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viernes, 17 de diciembre de 2010

Los Casos de Woodchat Shrike: Nochebuena en el Patíbulo (4).

"Publicidad. Eso es lo último que quiero en un negocio como el mío. La publicidad atrae a curiosos, y los curiosos sólo traen problemas. Y estaba claro que publicidad era lo que el tal Sharper andaba buscando. Y también provocar. Y el malparido logró ambas cosas.

'Ese cabrón quiere morir en Nochebuena y así será. Si no le mata el Gobierno, asaltaremos la cárcel y lo haremos nosotros mismo', en esas palabras de un tendero de Manchester se resumía el sentir de una ciudad y un país, heridos por la crueldad de un asesino despiadado que había segado la vida de una niñita, y desgarrados por el dolor de unos padres que ni tan siquiera la habían podido dar sepultura.

Todavía no era seguro que me fueran a encomendar aquel trabajo, pero conocía al director de Strangeways, y en un caso de tanta repercusión no iba a arriesgarse a que las cosas no se hicieran bien. Y el que mejor hacía las cosas era yo. De nuevo, perdone mi falta de modestia. Nadie ajusticia en este país como yo, aunque me esté mal decirlo y me avergüence pensarlo.

En efecto, un par de días después, un portavoz del Ministerio de Justicia anunció que la última voluntad del condenado sería respetada, y que la ejecución tendría lugar el 24 de diciembre a las 8 de la mañana. Era la única manera de evitar gravísimos disturbios (esto último no lo dijo, pero todo el mundo lo sabía).

Esa misma tarde, recibí una llamada muy inusual, pero del todo esperada.

-Sé que esto es muy irregular, pero esta vez el asunto no se podía resolver por carta certificada.

-Estoy de acuerdo, director.

-¿Ha leído la prensa?

-Sí, parece que soy un héroe nacional.

-Usted sabe mejor que nadie que hay que mantener una discreción absoluta.

-Descuide. Yo soy el primer interesado.

-También sería una buena idea que viniera a Manchester un par de días antes, y en un vehículo particular no marcado.

-Sin problemas.

-Entonces, tema cerrado. Le mandaremos la carta de todos modos. Hay que satisfacer a los burócratas. Les chiflan las formalidades.

-Sólo una cosa, director. ¿Quien será mi ayudante? No quiero un novato. No me lo puedo permitir esta vez.

-Va Holton.

Holton ya había trabajado un par de veces conmigo, y tenía lo que hay que tener para este oficio. En cierto modo, lo consideraba como mi "heredero".

-Muy bien. El 22 me iré para allá.

-¡Y procure que nadie sepa de su presencia!

-Descuide, director.

Colgué y, de inmediato, volví a tomar el auricular para hacer una llamada.

-¿Peabody? ¿Cuánto tiempo hace que no ves a tus primos de Manchester?"

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