¿No sería una buena idea que todo el personal tuviera un ataque agudo de sinceridad a la hora de hablar de su trabajo?
Porque, cuando oyes hablar a la gente, el empleo propio es el más duro, peor pagado y menos reconocido por la sociedad -pero el más necesario para ésta- que existe.
Aquí todo hijo de vecino afirma que trabaja horas y horas, que da lo mejor de sí en interminables jornadas, que entra a trabajar cuando todavía no amaneció y se va ya bien asentada la luna.
Pero, curiosamente, llamas preguntando por ellos y están tomando café.
¿Por qué no mandamos a paseo tanto "la gente no sabe lo que es esto", "desde fuera parece muy fácil" o "esto no está pagado?
Y yo, por aquello de predicar con el ejemplo, admito que lo único realmente duro de ser profesor es encerrarse a diario con 30 adolescentes que preferirían estar en cualquier otro sitio, y tener que soportar las estupideces de algunos -algunos- padres, y las memeces de muchos políticos (y "expertos enteradillos" en general) que en su vida han pisado una tarima, o llevan años sin hacerlo.
Corregir es aburrido, pero nada más, y no es todos los fines de semana. No tienes más reuniones que en cualquier otro trabajo y la preparación de las clases tampoco roba mucho tiempo.
A cambio, hay muchos chavales que son realmente majos y es agradable convivir con ellos (y recordarlos), el salario no es malo, y tienes un montón de vacaciones.
Ahora, por favor, haga usted lo mismo con su trabajo.
¡Y vamos a dejarnos de ser tan quejicas, leñe!
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