"¿Cómo me las iba a arreglar para localizar lo que todo el condado llevaba meses buscando? No debía quedar un palmo de tierra sin remover en todo Manchester y Lancashire, ni tampoco una pista por seguir o un chivatazo por investigar.
No tenía ni idea, pero contactar con mi "Hombre en Strangeways" me pareció un buen comienzo. A ver qué me contaba del tal Sharper.
-Un pobre diablo al que se le cruzaron los cables, eso es lo que es. Un pringado que quiere jugar a los asesinos fríos y despiadados, pero a mí no me engaña. No es más que otro perdedor solitario, cobarde y acomplejado que paga su fracaso con lo más débil y querido de la sociedad.
-¿Crees que puede que no actuara solo?
-Ni idea, con esa gente nunca se sabe.
-¿Qué hay de visitas?
-Un reverendo y su abogado. A los periodistas pesados el jefe les dice que no, estamos hasta el gorro de darle tanta publicidad a ese tipo.
-¿Sabes la parroquia de ese reverendo?
Holy Trinity en Wasplake. Con ese nombre no iba a ganar ningún premio a la originalidad. Tampoco el titular con su aspecto físico: anciano, calvo y de cara dulce detrás de unas gafas pasadas de moda.
-¿Es usted periodista?
-No.
-No me engañe.
-No lo hago. Jamás le mentiría a un vicario de Dios.
-¿Es usted creyente?
-Como cualquiera que hubiera oído cómo rezaban ciertas personas en ciertos momentos en los que yo he estado presente.
-¿Estuvo en la guerra?
-Sí, también.
-Entonces, si no es periodista, ¿qué desea de mí?
-Que me ayude a encontrar el cuerpo de esa pobre niña.
-Lo lamento, pero no le voy a ser de ninguna ayuda. Toda la información que puedo dar, ya se la di a la policía en su momento. Y ahora, si me disculpa, estoy muy atareado. Ya sabe, la Navidad.
-Ya, entiendo. Disculpe la molestia, vicario.
Yo no quería "toda la información que puedo dar", sino "toda la información", a secas. Pero, de momento, estaba claro que no me iba a dar.
Volvería a por ella, a su debido tiempo".
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