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lunes, 13 de diciembre de 2010

Pelmas Mazados Apelmazados en un Local (Carne de Gimnasio).

Yo era más bien flojito en Gimnasia (actual Educación Física). Y flojito me quedé.

Debe ser por esto que miro con recelo, sospecha y precaución a esos caballeros (y alguna señora) que se pasean con las gélidas calles invernales con camisetas que les van cortas de abrigo y talla.

"Si no hace frío", te dirán. Es que tener frío es de débiles y ellos son más duros que el examen de Botánica Aplicada para sacarse el carné de druida. Y, además, cuando uno se sacrifica tantas horas por el dichoso volumen muscular, es natural que quiera lucirlo los 365 días del año (lo que no es tan natural es el bronceado que exhiben).

Bíceps con una definición digna de la mismísima Real Academia, pectorales gin-tonificados y unos abdominales que parecen una colchoneta de playa pasada de hinchador, así son ellos. Orgullosos de su currada anatomía.

No me malinterprete, que cada cual haga con su tiempo y su dinero (y su cuerpo), lo que le venga en gana.

Pero a mí no me atrae una actividad como la física, en la que uno alcanza el tope personal a los treinta años, y desde entonces todo el sacrificio y esfuerzo son para intentar perder el menor esplendor posible.

Me apasionan más otras aficiones, ésas en las que uno no tiene la sensación de que se está haciendo viejo, sino que está madurando, que está avanzando en el camino, y lo mejor queda todavía por llegar.

Y es que siempre es un consuelo pensar que, cuando se publicó "El Quijote", Cervantes ya estaba próximo a los 60 años.

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