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sábado, 18 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (5).

"Peabody, fiel a su estilo, no hizo preguntas. Le limitó a asegurarme que pasaría a recogerme bien tempranito el día 22.

Recorrimos la primeras decenas de millas en completo silencio, lo cual no me incomodó, pues soy de los que prefiere un buen paisaje a una mala conversación. Pero estaba claro que a Peabody algo le reconcomía por dentro. Natural, a toda la nación le pasaba lo mismo. Finalmente, se decidió, y hasta para ser indiscreto, Peabody resultó ser de lo más discreto.

-¿Crees que el tío ese al final dirá dónde está el cuerpo de la cría?

Lo dejo caer de un modo desinteresado y casual, como quien habla del clima en Cambridgeshire, como si todo el asunto a él le resultara indiferente, y a mí me pillara tan de lejos como a cualquier inglés de la calle. Pero estaba claro que Peabody, al igual que todo el país, albergaba la esperanza de que en el último instante a Sharper, mirando a la cara a la Parca -encarnada en mi persona-, se le ablandara el corazón y desembuchara qué había hecho con el cuerpo de la pobre niña.

En ese momento, se me vino encima una responsabilidad para mí desconocida en mi tarea. Estaba más o menos hecho al peso que supone tener que despachar al reo con limpieza y rapidez, pero sacarle información al susodicho...A eso no estaba acostumbrado. ¿Debía susurrarle la pregunta, o, incluso, amenazarle con una muerte lenta y dolorosa para que cantara? De sobra sabía que la visión del lazo tenía un inmenso poder sobre la voluntad de las personas, pero..¿Era moral, estaba justificado hacer todo eso? Justificaciones morales, cuando se dedica a ahorcar gente, prefiere no pensar el ellas.

De repente, empecé a sentir la necesidad de encontrar el cuerpo de la niña antes de enfrentarme a Sharper, a toda costa. Tenía la sensación de que, de lo contrario, no iba a ser capaz de pasaportar a ese sujeto. No ignoraba que la tarea era prácticamente imposible. Pero también lo había sido salir de aquella emboscada nazi.

Entonces me percaté de que no había dado respuesta a la pregunta de Peabody, quien, respetuoso como era, no me había insistido.

-No sé, nunca se sabe...Por cierto, si tú fueras el tío ese, ¿qué habrías hecho con el cuerpo?

-Pues lo que hago con todos, llevarlo a un cementerio y enterrarlo.

Peabody, siempre tan rotundamente obvio en sus respuestas".

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