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viernes, 10 de diciembre de 2010

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Manzana de Oro que No Maduró.

José Luis Trestuestes recontó la pila de exámenes: 124. Y tenían que estar corregidos para el lunes. Todos.

Recordó su etapa de escolar, y cómo los profesores le habían advertido cientos de veces sobre los peligros de la mala organización personal. También recordó el poco caso que él les hacía. Al fin y al cabo, ese bendito empujón final siempre le salvaba el cuello en el último momento. Sí, Josete Trestuestes era un niño de estupendas capacidades. Nadie lo dudaba. Hasta hubo un salesiano que se atrevió a calificarlo de "brillante".

Él siempre había creído que de mayor, al igual que las canas o las arrugas, también le saldrían solas la seriedad y organización en su trabajo. Pero no fue así, seguía tan desastre como cuando era un crío, y puede que esa fuera la razón de que le hubiera ido aquel lustre que deslumbró al salesiano

Pero todo eso ahora daba igual, tocaba dejar de divagar y ponerse a corregir.

* * *

-¡No se puede dejar todo para el final, Mayoseña, tienes que aprender a organizarte! ¡Es una pena que saques estas notas! ¡Si fueras al día...!

Javi Mayoseña asintió. A los profesores siempre conviene darles la razón como a los tontos y a los locos (al fin y al cabo, cualquier profe tiene mucho de ambos), y se volvió a su pupitre con el aprobadete bajo el brazo.

José Luis Trestuestes había cumplido con la obligación de todo profesor, que es echar la bronca reglamentaria. Era consciente de que no iba a servir para absolutamente nada, como cualquier bronca que se le encaja a un adolescente.

En ese momento, a José Luis Trestuestes la rabía se le mezcló con la impotencia, porque Javi Mayoseña debería aspirar a mucho más que a malgastar fines de semana de su vida encerrado corrigiendo exámenes.

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