-¡A ver qué le parece esto que escribí para el cole, padre!
-¡A escuchar!
(El Padre Cosme sabe de Literatura, y la gente de Gracia del Río lo sabe, pero ellos no saben lo muchísimo que él sabe en realidad, ni nunca lo sabrán. ¡Ay, si lo supieran!)
-Vamos allá. El título que nos dio la profe es: "¿Por qué crees que hay racismo en el mundo?"...'No me extraña que haya gente racista, porque ya desde bien chiquitines se nos enseña que los colores no son todos iguales: lo que tira a "azul" o "naranja" es "azulado" y "anaranjado"; lo que tira a "gris", "rosa" o "violeta" va con "áceo"; si es parecido a "negro", "blanco" o "pardo", pues "uzco", el "rojo" hace "rojizos" y el verde "verdosos". Y, por último, el "amarillo" hace "amarillento", que no sé si suena más a "hambriento" o a "contento". Yo creo que habría que ponerse de acuerdo y que todos los colores fueran iguales. El mundo sería mucho mejor y más justo.'...¿Le gustó, padre?
-Mucho, es una reflexión muy original y muy buena.
-¡Estupendo! Bueno, ahora me voy a casa, que mi madre ha hecho paella, y, hablando de colores, ¡me voy a poner morado!
-El Padre Cosme sonrió mientras lo veía marchar, como siempre. "Peralín" estaba a las puertas de esa senda de confusión, curiosidad y cambio llamada adolescencia, y el Padre Cosme no tenía duda de que el chaval haría el recorrido con tanta rebeldía como el que más. Pero también tenía la corazonada de que, a lo mejor, contra lo que se iba a rebelar "Peralín" era la adolescencia misma. Sí, iba a madurar, a cambiar para mejor, y lo haría sin volverse vasallo de toda una serie de estúpidos amos a los que parece que un adolescente, por el mero hecho de serlo, está obligado a rendir pleitesía.
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