¿No le acabo de decir que los aviones lo van a matar a tiros?

-¡Ah, no, eso es imposible! ¡El señor Kong pertenece a una especie protegidísima! Hay que dormilo con dardos y amortiguar su caída con una lona.

-¿Pero a usted quién le ha dicho eso?

-El abogado del señor Kong, que está aquí.

-¿El mono tiene un abogado?

-Sí, le paso.

-¿Hola?

-Buenas, soy Adolfo Santagragea, representante legal del señor Kong, me he personado aquí para garantizar que los intereses de mi cliente no resulten lesionados.

-¿Pero desde cuándo hay abogados de monos?

-¡Górila, señor mío, gorila!

-Ya, bueno, por favor, páseme al otro.

-¿Hola?

-Mire, a mí todo esto me supera: tengo a un mono...gorila...en lo alto de un edificio y que se niega a negociar, la aviación está en camino, pero no tienen ni idea de cómo atacarlo, lo único que sabemos es que no pueden cargárselo porque si no el abogado del animal nos mete un puro que nos enteramos...¿Qué hacemos?

-Yo había pensado iniciar una segunda ronda de negociaciones...Me parece que, en realidad, el señor Kong se está haciendo el duro.

-Eso, suba usted a hablar con el mono, y de paso que le acompañen el abogado y el periodista, que entre la propia mala leche del bicho y alguna bala perdida de la aviación, igual hasta tenemos suerte...

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Talento Sin Fronteras (Pero Lejos de las Nuestras).

Llevar más de una década en esto de la educación me está empezando a dar cierta perspectiva de las cosas. Y, créame, uno de los trances que peor llevo es ser testigo de la lenta, constante y dañina fuga de talento que está sufriendo España.

Ver cómo un selecto puñado de mis ex-alumnos termina la universidad y se va a trabajar fuera del país me pone de los nervios y me llena de rabia. ¡Con el bien que harían por aquí, con lo mucho que ayudarían a mejorar las cosas!

Por supuesto que no los culpo. Es como el destacado media punta de un equipo modesto de Bristol que ficha por el Manchester United. Allí hay muchas más posibilidades de lograr cosas (y más pasta, claro).

Tampoco tengo yo la solución. Es una pescadilla que se muerde la cola y, de paso, nos chupa la sangre de la Nación.

Así pues, esto que escribo no es más que simple desahogo apataletado, y la constatación de que mucho del talento que tenemos se nos va (por cierto, casi siempre, harto), y nadie parece ser capaz de poner remedio. De hecho, hasta nos divierten los espacios televisivos en que profesionales muy, muy válidos nos enseñan cómo es su vida lejos de nuestras fronteras. (¡Yo tengo que quitar la tele porque se me saltan las lágrimas al más puro estilo de un abuelo en un festival escolar!)

Luego vuelven por Navidad (como el turrón), a ver a la familia. Y se vuelven a ir. A trabajar para otros países.

Y a dejarnos a todos huérfanos de su inmenso talento.

martes, 7 de diciembre de 2010

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Fracasados.

A José Luis Trestuestes siempre le gustó compartir la información con sus compañeros.

-Vengo de hablar con la madre de Roblejas. Se ha enterado de que hay un curso de técnico de laboratorio, y me ha preguntado si creo que el chico lo podría sacar. Le he dicho que lo veo difícil.

Le había puesto el chiste en bandeja a Manzano.

-Le tenías que haber dicho la verdad: Roblejas no sacaría ni el título de "chimpancé de laboratorio".

-Sí, lo mismo decíamos del mayor, y me ha dicho la madre que le sigue yendo muy bien con lo de los ordenadores.

-¡El mayor era diferente! Igual de vago extremo, pero mucho más listo.

-Ya, pero eso explícaselo al pequeño. Él ve que su hermano fracasó en el colegio, pero está triunfando en la vida -que es lo que cuenta- y cree que será igual para él.

-¡Imposible!

-¿Seguro? ¡Acuérdate de Marcos Pinaz, Pepe Barbeitia o Sara Olmedara! Se fueron como unos fracasados sin título y ahora vuelven de visita en unos coches que no podríamos comprar ni en cien años.

-¡Ya, y bien que nos los restriegan por la cara los mamones!

-Algo falla, Señor Manzano.

-Pues que nos han desconectado del mundo exterior, que la vida ha ido evolucionado y nosotros nos hemos quedado estancados en nuestro islote de sabiduría bella e inútil.

-Me acuerdo de las charlas que le pegaba a Marcos Pinaz: "¡Deja de preocuparte del peinadito, y estudia algo, Marcos, que el pelo no te va a dar de comer!"

-Pero reconoce que en el anuncio del champú sale muy guapete.

-Sí, ¿y a quién le importa que el chaval se crea que Alejandro Magno es una marca de brandy?

lunes, 6 de diciembre de 2010

Sinceridad Laboral, Por Favor.

¿No sería una buena idea que todo el personal tuviera un ataque agudo de sinceridad a la hora de hablar de su trabajo?

Porque, cuando oyes hablar a la gente, el empleo propio es el más duro, peor pagado y menos reconocido por la sociedad -pero el más necesario para ésta- que existe.

Aquí todo hijo de vecino afirma que trabaja horas y horas, que da lo mejor de sí en interminables jornadas, que entra a trabajar cuando todavía no amaneció y se va ya bien asentada la luna.

Pero, curiosamente, llamas preguntando por ellos y están tomando café.

¿Por qué no mandamos a paseo tanto "la gente no sabe lo que es esto", "desde fuera parece muy fácil" o "esto no está pagado?

Y yo, por aquello de predicar con el ejemplo, admito que lo único realmente duro de ser profesor es encerrarse a diario con 30 adolescentes que preferirían estar en cualquier otro sitio, y tener que soportar las estupideces de algunos -algunos- padres, y las memeces de muchos políticos (y "expertos enteradillos" en general) que en su vida han pisado una tarima, o llevan años sin hacerlo.

Corregir es aburrido, pero nada más, y no es todos los fines de semana. No tienes más reuniones que en cualquier otro trabajo y la preparación de las clases tampoco roba mucho tiempo.

A cambio, hay muchos chavales que son realmente majos y es agradable convivir con ellos (y recordarlos), el salario no es malo, y tienes un montón de vacaciones.

Ahora, por favor, haga usted lo mismo con su trabajo.

¡Y vamos a dejarnos de ser tan quejicas, leñe!

domingo, 5 de diciembre de 2010

Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Para Disgustos los Colores.

-¡A ver qué le parece esto que escribí para el cole, padre!

-¡A escuchar!

(El Padre Cosme sabe de Literatura, y la gente de Gracia del Río lo sabe, pero ellos no saben lo muchísimo que él sabe en realidad, ni nunca lo sabrán. ¡Ay, si lo supieran!)

-Vamos allá. El título que nos dio la profe es: "¿Por qué crees que hay racismo en el mundo?"...'No me extraña que haya gente racista, porque ya desde bien chiquitines se nos enseña que los colores no son todos iguales: lo que tira a "azul" o "naranja" es "azulado" y "anaranjado"; lo que tira a "gris", "rosa" o "violeta" va con "áceo"; si es parecido a "negro", "blanco" o "pardo", pues "uzco", el "rojo" hace "rojizos" y el verde "verdosos". Y, por último, el "amarillo" hace "amarillento", que no sé si suena más a "hambriento" o a "contento". Yo creo que habría que ponerse de acuerdo y que todos los colores fueran iguales. El mundo sería mucho mejor y más justo.'...¿Le gustó, padre?

-Mucho, es una reflexión muy original y muy buena.

-¡Estupendo! Bueno, ahora me voy a casa, que mi madre ha hecho paella, y, hablando de colores, ¡me voy a poner morado!

-El Padre Cosme sonrió mientras lo veía marchar, como siempre. "Peralín" estaba a las puertas de esa senda de confusión, curiosidad y cambio llamada adolescencia, y el Padre Cosme no tenía duda de que el chaval haría el recorrido con tanta rebeldía como el que más. Pero también tenía la corazonada de que, a lo mejor, contra lo que se iba a rebelar "Peralín" era la adolescencia misma. Sí, iba a madurar, a cambiar para mejor, y lo haría sin volverse vasallo de toda una serie de estúpidos amos a los que parece que un adolescente, por el mero hecho de serlo, está obligado a rendir pleitesía.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Melitón Cabrejales, siempre a la penúltima.

Melitón Cabrejales, empleado de banca de profesión y tacaño de vocación, aprendió una dura lección un día que pasaba junto al escaparate de un centro comercial.

¿Cómo era posible que aquel televisor, que le había costado 100.000 pesetas hacía tan poquito, ahora se vendiera a menos de la mitad de ese precio?

Súbdito de la indignación, voló a la sección de electrónica, donde un amable dependiente perfectamente uniformado (o sea, con un traje ligeramente pequeño y una cantidad de gomina ligeramente grande), le informó de que la tecnología es un caballo desbocado que va dejando aparatos obsoletos a su paso.

Fue es ese momento y lugar, y en mitad de un ataque agudo de amor propio regado con tacañería, que Melitón Cabrejales juró que a él no le tomaban más el pelo.

Desde ese día, Melitón Cabrejales vive un paso por detrás de la última tecnología, es decir, "siempre a la penúltima". Ha cambiado los vistosos mostradores de las últimas novedades por rebuscar en las cajones de "liquidación". Así, se compró un walkman con radio digital coincidiendo con la llegada del discman, y su primer discman cuando se presentó el reproductor de MP3 de 128 megabytes de capacidad (aparato este último que tiene pensado adquirir a muy corto plazo).

Melitón Cabrejales disfruta tanto de la tecnología como usted y como yo: se admira de las increíbles prestaciones de su nuevo aparato, y vive su felicidad consumista. La única diferencia es que no puede andar presumiendo por ahí de que su cacharrito es el mejor de toda la oficina o el bloque.

Pero ése es un precio que está dispuesto a pagar para seguir siendo un tacaño.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Cliente.

Los profesores, al igual que todo el mundo, matan los ratos sueltos entre clase y clase atando cabos.

Hoy le toca a Manzano pelearse con su compañía telefónica. Por testigo, José Luis Trestuestes.

-¡Ya, ya, si yo le entiendo, pero entiéndame usted a mí, llevo una semana intentando solucionar este problema con la línea y ustedes no hacen otra cosa que darme largas y mandarme de un número a otro!

-...

-No, no pienso llamar al 2020, le acabo de decir que me he pasado una semana como una pelota, de teléfono en teléfono.

-...

-¿Me puede usted poner con su supervisor?

-...

-Ya, que no es posible. Pues con alguien que mande más que usted.

-...

-Ya, tampoco es posible.

-...

-Pues con el departamento de reclamaciones.

-...

-¡¿Cómo que eso lo tengo que tramitar llamando al 2020?! ¡Mire, le digo una cosa, que le den por culo a usted, al 2020 y a toda su puta compañía!

-...

-¡Me da igual que quizás se esté grabado esta llamada para mejorar la calidad de sus servicios! De hecho, voy a aprovechar entonces: ¡su empresa es una puta mierda, y en cuanto pueda, me cambio a la competencia! ¡Hasta nunca, cabronazos!

-...

-¡Será mamón, pues no me dice: "adiós, señor, que tenga un buen día!"

-Es política de empresa: les dan un guión y lo tienen que seguir paso por paso.

-¡Joder, con lo simpáticos que parecían en el anuncio!

-Ya sabes, es el abc de la publicidad de este tipo de compañías: "Aparentar hasta contratar, y una vez contratado, nada de lo aparentado".

-¿Cómo se podrá ser tan maleducado con tanta educación? ¡Me admira!

-Ya ves, maravillas de las multinacionales y sus androides tele-operadores.

-No, si la culpa no es del pobre chaval, se come los marrones de los incompetentes de sus jefes.

-Es su trabajo, hacer de escudos humanos entre los pobres ciudadanos de a pie y esa pandilla de mamones que solo nos quieren por nuestro dinero, por mucho que digan y mientan en sus anuncios de la tele.

-¡Menudos pájaros!

-Sí.

-Y lo peor de todo es que, si estas grandes empresas son así de cabronas con sus clientes, ¡no quiero ni pensar cómo serán con su empleados!

-Tienes razón, aunque sospecho que deben tener un guión para comunicarte que estás en la puta calle de lo más fino y educado.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Forja de Juerguistas (España en Fiestas).

Por aquello de que mis dos padres son naturales de Madrid, yo crecí sin más pueblo que una bella ciudad. Hecho que marcó mi destino de sujeto más bien alérgico al cachondeo y el sarao.

Porque, que no le engañen, ni Ibiza, ni Nueva York City, las fiestas de verdad son las de la España provincial, esas que siempre tienen un nombre en plural del tipo "Verdajeras", "San Horacios" o "Cosechadas". En ninguna otra parte del mundo se topará con lo que es norma en los pueblecitos de nuestra geografía: esas peñas del pañuelo al cuello y vaso de plástico en mano, esas paelladas populares, esa Plaza de la Constitución (Antigua Plaza del Generalísmo) tomadas al asalto por los adoradores del vino de batalla, esas naves industriales convertidas en templos de la música chunda-chunda y el Dyc-Cola, ese romance veraniego de ocasión -siempre tórrido y carnal- con un portal por testigo.

De todo eso disfrutaron mis amiguitos del colegio, y en esa auténtica escuela del desenfreno lúdico mamaron su gusto por la fiesta de luna a luna. Pasión que se trajeron de vuelta a la ciudad y a la que también dieron rienda suelta en ella.

Mientras yo, perplejo, trataba de explicarme aquella irrefrenable y generalizada obsesión por "ir al pueblo", esa que les hacía despreciar cualquier otro plan veraniego, porque "en ningún otro sitio te lo pasas como en fiestas".

Pero, por raro que le parezca, yo no cambio mi ciudad por ninguno de esos pueblos. Cierto que no tenemos capeas donde vaqullas doctoradas pillan a borrachines con bigote, o ceremonia de proclamación de reina y damas de honor, siempre acompañada por el espectáculo de variedad de algún humorista televisivo venido a menos, o castillo de fuegos artificiales como broche de oro...

...pero ni falta que nos hace.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Vísteme Deprisa, que Tengo Prisa.

Dicen los poetas que nunca se pasa el tiempo tan deprisa como cuando uno es feliz junto a la persona amada.

¡Y una mierda del tamaño de las obras completas de Anónimo! Nunca se pasa tan deprisa el tiempo como cuando son las 8 con 11 minutos de la mañana, y estoy gestionando la ingestión de una tostada en la cocina de mi casa (sí, soy el único español que desayuna en su domicilio, razón por la cual la Federación de Bares y Cafeterías ha puesto precio a mi cabeza. Afortunadamente, todos sus sicarios se pasan el día tomando café abollado o cañas tapadas, por lo que estoy seguro).

¡Vivir con la hora pegada a los Montes Tirapeos (o sea, mi santo culo), ese es mi cruel destino!

Por mucho que lo intento, no logro darme prisa deprisa. En efecto, soy de apresuramiento lento; de celeridad pausada; de apuro funcionarial. Vamos, que por sistema corre el desdichado reloj más que yo.

¿Ea acaso debido a que en mi pecho late el corazón de un caracol, o simplemente es que estoy recién levantado y por ello soy mas koala que persona?

Sea cual sea la razón, lo único constatable es que siempre acabo correteando por mi calle -como el velocista que no soy-, con el reojo puesto en mi reloj y rogando al espíritu de los semáforos para que ninguno me sea desfavorable (y rojo).

Mi único consuelo, que, como dice sabio el dicho: "Las prisas son para los ladrones y los toreros malos".