-¿Cómo un mono en lo alto del edificio?
-Bueno, en realidad es un gorila, pero muy grande.
-¿Cómo de grande?
-No sé...Unos diez metros o así.
-¿Y dice usted que se ha encaramado a una azotea?
-Eso parece.
-Pero habrá algún responsable del animal, un dueño, un domador...
-Sí, lo hay. Bueno, en realidad lo había.
-¿Lo ha...?
-Sí, del todo. Una masacre...No es bueno tocarle las pelotas a un mono...Mejor dicho, a un gorila. ¡Y menos de ese calibre!
-¿Y qué hacemos nosotros?
-Hombre, mi comisario, yo había pensado en negociar.
-¿Con quién?
-Pues con el mono...Gorila.
-¿Me toma usted el pelo?
-Sí, ya sé que el animal tiene un delito de sangre, pero también es cierto que el otro tipo lo había secuestrado en su país de origen y traído acá cargado de cadenas, así que algo de razón también tiene el animal...Vamos, que yo creo que podíamos intentar llegar a un acuerdo con él.
-¿Y quién exactamente va a negociar?
-Yo, por ejemplo.
-¿Pero usted tiene experiencia parlamentando con monos de 10 metros?
-No, pero para todo tiene que haber una primera vez...Por cierto, es un gorila.
-Pues nada, vaya para allá y me cuenta.
* * *
-¿Mi comisario?
-Dígame.
-Nada, no hay manera de llegar a un acuerdo con el señor Kong.
-¿Quién es el señor Kong?
-El gorila, es que cuando uno negocia conviene ser muy respetuoso.
-¿Y cómo sabe usted el apellido del bicho?
-Me lo ha comentado un periodista que hay aquí.
-Ya...O sea, que ha estado usted hablando con el mono.
-No exactamente. El señor Kong y yo nos hemos entendido por señas, y algún que otro gruñido por su parte.
-Y no han llegado a un acuerdo.
-No, del todo imposible. Cerrado en banda.
-Ya...Pues mire, como el señor Kong es un intransigente, le voy a mandar a la aviación para que lo derribe. Hablo con ellos y ahora le comento.
* * *
-¿Capitán Bertaleta?
-¡A sus órdenes!
-Mire, que tienen ustedes que abatir al mono del edificio.
-¿Cómo dice?
-Sí, abatir...Matarlo, vamos.
-¿Con qué armamento? ¿Con que tácticas? ¿Con que perfil del ataque?
-No sé, eso lo sabrán ustedes.
-Pues no, no lo sabemos. Somos una unidad de ataque aire-tierra, no aire-mono. Estamos preparados para destruir tanques, silos de misiles, complejos petro-químicos, pero no gorilas.
-Pues mire, vayan para allá y hagan lo que puedan.
-¡No le prometo nada!
-Vale, vale.
* * *
-Oiga, estén preparados, que ya va la aviación para allá para liquidar el asunto.
-¿Aviso entonces a los bomberos para que vayan preparando la lona?
-¿Qué lona? ¿No le acabo de decir que los aviones lo van a matar a tiros?
-¡Ah, no, eso es imposible! ¡El señor Kong pertenece a una especie protegidísima! Hay que dormilo con dardos y amortiguar su caída con una lona.
-¿Pero a usted quién le ha dicho eso?
-El abogado del señor Kong, que está aquí.
-¿El mono tiene un abogado?
-Sí, le paso.
-¿Hola?
-Buenas, soy Adolfo Santagragea, representante legal del señor Kong, me he personado aquí para garantizar que los intereses de mi cliente no resulten lesionados.
-¿Pero desde cuándo hay abogados de monos?
-¡Górila, señor mío, gorila!
-Ya, bueno, por favor, páseme al otro.
-¿Hola?
-Mire, a mí todo esto me supera: tengo a un mono...gorila...en lo alto de un edificio y que se niega a negociar, la aviación está en camino, pero no tienen ni idea de cómo atacarlo, lo único que sabemos es que no pueden cargárselo porque si no el abogado del animal nos mete un puro que nos enteramos...¿Qué hacemos?
-Yo había pensado iniciar una segunda ronda de negociaciones...Me parece que, en realidad, el señor Kong se está haciendo el duro.
-Eso, suba usted a hablar con el mono, y de paso que le acompañen el abogado y el periodista, que entre la propia mala leche del bicho y alguna bala perdida de la aviación, igual hasta tenemos suerte...