-Oye y lo de las tertulias...
-Verás, aquí somos amantes y fervientísimos defensores de la libertad, pero con mayúsculas, ¿eh? La censura nos parece un comportamiento del todo inaceptable, medieval, repugnante...Así que, para no tener que cortar, sancionar o incluso despedir a un mamarracho por decir gilipolleces que insultan a la sensibilidad y a la inteligencia, sólo fichamos a gente que sabemos que sabe cómo hacer un uso lógico y responsable de su libertad de expresión.
-¡Ah, pues está muy bien pensado!
-Además, sabemos que a menudo nuestros tertulianos no tienen tiempo de leer toda la prensa o ver todos los noticiarios, siendo como son gente tan ocupada de puro prestigiosa, así que, antes del programa de turno, les facilitamos una carpetita con resúmenes de las noticias más destacadas del día, a las que añadimos alguna que otra anotación, no por nada, sino para ayudarles a poner la cosas en contexto. Luego, con total libertad, ellos las comentan.
-Ya veo, ya. Oye, ¿y estos micros?
-Pues los usamos para comunicar con ellos por línea interna, gracias a unos auriculares muy chiquitines que se ponen. Me gusta felicitarles cuando hacen algún comentario que, en mi humilde opinión, ha sido muy atinado, o, a veces, también les indicamos que, quizás, algo que han dicho no ha quedado del todo claro, o cualquier otra cosa que merezca la pena comentarles...
-Ajá.
-Sí, como ves, libertad de expresión y opinión absoluta.
-Sin duda.
-Lo contrario sería absolutamente intolerable.
-Por supuesto.
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lunes, 31 de octubre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): "Peralín" en Esencia.
Y en eso llegó "Peralín" a la parroquia en horario lectivo.
-¿Qué haces aquí? ¿Os han dado vacación?-interrogó Don Cosme.
-No, estoy de pellas, pero es para un trabajo del cole.
Aquello prometía.
-Explícate.
-Es que nos han mandado un trabajo donde hablemos de por qué creemos que hay tanto mal en el mundo, y esto es parte de mi demostración razonada.
-¡Ah!...
-¿Se la cuento?
-Por favor.
-Mire, aquí tengo una flor que acabó de arrancar del jardincito de la plaza.
-¡Mal hecho!
-Sí, esa era la idea, hacer el Mal, y demostrar que se tarda un segundo y se hace sin esfuerzo. En cambio, el Bien, o sea que crezca la flor, es tarea de meses o incluso años.
-Entiendo.
-Luego, mire, he traído un recorte de periódico. Es un fulano que, a través de un timo, sacaba en un mes lo que mi padre trabajando cinco años.
-¡Pero le han pillado!
-Cierto, ¿y qué pasa con los que no les pillan? Pero esa no era la cuestión, la cuestión es que se gana mucho más de golfo que de honrado.
-¿Y lo de las pellas?
-Pues que, sinceramente, me lo estoy pasando mucho mejor aquí charlando con usted que cumpliendo con mi obligación de ir a clase. Y así llego a la conclusión final de mi trabajo: hacer el Mal es mucho más sencillo y divertido, y está mucho mejor pagado que hacer el Bien, lo cual he demostrado con ejemplos. ¿Qué le parece?
-¡Que te van a poner un diez por trabajo y un cero por saltarte la clase!
-¿Qué haces aquí? ¿Os han dado vacación?-interrogó Don Cosme.
-No, estoy de pellas, pero es para un trabajo del cole.
Aquello prometía.
-Explícate.
-Es que nos han mandado un trabajo donde hablemos de por qué creemos que hay tanto mal en el mundo, y esto es parte de mi demostración razonada.
-¡Ah!...
-¿Se la cuento?
-Por favor.
-Mire, aquí tengo una flor que acabó de arrancar del jardincito de la plaza.
-¡Mal hecho!
-Sí, esa era la idea, hacer el Mal, y demostrar que se tarda un segundo y se hace sin esfuerzo. En cambio, el Bien, o sea que crezca la flor, es tarea de meses o incluso años.
-Entiendo.
-Luego, mire, he traído un recorte de periódico. Es un fulano que, a través de un timo, sacaba en un mes lo que mi padre trabajando cinco años.
-¡Pero le han pillado!
-Cierto, ¿y qué pasa con los que no les pillan? Pero esa no era la cuestión, la cuestión es que se gana mucho más de golfo que de honrado.
-¿Y lo de las pellas?
-Pues que, sinceramente, me lo estoy pasando mucho mejor aquí charlando con usted que cumpliendo con mi obligación de ir a clase. Y así llego a la conclusión final de mi trabajo: hacer el Mal es mucho más sencillo y divertido, y está mucho mejor pagado que hacer el Bien, lo cual he demostrado con ejemplos. ¿Qué le parece?
-¡Que te van a poner un diez por trabajo y un cero por saltarte la clase!
sábado, 29 de octubre de 2011
Equipo Lobo al Asalto.
El sargento Kilpatrick descendió el último por la cuerda y, nada más pisar el suelo, hizo un gesto al piloto para que el helicoptero saliera pitando. Entonces, de veloz sprint, se reunió con el resto del comando.
-Ya estamos todos, mi teniente.
-Lobo 1, Kilpatrick, le tengo dicho que me llame Lobo 1.
-A sus órdenes, mi teni...Lobo 1.
-¿Pero entonces por qué ha llamado usted a Kilpatrick Kilpatrick y no Lobo 2, mi tenien...quiero decir, Lobo 1?- el cabo Garrigeno y sus preguntas.
-Cállese, Garrige...Lobo 4.
-Yo, soy Lobo 5, mi tenie...Lobo 1, Lobo 4 es London.
-Afirmativo, Lobo 1, yo soy Lobo 4.
-¡Vale, vale!, ¿se quieren callar todos de una vez? A ver, Kil...Lobo...Lobo-lo-que-sea...
-Lobo 2, Lobo 1.
-¡Saque el mapa de una vez!
-¿Qué mapa, Lobo 1?
-¡El mapa de la ciudad con la ruta hasta el objetivo!
-¿No lo traía, Lobo 3?
-No, Lobo 2, quedamos en que yo traía el equipo de transmisiones.
-Vale, pues tenemos dos radios por persona, pero ningún mapa.
-¡La leche que mamaron ustedes!...¿De qué se ríe usted, Lobo 2?
-No, que como somos Lobos, pues Lobos, mamar leche...Tiene su gracia.
-¡Cállese o le pego un tiro!
-¡A sus órdenes, mi...Lobo 1!
-¿Y qué hacemos ahora sin mapa, Lobo 1?
-Mire, Lobo 1, la oficina de información turística está ahí enfrente, podemos pasar a coger unos mapas.
-¡Claro, Lobo 1! Para eso está, ¿no?
-¡Pero si a estas horas estará cerrada!
-¡Pues se asalta, Lobo 4! ¿No somos de la Unidad Especial de Asalto?
-¡Sin nombres, sin nombres! ¡Somos el Equipo Lobo! Bueno, pues vamos para allá entonces.
-¿Todos, Lobo 1?
-No entraremos, Lobo 1 y Lobo 3. El resto, cúbrannos.
-Roger, Lobo 1.
* * *
-¡Mire, Lobo 1, está abierta!
-Ya veo, ¡qué temprano abren!
-Es que esta ciudad es muy turística, Lobo 1.
-En fin, vamos para adentro.
-¿Hablo yo o habla usted, Lobo 1?
-Déjeme a mí.
-Roger.
-Buenos días, señorita, vamos a una fiesta de disfraces y nos hace falta un mapa de la ciudad.
-Sí, caballero, tenga. Mire, estamos aquí, ¿dónde es la fiesta?
-Pues...¿dónde es la "fiesta", Lobo 3?
-No me acuerdo, cerca del mercado central, creo.
-Ah, pues miren, el mercado está muy cerquita...suben por la Avenida de Medina, tuercen por Qablash y ya llegan. No tiene pérdida. Y si disponene de tiempo, visiten el mercado, que merece la pena.
-¿Qué más cosas hay para visitar, señorita?
-¡No creo que tengamos tiempo de hacer turismo, Lobo 3!
-Sí, hombre, Lobo 1, ya que estamos, podemos sacar un ratito para ver cosillas...
-Pues mire, está la antigua mezquita, la casa de Abu Kabir...
-¡Bueno días por la mañana!
-¿Por qué ha entrado, Lobo 2?
-Es que mire, mi te...Lobo 1, que hemos visto que está abierto y he pensado en pasar a comprar algunos imanes para la nevera, que igual luego con las prisas no tengo tiempo...
-Ya estamos todos, mi teniente.
-Lobo 1, Kilpatrick, le tengo dicho que me llame Lobo 1.
-A sus órdenes, mi teni...Lobo 1.
-¿Pero entonces por qué ha llamado usted a Kilpatrick Kilpatrick y no Lobo 2, mi tenien...quiero decir, Lobo 1?- el cabo Garrigeno y sus preguntas.
-Cállese, Garrige...Lobo 4.
-Yo, soy Lobo 5, mi tenie...Lobo 1, Lobo 4 es London.
-Afirmativo, Lobo 1, yo soy Lobo 4.
-¡Vale, vale!, ¿se quieren callar todos de una vez? A ver, Kil...Lobo...Lobo-lo-que-sea...
-Lobo 2, Lobo 1.
-¡Saque el mapa de una vez!
-¿Qué mapa, Lobo 1?
-¡El mapa de la ciudad con la ruta hasta el objetivo!
-¿No lo traía, Lobo 3?
-No, Lobo 2, quedamos en que yo traía el equipo de transmisiones.
-Vale, pues tenemos dos radios por persona, pero ningún mapa.
-¡La leche que mamaron ustedes!...¿De qué se ríe usted, Lobo 2?
-No, que como somos Lobos, pues Lobos, mamar leche...Tiene su gracia.
-¡Cállese o le pego un tiro!
-¡A sus órdenes, mi...Lobo 1!
-¿Y qué hacemos ahora sin mapa, Lobo 1?
-Mire, Lobo 1, la oficina de información turística está ahí enfrente, podemos pasar a coger unos mapas.
-¡Claro, Lobo 1! Para eso está, ¿no?
-¡Pero si a estas horas estará cerrada!
-¡Pues se asalta, Lobo 4! ¿No somos de la Unidad Especial de Asalto?
-¡Sin nombres, sin nombres! ¡Somos el Equipo Lobo! Bueno, pues vamos para allá entonces.
-¿Todos, Lobo 1?
-No entraremos, Lobo 1 y Lobo 3. El resto, cúbrannos.
-Roger, Lobo 1.
* * *
-¡Mire, Lobo 1, está abierta!
-Ya veo, ¡qué temprano abren!
-Es que esta ciudad es muy turística, Lobo 1.
-En fin, vamos para adentro.
-¿Hablo yo o habla usted, Lobo 1?
-Déjeme a mí.
-Roger.
-Buenos días, señorita, vamos a una fiesta de disfraces y nos hace falta un mapa de la ciudad.
-Sí, caballero, tenga. Mire, estamos aquí, ¿dónde es la fiesta?
-Pues...¿dónde es la "fiesta", Lobo 3?
-No me acuerdo, cerca del mercado central, creo.
-Ah, pues miren, el mercado está muy cerquita...suben por la Avenida de Medina, tuercen por Qablash y ya llegan. No tiene pérdida. Y si disponene de tiempo, visiten el mercado, que merece la pena.
-¿Qué más cosas hay para visitar, señorita?
-¡No creo que tengamos tiempo de hacer turismo, Lobo 3!
-Sí, hombre, Lobo 1, ya que estamos, podemos sacar un ratito para ver cosillas...
-Pues mire, está la antigua mezquita, la casa de Abu Kabir...
-¡Bueno días por la mañana!
-¿Por qué ha entrado, Lobo 2?
-Es que mire, mi te...Lobo 1, que hemos visto que está abierto y he pensado en pasar a comprar algunos imanes para la nevera, que igual luego con las prisas no tengo tiempo...
viernes, 28 de octubre de 2011
Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: El Club.
Se autodenominan "El Club", y aunque no es un club cerrado, no es fácil entrar, salvo que se quiera hacerlo. En otras palabras, que son pocos, pero están todos.
Les gusta -les apasiona- la lectura, eso tienen en común todos los miembros de "El Club", pero no sólo los libros que están en los libros, esos que escribieron señores de barba y perilla hace siglos. También, les chiflan las obras de ahora, las que les hablan de realidades cercanas en países imaginarios, o los de Historia, o cualquier cosa con letras.
Los miembros de "El Club" quedan juntos para ir a casa después de clase. Es la oportunidad para charlar de los libros que devoran, para comentar argumentos, para exprimir las intenciones del autor, para criticar lo que les fascinó y lo que les hizo bostezar.
Y también escriben, por supuesto, y dibujan, y pintan, y hasta puede que canten.
"El Club", como en todos los colegios, es el asilo y refugio de los niños y las niñas que sienten las Creatividad como el aire sin el que no pueden respirar. Es la casa de la Fantasía, de la Ilusión y el Pensamiento.
Como usted puede suponer, los que no son de "El Club" no entienden todo esto. Natural, "El Club" está movido por fuerzas poderosas e inexplicables. Ya quedó dicho, si tú quieres y sabes entrar por ti mismo, es inútil intentar invitarte.
En apariencia, uno podría suponer que darle clase de Literatura a estos muchachos deber ser fácil, reconfortante y delicioso, pero no es así.
No paran de hacer preguntas, cuya respuesta en la mayoría de los casos el profesor desconoce; no paran de hacer críticas a las obras, que a menudo el profesor no sabe cómo refutar, y, lo peor de todo, cualquier miembro de "El Club" dedica más tiempo a la lectura que el profesor de Literatura medio. En resumen, que son la pesadilla de alguien que quiera hablar de Letras sin estar respaldado por años de estudio, pasión y entrega.
Y lo curioso del caso es que, pese a que le ponen en un aprieto un lunes sí y al siguiente también, "El Nieto" siente auténtica debilidad por esos alumnos. Pues a diario le recuerdan que la batalla contra la Ignorancia, la Insensibilidad y la Desgana no está perdida todavía.
Les gusta -les apasiona- la lectura, eso tienen en común todos los miembros de "El Club", pero no sólo los libros que están en los libros, esos que escribieron señores de barba y perilla hace siglos. También, les chiflan las obras de ahora, las que les hablan de realidades cercanas en países imaginarios, o los de Historia, o cualquier cosa con letras.
Los miembros de "El Club" quedan juntos para ir a casa después de clase. Es la oportunidad para charlar de los libros que devoran, para comentar argumentos, para exprimir las intenciones del autor, para criticar lo que les fascinó y lo que les hizo bostezar.
Y también escriben, por supuesto, y dibujan, y pintan, y hasta puede que canten.
"El Club", como en todos los colegios, es el asilo y refugio de los niños y las niñas que sienten las Creatividad como el aire sin el que no pueden respirar. Es la casa de la Fantasía, de la Ilusión y el Pensamiento.
Como usted puede suponer, los que no son de "El Club" no entienden todo esto. Natural, "El Club" está movido por fuerzas poderosas e inexplicables. Ya quedó dicho, si tú quieres y sabes entrar por ti mismo, es inútil intentar invitarte.
En apariencia, uno podría suponer que darle clase de Literatura a estos muchachos deber ser fácil, reconfortante y delicioso, pero no es así.
No paran de hacer preguntas, cuya respuesta en la mayoría de los casos el profesor desconoce; no paran de hacer críticas a las obras, que a menudo el profesor no sabe cómo refutar, y, lo peor de todo, cualquier miembro de "El Club" dedica más tiempo a la lectura que el profesor de Literatura medio. En resumen, que son la pesadilla de alguien que quiera hablar de Letras sin estar respaldado por años de estudio, pasión y entrega.
Y lo curioso del caso es que, pese a que le ponen en un aprieto un lunes sí y al siguiente también, "El Nieto" siente auténtica debilidad por esos alumnos. Pues a diario le recuerdan que la batalla contra la Ignorancia, la Insensibilidad y la Desgana no está perdida todavía.
jueves, 27 de octubre de 2011
La Batalla del Caballo de la Idem.
Si no me cree, lea lo que dice la RAE para definir a un "Caballo de Batalla":
1. m. El que los antiguos guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, por ser el más fuerte, diestro y seguro entre los que poseían, y que también lo tienen hoy los oficiales generales y otros de alta graduación.
2. m. Aquello en que sobresale quien profesa un arte o ciencia y en que más suele ejercitarse. La legislación testamentaria es el caballo de batalla de tal abogado Tal ópera es el caballo de batalla de tal cantante
3. m. Punto principal de una controversia.
¿Entonces por qué diablos todo el mundo emplea la frase "caballo de batalla" para referirse a la principal dificultad o debilidad que tiene una persona? ¡Si es todo lo contrario!
"La Física siempre ha sido el caballo de batalla de este alumno", se dice de Fulanito de Tález, que la lleva suspendiendo desde que tiene (cierto) uso de razón.
De acuerdo, quizás esa tercera acepción, ese "punto principal de una controversia", pueda dar algo de pie al equívoco, pero a mí no me satisface como causa justificada, pues me parece ser muy injusto con la memoria de tantos y tantos equinos que demostraron su valía y valor en el combate.
Si será bonito el concepto, si resultará digno de admiración el "caballo de batalla" que hasta en la Biblia se le alaba:
"¿Le das tú su fuerza al caballo? ¿Cubres tú su cuello de crines ondulantes? ¿Lo harás temblar tú como a una langosta? El resoplido de su nariz es formidable. Escarba la tierra, se alegra en su fuerza y sale al encuentro de las armas. Hace burla del miedo; no teme ni vuelve el rostro delante de la espada. Sobre él resuenan la aljaba, el hierro de la lanza y de la jabalina; pero él, con ímpetu y furor, escarba la tierra y no lo detiene ni el sonar de la trompeta; más bien parece decir en medio de los clarines: “¡Ea!”. Desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes y el vocerío".
Es del libro de Job (39, 19-25), así que espero que él me preste un poco de esa paciencia tan suya para seguir soportando que hagan del pobre "caballo de batalla" lo opuesto de lo que en realidad es.
El Duque de Wellington en plena batalla de Waterloo a lomos de Copenhagen, su caballo de batalla.
1. m. El que los antiguos guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, por ser el más fuerte, diestro y seguro entre los que poseían, y que también lo tienen hoy los oficiales generales y otros de alta graduación.
2. m. Aquello en que sobresale quien profesa un arte o ciencia y en que más suele ejercitarse. La legislación testamentaria es el caballo de batalla de tal abogado Tal ópera es el caballo de batalla de tal cantante
3. m. Punto principal de una controversia.
¿Entonces por qué diablos todo el mundo emplea la frase "caballo de batalla" para referirse a la principal dificultad o debilidad que tiene una persona? ¡Si es todo lo contrario!
"La Física siempre ha sido el caballo de batalla de este alumno", se dice de Fulanito de Tález, que la lleva suspendiendo desde que tiene (cierto) uso de razón.
De acuerdo, quizás esa tercera acepción, ese "punto principal de una controversia", pueda dar algo de pie al equívoco, pero a mí no me satisface como causa justificada, pues me parece ser muy injusto con la memoria de tantos y tantos equinos que demostraron su valía y valor en el combate.
Si será bonito el concepto, si resultará digno de admiración el "caballo de batalla" que hasta en la Biblia se le alaba:
"¿Le das tú su fuerza al caballo? ¿Cubres tú su cuello de crines ondulantes? ¿Lo harás temblar tú como a una langosta? El resoplido de su nariz es formidable. Escarba la tierra, se alegra en su fuerza y sale al encuentro de las armas. Hace burla del miedo; no teme ni vuelve el rostro delante de la espada. Sobre él resuenan la aljaba, el hierro de la lanza y de la jabalina; pero él, con ímpetu y furor, escarba la tierra y no lo detiene ni el sonar de la trompeta; más bien parece decir en medio de los clarines: “¡Ea!”. Desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes y el vocerío".
Es del libro de Job (39, 19-25), así que espero que él me preste un poco de esa paciencia tan suya para seguir soportando que hagan del pobre "caballo de batalla" lo opuesto de lo que en realidad es.
El Duque de Wellington en plena batalla de Waterloo a lomos de Copenhagen, su caballo de batalla.
miércoles, 26 de octubre de 2011
El que Nace Agobiado, Agobiado se Muere (Si Es que el Agobio no le Mata Antes).
Sí, lo reconozco, soy muy dado al agobio, ¡qué le vamos a hacer!
Es de nacimiento, pues nací a la 1 de la mañana por no tener a la gente esperando mucho rato (que el médico y la comadrona se querrían ir ya a sus casas).
Crecí agobiado, pensando en cómo iba a recuperar asignaturas que, al final, nunca suspendí.
Y ahora vivo y trabajo agobiado, buscando a cada instante que todo lo que tiene que salir bien encuentre sin problemas la salida.
Son legión los que me dicen: "No te agobies, si está saliendo todo muy bien", y no se dan cuenta de que, quizás, precisamente el agobio es el motor de que todo marche sobre ruedas.
Los envidio, no obstante, porque fueron capaces de asimilar aquel viejo principio nacido en el mundo del teatro, por el cual las cosas siempre terminan arreglándose.
O quizás es que son personas que han fracasado con cierta frecuencia en sus vidas, y, por tanto, están familiarizadas con el fracaso y no le temen, sin duda porque no es tan fiero como lo pintan.
Pero yo, en cambio, no tenía por costumbre suspender exámenes, y por eso le tengo auténtico pavor a que las cosas no salgan bien. Y del pavor nace el agobio.
Pero, insisto, no tengo la menor duda de que los agobiados como yo somos los que, en gran medida, movemos al mundo. Porque queremos que todo salga bien, y nos entregamos para intentar que así sea. Y eso es, indiscutiblemente, bueno.
En resumen, que es mil veces mejor un agobiado que un pasota.
Y paro ya de escribir, que tengo otras mil cosas cosas que hacer, y me está subiendo un agobio por todo lo que es la columna vertebral con aparato de boca seca y sudor frío incluidos.
Es de nacimiento, pues nací a la 1 de la mañana por no tener a la gente esperando mucho rato (que el médico y la comadrona se querrían ir ya a sus casas).
Crecí agobiado, pensando en cómo iba a recuperar asignaturas que, al final, nunca suspendí.
Y ahora vivo y trabajo agobiado, buscando a cada instante que todo lo que tiene que salir bien encuentre sin problemas la salida.
Son legión los que me dicen: "No te agobies, si está saliendo todo muy bien", y no se dan cuenta de que, quizás, precisamente el agobio es el motor de que todo marche sobre ruedas.
Los envidio, no obstante, porque fueron capaces de asimilar aquel viejo principio nacido en el mundo del teatro, por el cual las cosas siempre terminan arreglándose.
O quizás es que son personas que han fracasado con cierta frecuencia en sus vidas, y, por tanto, están familiarizadas con el fracaso y no le temen, sin duda porque no es tan fiero como lo pintan.
Pero yo, en cambio, no tenía por costumbre suspender exámenes, y por eso le tengo auténtico pavor a que las cosas no salgan bien. Y del pavor nace el agobio.
Pero, insisto, no tengo la menor duda de que los agobiados como yo somos los que, en gran medida, movemos al mundo. Porque queremos que todo salga bien, y nos entregamos para intentar que así sea. Y eso es, indiscutiblemente, bueno.
En resumen, que es mil veces mejor un agobiado que un pasota.
Y paro ya de escribir, que tengo otras mil cosas cosas que hacer, y me está subiendo un agobio por todo lo que es la columna vertebral con aparato de boca seca y sudor frío incluidos.
martes, 25 de octubre de 2011
El Ecologista que Atacó a un Bombero por Salvar a unas Llamas en Peligro de Extinción.
-¡Baja la manguera, cobarde, que estas inocentes llamas no te han hecho nada!
-¡¿Se puede apartar, por favor?!
-¡No me aparto, canalla, abre fuego contra mí si tan valiente eres!
-¿Cómo voy a abrir fuego, señor, si soy un bombero? En todo caso, abriré agua.
-¡Me da igual, esas llamas están en peligro de extinción y aquí estoy yo para protegerlas, con mi vida si es preciso!
-¿Está usted borracho?
-¡Encima se burla! ¿Me niega usted que ha venido hasta aquí para extinguir unas llamas?
-No.
-¡Ajá! ¿Y no sabe usted que las extinción total de las llamas sería una catástrofe natural de trágicas consecuencias?
-Sí, pero es que a éstas hay que eliminarlas, porque están quemando un almacén de papelería, a las que hay que salvar es a las andinas.
-¿Cómo "a las andinas"?
-Sí, a la "llama animal" no a la "llama fuego".
-¿Que hay un animal que se llama llama?
-Sí, ¿no lo sabía?
-Es que, verá, yo soy nuevo en esto del activismo ecologista. El otro día me mandaron un folleto que ponía "salvemos a las llamas" y....
-Lo leyó por encima.
-Claro.
-Pues nada, apártese y tan amigos.
-Por supuesto. En fin, que si no me necesita para nada, yo me voy.
-¡Ande, ande, váyase!
-Hasta luego entonces.
-¡¿Se puede apartar, por favor?!
-¡No me aparto, canalla, abre fuego contra mí si tan valiente eres!
-¿Cómo voy a abrir fuego, señor, si soy un bombero? En todo caso, abriré agua.
-¡Me da igual, esas llamas están en peligro de extinción y aquí estoy yo para protegerlas, con mi vida si es preciso!
-¿Está usted borracho?
-¡Encima se burla! ¿Me niega usted que ha venido hasta aquí para extinguir unas llamas?
-No.
-¡Ajá! ¿Y no sabe usted que las extinción total de las llamas sería una catástrofe natural de trágicas consecuencias?
-Sí, pero es que a éstas hay que eliminarlas, porque están quemando un almacén de papelería, a las que hay que salvar es a las andinas.
-¿Cómo "a las andinas"?
-Sí, a la "llama animal" no a la "llama fuego".
-¿Que hay un animal que se llama llama?
-Sí, ¿no lo sabía?
-Es que, verá, yo soy nuevo en esto del activismo ecologista. El otro día me mandaron un folleto que ponía "salvemos a las llamas" y....
-Lo leyó por encima.
-Claro.
-Pues nada, apártese y tan amigos.
-Por supuesto. En fin, que si no me necesita para nada, yo me voy.
-¡Ande, ande, váyase!
-Hasta luego entonces.
lunes, 24 de octubre de 2011
Yo No Soy Marinero (Ni Capitán), Pero me Encantaría Hablar como Uno.
¿Nunca se ha planteado enrolarse en la marina (militar, mercante o civil) con el único fin de poder fardar hablando como un marino o marinero? ¡No me lo niegue!
Recorrer el paseo marítimo con atuendo náutico, pararse de repente ante una embarcación y, tras poner rostro serio y mirada profunda, comentar:
-¡No me gusta cómo está ese morral!
Para que, de inmediato, alguno de sus acompañantes le pregunte admirado qué diablos es un morral, a lo que usted contesta:
-¡Bien sencillo!, es una vela rastrera, de lienzo más fino, que largan los jabeques en la punta del botalón, con vientos flojos, cuando van en popa.
-¿Jabeques?
-Sí, hombre, una embarcación costanera de tres palos, con velas latinas, que también suele navegar a remo.
-¡Ah, claro! Oye, ¿y lo del botalón?
-¡Pues el bauprés de una embarcación pequeña!
-Y un bauprés es...
-Palo grueso, horizontal o algo inclinado, que en la proa de los barcos sirve para asegurar los estayes del trinquete, orientar los foques y algunos otros usos.
Y entonces le interrogan por los estayes, el trinquete y los foques... Y así hasta el infinito del hacerse el interesante.
¿Qué, se anima? Como ya ha quedado comprobado, entender de barcos y navegación nos puede permitir unos niveles de chulería personal expresada en el habla críptica sólo comparables a los del experto en informática o el médico dentista, con la ventaja de que los Siete Mares siempre resultan mucho más atractivos que una placa base Asus P8Z68-V Pro o el segundo premolar inferior izquierdo.
Por mi parte, yo he de confesar que jamás he sido capaz de ir más allá de proa, popa, babor y estribor.
Recorrer el paseo marítimo con atuendo náutico, pararse de repente ante una embarcación y, tras poner rostro serio y mirada profunda, comentar:
-¡No me gusta cómo está ese morral!
Para que, de inmediato, alguno de sus acompañantes le pregunte admirado qué diablos es un morral, a lo que usted contesta:
-¡Bien sencillo!, es una vela rastrera, de lienzo más fino, que largan los jabeques en la punta del botalón, con vientos flojos, cuando van en popa.
-¿Jabeques?
-Sí, hombre, una embarcación costanera de tres palos, con velas latinas, que también suele navegar a remo.
-¡Ah, claro! Oye, ¿y lo del botalón?
-¡Pues el bauprés de una embarcación pequeña!
-Y un bauprés es...
-Palo grueso, horizontal o algo inclinado, que en la proa de los barcos sirve para asegurar los estayes del trinquete, orientar los foques y algunos otros usos.
Y entonces le interrogan por los estayes, el trinquete y los foques... Y así hasta el infinito del hacerse el interesante.
¿Qué, se anima? Como ya ha quedado comprobado, entender de barcos y navegación nos puede permitir unos niveles de chulería personal expresada en el habla críptica sólo comparables a los del experto en informática o el médico dentista, con la ventaja de que los Siete Mares siempre resultan mucho más atractivos que una placa base Asus P8Z68-V Pro o el segundo premolar inferior izquierdo.
Por mi parte, yo he de confesar que jamás he sido capaz de ir más allá de proa, popa, babor y estribor.
domingo, 23 de octubre de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Cultura para el Pueblo.
-Cualquier año de estos nos acabarán pillando, macho.
-No, imposible.
Ésta era la conversación que mantenían Iván y Marcial mientras elaboraban el cartel de la XXVI edición del "Certamen Internacional del Artes Escénicas Experimentales Contemporáneas de Gracia del Río".
La idea del certamen la había tenido el doctor Pérez-Piñón en su época de alcalde, con la loable intención de acercar las vanguardias interpretativas mundiales al público de toda la provincia. La organización fue muy costosa, tanto en tiempo como en dinero, y menos mal que a la Diputación le encantó la idea e inyectó todos los fondos necesarios en las arcas municipales.
A la primera edición del C.I.A.E.E.C.G.R. asintió un total de un espectador: el propio doctor Pérez-Piñón. Nadie ponía en duda que todos aquellos señores de Noruega, Canadá y la China debían ser buenísimos en lo suyo, pero no los conocía nadie, y pagar una entrada cuando la función pinta muy rara y aburrida no es algo que se haga en Gracia del Río (o en toda la provincia). La tan generosa Diputación, por su parte, ni se digno a mandar a un representante, tan sólo solicitó que les enviaran una crónica con un par de fotos, para meterla en la memoria del Departamento de Cultura, donde quedó de lo más fina y fue la envidia de las provincias limítrofes.
Inasequible al desaliento, el doctor Pérez-Piñón organizó la segunda edición, con el mismo resultado: pasta desde la Diputación, señores muy raros de Noruega, Canadá y China actuando en exclusiva para él y la oportuna noticia en la memoria del Departamento de Cultura.
Para la tercera, el bueno de Pérez-Piñón ya había aprendido de sus errores y se limitó a enviar un programa ficticio a la Diputación, meter el dinero en las arcas municipales (sin quedarse él ni con un sólo duro, que Pérez-Piñón es honrado hasta cuando hace una golfada) y enviar una crónica también ficticia.
Más de dos décadas de programas inventados después, el C.I.A.E.E.C.G.R goza de un enorme prestigio en toda la región, siendo el abanderado del firme compromiso de la Diputación Provincial con la cultura, hasta tal punto que ninguno de los diferentes gobiernos que ha habido se ha planteado suprimir su patrocinio.
-¿Qué te parece esto: "El Desgarrador Grito del Campesino Siberiano: Recital de Danza-Poesía Rural Rusa con Boris Moscovov y Tatiana San Petersburgo a partir de textos del Colectivo Malakoa XXI"?
-¿Eso no lo pusimos ya el año pasado?
-Claro, es que gustaron mucho, por eso repiten.
-Ya, pues nada, adjudicados.
-No, imposible.
Ésta era la conversación que mantenían Iván y Marcial mientras elaboraban el cartel de la XXVI edición del "Certamen Internacional del Artes Escénicas Experimentales Contemporáneas de Gracia del Río".
La idea del certamen la había tenido el doctor Pérez-Piñón en su época de alcalde, con la loable intención de acercar las vanguardias interpretativas mundiales al público de toda la provincia. La organización fue muy costosa, tanto en tiempo como en dinero, y menos mal que a la Diputación le encantó la idea e inyectó todos los fondos necesarios en las arcas municipales.
A la primera edición del C.I.A.E.E.C.G.R. asintió un total de un espectador: el propio doctor Pérez-Piñón. Nadie ponía en duda que todos aquellos señores de Noruega, Canadá y la China debían ser buenísimos en lo suyo, pero no los conocía nadie, y pagar una entrada cuando la función pinta muy rara y aburrida no es algo que se haga en Gracia del Río (o en toda la provincia). La tan generosa Diputación, por su parte, ni se digno a mandar a un representante, tan sólo solicitó que les enviaran una crónica con un par de fotos, para meterla en la memoria del Departamento de Cultura, donde quedó de lo más fina y fue la envidia de las provincias limítrofes.
Inasequible al desaliento, el doctor Pérez-Piñón organizó la segunda edición, con el mismo resultado: pasta desde la Diputación, señores muy raros de Noruega, Canadá y China actuando en exclusiva para él y la oportuna noticia en la memoria del Departamento de Cultura.
Para la tercera, el bueno de Pérez-Piñón ya había aprendido de sus errores y se limitó a enviar un programa ficticio a la Diputación, meter el dinero en las arcas municipales (sin quedarse él ni con un sólo duro, que Pérez-Piñón es honrado hasta cuando hace una golfada) y enviar una crónica también ficticia.
Más de dos décadas de programas inventados después, el C.I.A.E.E.C.G.R goza de un enorme prestigio en toda la región, siendo el abanderado del firme compromiso de la Diputación Provincial con la cultura, hasta tal punto que ninguno de los diferentes gobiernos que ha habido se ha planteado suprimir su patrocinio.
-¿Qué te parece esto: "El Desgarrador Grito del Campesino Siberiano: Recital de Danza-Poesía Rural Rusa con Boris Moscovov y Tatiana San Petersburgo a partir de textos del Colectivo Malakoa XXI"?
-¿Eso no lo pusimos ya el año pasado?
-Claro, es que gustaron mucho, por eso repiten.
-Ya, pues nada, adjudicados.
sábado, 22 de octubre de 2011
Diccionario Balompédico-Onomástico de Jackson: Quedarse a Rematar el Córner.
¿Quién no ha ido, empujado por las circunstancias, a donde no suele? ¿Y quién de los anteriores no ha dicho aquello de: "ya que estoy aquí, pues..."?
Es un poco como el aguerrido defensa que, fuera de toda táctica o previsión, se ve implicado en un plan de gol al contragolpe. Ya sabe, corriendo como un poseso -melena al viento-, por el carril central del terreno de juego, mirando de reojo al compañero que vuela por la banda, y experimentando el contradictorio sentimiento que mezcla el ardoroso deseo de rematar la jugada con la convicción de que uno la va a mandar fuera del estadio. Mas, derrotando al miedo a fracasar, el defensa se arma de valor, levanta su brazo derecho y chilla como poseído por el espíritu del remate en plancha: "¡Ramírez, mírame!"
¡Qué iluso es el pobre defensa! El hombre de banda, tras levantar la cabeza, busca a cualquier otro compañero para rematar la jugada, con lo que nuestro amigo el defensa se ha pegado el carrerón de setenta metros para nada. Vencido, sólo le queda resoplar, escupir y, al tiempo que se sube las medias, mirar con cierto rencor al traidor autor del centro.
No obstante, si la jugada ha terminado en saque de esquina, lo que no resulta inusual con tanto portero dado al paradón ante un remate de cabeza, le queda a nuestro amigo en consuelo de quedarse a probar suerte, y ver si es capaz de traducir el córner en un remate de gol.
Y de ahí viene nuestra expresión de hoy: "Ya que he subido, me quedo a rematar el córner" o, simplemente, "quedarse a rematar el córner". Su significado es ése, que ya que uso se ha molestado en ir a un sitio, se va a prolongar un poco la visita para aprovecharse de alguna circunstancia.
Por ejemplo, si a uno le envían a dar un recado a un bar y allí decide tomarse algo; o si se visita una ciudad en viaje de negocios y se decide alargar la estancia un par de días dado que la localidad está en fiestas, en estos casos diremos -con toda propiedad- que: "nos quedamos a rematar el córner".
Es un poco como el aguerrido defensa que, fuera de toda táctica o previsión, se ve implicado en un plan de gol al contragolpe. Ya sabe, corriendo como un poseso -melena al viento-, por el carril central del terreno de juego, mirando de reojo al compañero que vuela por la banda, y experimentando el contradictorio sentimiento que mezcla el ardoroso deseo de rematar la jugada con la convicción de que uno la va a mandar fuera del estadio. Mas, derrotando al miedo a fracasar, el defensa se arma de valor, levanta su brazo derecho y chilla como poseído por el espíritu del remate en plancha: "¡Ramírez, mírame!"
¡Qué iluso es el pobre defensa! El hombre de banda, tras levantar la cabeza, busca a cualquier otro compañero para rematar la jugada, con lo que nuestro amigo el defensa se ha pegado el carrerón de setenta metros para nada. Vencido, sólo le queda resoplar, escupir y, al tiempo que se sube las medias, mirar con cierto rencor al traidor autor del centro.
No obstante, si la jugada ha terminado en saque de esquina, lo que no resulta inusual con tanto portero dado al paradón ante un remate de cabeza, le queda a nuestro amigo en consuelo de quedarse a probar suerte, y ver si es capaz de traducir el córner en un remate de gol.
Y de ahí viene nuestra expresión de hoy: "Ya que he subido, me quedo a rematar el córner" o, simplemente, "quedarse a rematar el córner". Su significado es ése, que ya que uso se ha molestado en ir a un sitio, se va a prolongar un poco la visita para aprovecharse de alguna circunstancia.
Por ejemplo, si a uno le envían a dar un recado a un bar y allí decide tomarse algo; o si se visita una ciudad en viaje de negocios y se decide alargar la estancia un par de días dado que la localidad está en fiestas, en estos casos diremos -con toda propiedad- que: "nos quedamos a rematar el córner".
viernes, 21 de octubre de 2011
Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Los Hermanos Roteja.
Los hijo únicos gozan de cierta mala fama entre el gremio de los maestros. Pase lo que pase, le pase lo que les pase, el análisis es siempre rápido y simple: es porque son hijos únicos.
Tienen casi tan mala fama como los hermanos Roteja. Con un padre que se limita a perder pelo, pagar las facturas y sonreír con timidez, la que mueve los hilos es la madre.
Alguna de las historias que se cuentan de la señora de Roteja -transmitidas por tradición oral de patio- forman parte ya de la crónica legendaria del centro: desde su inusitada capacidad para conseguir números particulares de profesores para hacerles todo tipo de consultas los fines de semana, hasta su antológica -y por sorpresa- aparición junto a un notario en el comedor del colegio para que se levantara acta de la, en sus palabras, "porquería inmunda que le dan de comer a mis hijos".
Volando bajo las alas de una auténtica arpía, los hermanitos Roteja no tienen por qué molestarse en madurar. Después de todo, mamá siempre está ahí para sacarles de cualquier apuro, para ser la abogada implacable que justifica y presiona hasta que sus hijos escapan impunes de todos sus trastadas.
Y no es que los Roteja sean malos chicos, en absoluto. Son, simplemente, infantiles, llorones y caprichosos, el simple resultado de una madre que les oculta permanentemente lo complicada que es la vida. No han aprendido a ser responsables, ordenados u organizados. ¿Para qué, teniendo en cuenta que, si se olvidan algo, mamá va corriendo para llevárselo al colegio?
Es frecuente hablar largo y tendido de los hermanos Roteja en las juntas de evaluación. Como puede usted suponer, son unos estudiantes bastante flojos, lo que, obviamente, es culpa "del colegio y sus inútiles profesores".
Con este panorama, José Luis Trestuestes suele decir que los hermanos Roteja son "hijos únicos los tres".
Es que a Trestuestes no le hacen mucha gracia los tópicos sobre los hijos únicos. Quizás porque él es uno de ellos.
Tienen casi tan mala fama como los hermanos Roteja. Con un padre que se limita a perder pelo, pagar las facturas y sonreír con timidez, la que mueve los hilos es la madre.
Alguna de las historias que se cuentan de la señora de Roteja -transmitidas por tradición oral de patio- forman parte ya de la crónica legendaria del centro: desde su inusitada capacidad para conseguir números particulares de profesores para hacerles todo tipo de consultas los fines de semana, hasta su antológica -y por sorpresa- aparición junto a un notario en el comedor del colegio para que se levantara acta de la, en sus palabras, "porquería inmunda que le dan de comer a mis hijos".
Volando bajo las alas de una auténtica arpía, los hermanitos Roteja no tienen por qué molestarse en madurar. Después de todo, mamá siempre está ahí para sacarles de cualquier apuro, para ser la abogada implacable que justifica y presiona hasta que sus hijos escapan impunes de todos sus trastadas.
Y no es que los Roteja sean malos chicos, en absoluto. Son, simplemente, infantiles, llorones y caprichosos, el simple resultado de una madre que les oculta permanentemente lo complicada que es la vida. No han aprendido a ser responsables, ordenados u organizados. ¿Para qué, teniendo en cuenta que, si se olvidan algo, mamá va corriendo para llevárselo al colegio?
Es frecuente hablar largo y tendido de los hermanos Roteja en las juntas de evaluación. Como puede usted suponer, son unos estudiantes bastante flojos, lo que, obviamente, es culpa "del colegio y sus inútiles profesores".
Con este panorama, José Luis Trestuestes suele decir que los hermanos Roteja son "hijos únicos los tres".
Es que a Trestuestes no le hacen mucha gracia los tópicos sobre los hijos únicos. Quizás porque él es uno de ellos.
jueves, 20 de octubre de 2011
Al Servicio de las Puertas.
Nunca en mi vida he habitado una casa con puerta de servicio, y eso imprime carácter. El carácter de que, para mí, todas las puertas, con tal de que te dejen pasar, son iguales.
No es lo mismo para cierta gente, la misma gente que inventó las puertas de servicio.Curioso concepto.
Sí, curioso, eso de que haya personal tan pendiente del asunto de las clases, que tiene que clasificar hasta las puertas de su casa. Y que una puerta sea la de la gente noble, la de los señores y los amigos de los señores y la del señor doctor, que viene a pasar consulta.
Mientras que otra es la de la "chica-muchacha-chacha" y el repartidor del super-mercado.
Porque, claro está, aquí siempre ha habido clases.
En el fondo, igual se trata de un trauma nacional, un trauma heredado de la historia. Quizás es un asunto cultural manifestado en las puertas grandes de las plazas de toros o las puertas elegidas para que entren en las ciudades los generales victoriosos. O en la puerta de atrás de los perdedores, o en la puerta falsa por la que se escapan los golfos.
Vamos, que aquí uno vale la puerta por la que pasa.
(O por la que una puede permitirse pasar, que es de sobra sabido que el dinero abre muchas puertas, o hace que te las abra un señor de uniforme, e incluso, si se tercia, el vil metal o el papel bellaco pueden hasta derribar puertas).
El concepto de "puerta de servicio" tuvo su prolongación natural con la llegada de los "ascensores de servicio". Para que se haga usted una idea de lo que pienso de ellos, tan sólo le comentaré que yo me crie en una casa sin ascensor.
Termino concluyendo, por fin, que me huele que este país hay mucho "gilipuertas".
No es lo mismo para cierta gente, la misma gente que inventó las puertas de servicio.Curioso concepto.
Sí, curioso, eso de que haya personal tan pendiente del asunto de las clases, que tiene que clasificar hasta las puertas de su casa. Y que una puerta sea la de la gente noble, la de los señores y los amigos de los señores y la del señor doctor, que viene a pasar consulta.
Mientras que otra es la de la "chica-muchacha-chacha" y el repartidor del super-mercado.
Porque, claro está, aquí siempre ha habido clases.
En el fondo, igual se trata de un trauma nacional, un trauma heredado de la historia. Quizás es un asunto cultural manifestado en las puertas grandes de las plazas de toros o las puertas elegidas para que entren en las ciudades los generales victoriosos. O en la puerta de atrás de los perdedores, o en la puerta falsa por la que se escapan los golfos.
Vamos, que aquí uno vale la puerta por la que pasa.
(O por la que una puede permitirse pasar, que es de sobra sabido que el dinero abre muchas puertas, o hace que te las abra un señor de uniforme, e incluso, si se tercia, el vil metal o el papel bellaco pueden hasta derribar puertas).
El concepto de "puerta de servicio" tuvo su prolongación natural con la llegada de los "ascensores de servicio". Para que se haga usted una idea de lo que pienso de ellos, tan sólo le comentaré que yo me crie en una casa sin ascensor.
Termino concluyendo, por fin, que me huele que este país hay mucho "gilipuertas".
miércoles, 19 de octubre de 2011
Don Quejica de la Mancha.
Todos conocemos a uno, dos o tres de éstos, de esas personas para las que todo está mal, indignantemente, intolerablemente, vergonzosamente mal.
La sopa está fría, su trabajo los tiene esclavizados, el entrenador de su equipo no saber alinear correctamente ni los cartuchos de una impresora.
Y es constante, y con esa constante cara de asco cansado con un toque de ira. O con un suspiro de irritación amarga regado con: "¡Hay que joderse!ª
Y resulta muy pesado para todo los que les rodean. Porque esta gente, ametrallando quejas constantes, contagia la horrenda sensación de que la existencia es una perenne porquería donde todo el universo conspira para hacernos infelices.
¿Y por qué lo hacen? ¿Es que, quizás, se creen mejores por no estar satisfechos? ¿Es porque se quieren hacer los importantes, los entendidos, los muy exigentes?
Pues, si lo que pretenden es hacerse los interesantes, a mí no me interesan en absoluto.
Porque se quejan de tener cosas que harían felices a millones de personas.
Se quejan de la comida, ignorando, despreciando, humillando, a la gente que se muere de hambre.
Se quejan de su trabajo, y con ello se burlan con crueldad de los que no tienen ni sueldo ni jornal,
E incluso llegan a tener la osadía de quejarse de la lluvia (como si que llueva fuera culpa de alguien), pero luego abren el grifo y quieren beber.
Pero si hasta tienen el descaro de quejarse de sus familias, de esa persona a la que juraron ante Dios amar hasta la muerte, de esos hijos que nadie les obligó a tener.
Te dirán que si te conformas eres tonto, que uno es un cliente y tiene la obligación y el derecho de que exigir.
Que digan lo que quieran, pero, por favor, que paren de quejarse tanto y sonrían un poquito más.
La sopa está fría, su trabajo los tiene esclavizados, el entrenador de su equipo no saber alinear correctamente ni los cartuchos de una impresora.
Y es constante, y con esa constante cara de asco cansado con un toque de ira. O con un suspiro de irritación amarga regado con: "¡Hay que joderse!ª
Y resulta muy pesado para todo los que les rodean. Porque esta gente, ametrallando quejas constantes, contagia la horrenda sensación de que la existencia es una perenne porquería donde todo el universo conspira para hacernos infelices.
¿Y por qué lo hacen? ¿Es que, quizás, se creen mejores por no estar satisfechos? ¿Es porque se quieren hacer los importantes, los entendidos, los muy exigentes?
Pues, si lo que pretenden es hacerse los interesantes, a mí no me interesan en absoluto.
Porque se quejan de tener cosas que harían felices a millones de personas.
Se quejan de la comida, ignorando, despreciando, humillando, a la gente que se muere de hambre.
Se quejan de su trabajo, y con ello se burlan con crueldad de los que no tienen ni sueldo ni jornal,
E incluso llegan a tener la osadía de quejarse de la lluvia (como si que llueva fuera culpa de alguien), pero luego abren el grifo y quieren beber.
Pero si hasta tienen el descaro de quejarse de sus familias, de esa persona a la que juraron ante Dios amar hasta la muerte, de esos hijos que nadie les obligó a tener.
Te dirán que si te conformas eres tonto, que uno es un cliente y tiene la obligación y el derecho de que exigir.
Que digan lo que quieran, pero, por favor, que paren de quejarse tanto y sonrían un poquito más.
martes, 18 de octubre de 2011
¿Quién Puede Matar a una Escolar?
El cuerpo inerte de la niña yacía bajo una manta gris en un charco de sangre.
Los motivos más obvios para que alguien mate a una cría de 14 años ya estaban descartados: los padres formaban un feliz matrimonio y ninguno de los dos tenía la importancia o los enemigos para que alguien pagara -mucho dinero- para hacer ese trabajo. Porque, sin duda, eso llevaba la firma de un profesional.
El asesino había entrado en el centro haciéndose pasar por un empleado de reparaciones. En otro sitio quizás alguien en recepción habría hecho alguna pregunta, para aquel era un colegio tranquilo en un barrio todavía más, por lo que una gorra de propaganda, un mono sucio y una caja de herramientas fueron pasaporte suficiente.
Con rapidez pero sin prisas, para no levantar sospechas, el sicario había subido hasta la cuarta planta, llegado a la penúltima aula, atravesado la puerta y, sin mediar palabra, le había descerrajado cuatro tiros a la pobre Elenita. Todos hicieron blanco.
Antes de alguien pudiera reaccionar, había tomado la cercana escalera de incendios y había accedido al patio, donde no fue difícil huir confundido entre los padres que estaban recogiendo a los niños pequeñitos.
Ahí se le perdió la pista.
* * *
En efecto, el asesino era profesional, pero no un gran profesional. Uno bueno de verdad no habría cimentado un detalle tan fundamental en una base tan débil.
A primera hora de la mañana, el chivato, haciéndose pasar por el papá de un niño en cama con gripe, había subido a las aulas en busca de un supuesto y vital cuaderno de ejercicios de inglés. Con esta excusa, había podido atravesar el pasillo y asomarse discretamente a las ventanas de las clases, hasta que localizó a la presa. Con la misión cumplida, bajó y volvió a pasar por recepción. "¡No se lo va a creer, me acaba de llamar mi mujer, que el cuaderno está en casa!" La conserje sí se lo creyó.
Nada más salir, el chivato usó el mismo móvil de la excusa para llamar al sicario: "La segunda de la tercera fila empezando por la ventana".
* * *
Todas las niñas de la clase lloraban histéricas, porque todas eran "superamigas de Elenita", pero había una más histérica que las demás.
-¡Mira la pobre Alba, qué mal lo está pasando!-comentó la de Lengua.
-Sí, es que estaba muy unida a Elenita.-respondió el de Física.
En efecto, Elenita y Alba eran muy amigas, tanto como para que la primera convenciera a la segunda de que le cambiara en sitio en inglés, de manera que pudiera estar junto a Morales, el repetidor de irresistible mirada de niño chungo de barrio que le tenía robado el corazón a Elenita. Alba accedió. Al fin y al cabo, el de Inglés nunca se enteraba de nada.
Alba sabía que había salvado la vida de puro milagro. Siempre le había atraído lo prohibido, sentir que era la niña mala y rebelde que hace cosas peligrosas le encantaba, pero estaba claro que esa vez se había metido en un lío gordo de verdad. Acababa de demostrarse que a esa gente no le gustaban un pelo los que se pasan de listos, y que no se cortaban a la hora de hacerles pagar.
No pasaría mucho tiempo antes de que se dieran cuenta de su error, y ésos no eran de los que fallan dos veces. ¿Qué hacer? Se lo podía contar a los policías, pero en lo que estaba metida era tan gordo que casi mejor que no.
En fin, pobre Elenita, siempre fue un poco pringada...
Los motivos más obvios para que alguien mate a una cría de 14 años ya estaban descartados: los padres formaban un feliz matrimonio y ninguno de los dos tenía la importancia o los enemigos para que alguien pagara -mucho dinero- para hacer ese trabajo. Porque, sin duda, eso llevaba la firma de un profesional.
El asesino había entrado en el centro haciéndose pasar por un empleado de reparaciones. En otro sitio quizás alguien en recepción habría hecho alguna pregunta, para aquel era un colegio tranquilo en un barrio todavía más, por lo que una gorra de propaganda, un mono sucio y una caja de herramientas fueron pasaporte suficiente.
Con rapidez pero sin prisas, para no levantar sospechas, el sicario había subido hasta la cuarta planta, llegado a la penúltima aula, atravesado la puerta y, sin mediar palabra, le había descerrajado cuatro tiros a la pobre Elenita. Todos hicieron blanco.
Antes de alguien pudiera reaccionar, había tomado la cercana escalera de incendios y había accedido al patio, donde no fue difícil huir confundido entre los padres que estaban recogiendo a los niños pequeñitos.
Ahí se le perdió la pista.
* * *
En efecto, el asesino era profesional, pero no un gran profesional. Uno bueno de verdad no habría cimentado un detalle tan fundamental en una base tan débil.
A primera hora de la mañana, el chivato, haciéndose pasar por el papá de un niño en cama con gripe, había subido a las aulas en busca de un supuesto y vital cuaderno de ejercicios de inglés. Con esta excusa, había podido atravesar el pasillo y asomarse discretamente a las ventanas de las clases, hasta que localizó a la presa. Con la misión cumplida, bajó y volvió a pasar por recepción. "¡No se lo va a creer, me acaba de llamar mi mujer, que el cuaderno está en casa!" La conserje sí se lo creyó.
Nada más salir, el chivato usó el mismo móvil de la excusa para llamar al sicario: "La segunda de la tercera fila empezando por la ventana".
* * *
Todas las niñas de la clase lloraban histéricas, porque todas eran "superamigas de Elenita", pero había una más histérica que las demás.
-¡Mira la pobre Alba, qué mal lo está pasando!-comentó la de Lengua.
-Sí, es que estaba muy unida a Elenita.-respondió el de Física.
En efecto, Elenita y Alba eran muy amigas, tanto como para que la primera convenciera a la segunda de que le cambiara en sitio en inglés, de manera que pudiera estar junto a Morales, el repetidor de irresistible mirada de niño chungo de barrio que le tenía robado el corazón a Elenita. Alba accedió. Al fin y al cabo, el de Inglés nunca se enteraba de nada.
Alba sabía que había salvado la vida de puro milagro. Siempre le había atraído lo prohibido, sentir que era la niña mala y rebelde que hace cosas peligrosas le encantaba, pero estaba claro que esa vez se había metido en un lío gordo de verdad. Acababa de demostrarse que a esa gente no le gustaban un pelo los que se pasan de listos, y que no se cortaban a la hora de hacerles pagar.
No pasaría mucho tiempo antes de que se dieran cuenta de su error, y ésos no eran de los que fallan dos veces. ¿Qué hacer? Se lo podía contar a los policías, pero en lo que estaba metida era tan gordo que casi mejor que no.
En fin, pobre Elenita, siempre fue un poco pringada...
lunes, 17 de octubre de 2011
Papá, Yo Dejo los Estudios y me Meto a Superhéroe.
-Papá, voy a dejar los estudios.
-¿Cómo que vas a dejar los estudios?
-Es que me he comido un bollo caducado que me he encontrado al pasar por la puerta de la central nuclear y me han entrado superpoderes.
-¿Y eso es razón para dejar de estudiar?
-Sí, me voy a meter a super-héroe.
-Pero de eso habrá una Formación Profesional o algo.
-No, ya lo he mirado. Se hace uno por libre.
-¿Qué pasa, Julián?
-Tu hijo, que ahora dice que se quiere meter a super-héroe.
-¿Sin terminar la Secundaria? ¡De ninguna manera!
-¡Pero si ahora tengo el poder de volar, fuerza sobrehumana y visión de rayos-X!
-¿Y qué? ¡Sin el diploma de Secundaria no te van a coger en ningún lado!
-¡Pero es que a los super-héroes no nos hace falta que nadie me contrate!
-¡Joder, autónomo, lo que te faltaba según están las cosas!
-¡Pues resulta que me ha llamado el alcalde para que salve a la ciudad de un meteorito que se va a estrellar contra el centro!
-Ya, pero los políticos vienen y van, y si ya te significas con éste, pues vas listo cuando venga el otro.
-Además, que hay mucha competencia, y seguro que los demás super-héroes tienen idiomas y programación. Y tú sólo inglés básica e informática a nivel usuario.
-Bueno, por lo vemos dejadme que vaya a lo del meteorito.
-¡Ha, no, eso sí que no! ¡Tú así, vestido de mamarracho con mallas, no sales a la calle!
-¿Cómo que vas a dejar los estudios?
-Es que me he comido un bollo caducado que me he encontrado al pasar por la puerta de la central nuclear y me han entrado superpoderes.
-¿Y eso es razón para dejar de estudiar?
-Sí, me voy a meter a super-héroe.
-Pero de eso habrá una Formación Profesional o algo.
-No, ya lo he mirado. Se hace uno por libre.
-¿Qué pasa, Julián?
-Tu hijo, que ahora dice que se quiere meter a super-héroe.
-¿Sin terminar la Secundaria? ¡De ninguna manera!
-¡Pero si ahora tengo el poder de volar, fuerza sobrehumana y visión de rayos-X!
-¿Y qué? ¡Sin el diploma de Secundaria no te van a coger en ningún lado!
-¡Pero es que a los super-héroes no nos hace falta que nadie me contrate!
-¡Joder, autónomo, lo que te faltaba según están las cosas!
-¡Pues resulta que me ha llamado el alcalde para que salve a la ciudad de un meteorito que se va a estrellar contra el centro!
-Ya, pero los políticos vienen y van, y si ya te significas con éste, pues vas listo cuando venga el otro.
-Además, que hay mucha competencia, y seguro que los demás super-héroes tienen idiomas y programación. Y tú sólo inglés básica e informática a nivel usuario.
-Bueno, por lo vemos dejadme que vaya a lo del meteorito.
-¡Ha, no, eso sí que no! ¡Tú así, vestido de mamarracho con mallas, no sales a la calle!
domingo, 16 de octubre de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Pinos de Pelea.
Ya se sabe que el ser humano, en cuanto se encuentra a un animal nuevo, lo primero que hace es ver si se lo puede comer, luego si se lo puede vestir, y, por último, si puede tirarle de un carro. Cuando no se da ninguna de estas situaciones, lo que se suele hacer es poner a dos a pelear para jugarse el dinero.
Pero la cuestión es que en Gracia de Río, desde tiempos muy remotos, nunca se encontraron cómodos con aquello de que dos perros, gallos o similares se mataran entre ellos. Es por eso que, en Gracia del Río, lo que hay por tradición son peleas de pinos.
Pero, no se crea, que las apuestas del género vegetal mueven tanta o más pasión y dinero que las de animales. La tradición dicta que los dos contendientes sean llevados a un claro del bosque, donde se les planta. Entonces, los apostantes, tras analizar a ambos competidores, tienen un máximo de una semana para personarse en el bar de Matías y realizar su pronóstico de pago.
(Con la máxima discreción, por favor, que las peleas de pinos, como las otras, son ilegales).
Y ya sólo queda esperar cinco años de nada. Pasado ese tiempo, los jueces se personan en el campo de batalla y certifican cuál ha sido el ganador. Es decir, cuál de los dos está más alto.
Sin duda no es tan emocionante y dinámico como otros tipos de peleas, pero resulta mucho más agradable a la vista que dos perros matándose a bocados, y, además el olor a pino siempre es más placentero que el de la sangre de un animal. Por no hablar de los beneficios para la salud del paseo que se da uno para ver cómo sigue la apuesta.
Como, por ejemplo, el que se dieron Iván y su fiel Marcial.
-¡Observa, Iván!
-¿El qué?
-Los dos pinos...¡Cómo se observan el uno al otro, si hasta se ven las chispas saltar! ¡Hay pique, y de los gordos! Estos no van a hacer prisioneros...
-Anda, calla y no me comprometas, que ya sabes que esto va contra la ley.
-¿Cuánto tienes metido?
-20 por el de la derecha.
-Pues yo le veo más fuerte al otro, y de esto entiendo.
-¡No me fastidies!
-¡Si es que nunca me consultas las cosas!
sábado, 15 de octubre de 2011
El Aficionado Ocasional.
Carpeteiño invitó al fútbol al comercial de la empresa de bragas al por mayor, porque cualquier español da por supuesto que a cualquier español le gusta el fútbol. El comercial aceptó encantado, lo que parecía confirmar las sospechas de Carpeteiño.
-¿Juega Pecinha?-interrogó solemne el comercial.
-No, está lesionado.
-¡Qué lastima!
-¡Cómo se nota que eres buen aficionado! No sólo te interesan los goles, sino también disfrutas viendo a un buen central en acción.
-¿Central?
-¿Eres de los que le ve más de lateral?
-No sé. Yo le veo de futbolista.
-¡Eso opino yo también, un todoterreno!
-¿Césped, tierra, cemento..?
-¡Sí, lo que le echen!
-Oye, ¿y por qué se ha parado ése?
-¡Eso digo yo! ¡Aunque te veas en fuera de juego, sigue la jugada hasta que el árbitro pite!
-¿Fuera de juego?
-Cierto, dudoso, dudoso.
-O sea, que el tío del pito les puede mandar pararse.
-¡Ya, yo tampoco soporto a los árbitros!
-¡Mira, el de la camiseta diferente es el más listo de todos! ¡La coge con la mano!
-Sí...
-Oye, y esto de llevar el balón de acá para allá, ¿con qué objeto es?
Moraleja: no porque alguien sea español y se sepa el nombre de un futbolista muy famoso, le importa un pimiento el fútbol.
-¿Juega Pecinha?-interrogó solemne el comercial.
-No, está lesionado.
-¡Qué lastima!
-¡Cómo se nota que eres buen aficionado! No sólo te interesan los goles, sino también disfrutas viendo a un buen central en acción.
-¿Central?
-¿Eres de los que le ve más de lateral?
-No sé. Yo le veo de futbolista.
-¡Eso opino yo también, un todoterreno!
-¿Césped, tierra, cemento..?
-¡Sí, lo que le echen!
-Oye, ¿y por qué se ha parado ése?
-¡Eso digo yo! ¡Aunque te veas en fuera de juego, sigue la jugada hasta que el árbitro pite!
-¿Fuera de juego?
-Cierto, dudoso, dudoso.
-O sea, que el tío del pito les puede mandar pararse.
-¡Ya, yo tampoco soporto a los árbitros!
-¡Mira, el de la camiseta diferente es el más listo de todos! ¡La coge con la mano!
-Sí...
-Oye, y esto de llevar el balón de acá para allá, ¿con qué objeto es?
Moraleja: no porque alguien sea español y se sepa el nombre de un futbolista muy famoso, le importa un pimiento el fútbol.
viernes, 14 de octubre de 2011
El Actor del Método del Mínimo Esfuerzo.
Un tío vestido de noble medieval cruzando tranquilamente la calle. La gente del barrio ya ni le ve, aunque alguno le saluda; los de fueran piensan que debe tratarse de algún truco publicitario, o que simplemente está como una regadera.
Hacer de Laertes tiene estas cosas: te vas a Francia a mitad del primer acto y no vuelves para vengar la muerte de tu hermana hasta la mitad del cuarto. Dos horas dos de esperar para volver a pisar el escenario.
Por eso Guy Ugagh, que siempre fue práctico y comodón, se alquiló un apartamento justo delante del teatro. ¿Qué sentido tiene la espera en el estrecho camerino, cuando se puede hacer en la comodidad del sofá de tu casa? Día tras día, función tras función, Guy se despide de su familia escénica y emprende el camino a casa. No se desviste ni se desmaquilla, que ya le he dicho que Guy Ugagh es un comodón de mucho cuidado.
El retorno está calculado: cuando el cuarto acto da comienzo, un oportuno telefonazo de un tramoyista advierte de que es hora de volver. Guy se estira el mono de cómico, hace como que se peina un poco y vuelve a cruzar la calle entre la división de opiniones.
-¿Dónde está mi padre?
Y así, día tras día, mes tras mes, -con suerte- año tras año (Hamlet siempre fue muy popular entre el público que visita la ciudad).
A veces le dicen a Guy que él tiene talento, que se ha acomodado, que podría pelear por interpretar hasta el papel del propio Hamlet. Él se limita a sonreír, encogerse de hombros y protestar: "¿Pretendes que me aprenda 1495 líneas? ¡Con las 206 de Laertes ya me basta y me sobra!"
Seguramente que Guy Ugagh nunca ganará un premio como actor, pero, como conformista y comodón, debería llevárselos todos.
Hacer de Laertes tiene estas cosas: te vas a Francia a mitad del primer acto y no vuelves para vengar la muerte de tu hermana hasta la mitad del cuarto. Dos horas dos de esperar para volver a pisar el escenario.
Por eso Guy Ugagh, que siempre fue práctico y comodón, se alquiló un apartamento justo delante del teatro. ¿Qué sentido tiene la espera en el estrecho camerino, cuando se puede hacer en la comodidad del sofá de tu casa? Día tras día, función tras función, Guy se despide de su familia escénica y emprende el camino a casa. No se desviste ni se desmaquilla, que ya le he dicho que Guy Ugagh es un comodón de mucho cuidado.
El retorno está calculado: cuando el cuarto acto da comienzo, un oportuno telefonazo de un tramoyista advierte de que es hora de volver. Guy se estira el mono de cómico, hace como que se peina un poco y vuelve a cruzar la calle entre la división de opiniones.
-¿Dónde está mi padre?
Y así, día tras día, mes tras mes, -con suerte- año tras año (Hamlet siempre fue muy popular entre el público que visita la ciudad).
A veces le dicen a Guy que él tiene talento, que se ha acomodado, que podría pelear por interpretar hasta el papel del propio Hamlet. Él se limita a sonreír, encogerse de hombros y protestar: "¿Pretendes que me aprenda 1495 líneas? ¡Con las 206 de Laertes ya me basta y me sobra!"
Seguramente que Guy Ugagh nunca ganará un premio como actor, pero, como conformista y comodón, debería llevárselos todos.
jueves, 13 de octubre de 2011
El Hombre que Llegó hasta el Infinito.
Hubo un hombre que, ejerciendo el supremo y sagrado derecho de consagrar la propia existencia a lo que te salga de las narices, se propuso ser el primero en llegar hasta el Infinito: Allá donde se juntan la líneas paralelas.
Tras años de caminar y caminar, por fin llegó un jueves por la tarde.
Y allí estaba un tío sentado.
-¡No me fastidie!, ¿qué hace usted aquí?
-Ya ve, tomando el Infinito.
-¿Lleva mucho tiempo?
-Sí, casi infinito. No, en serio -perdone el chiste fácil-, llevaré como unos tres años.
-¡Pues me ha chafado usted, porque yo quería ser el primero en llegar al Infinito: Allá donde se juntan las líneas paralelas!
-Ya, pasa con frecuencia. Lo mismo le dije yo al que estaba cuando llegué.
-!O sea que ni siquiera soy el segundo, soy el tercero!
-¡No qué va! ¡Debe ser usted como el veinte o así! Si tiene curiosidad, cuente las calaveras.
-¡Calaveras!
-En efecto, es que uno llega con al ilusión, y del berrinche mata al que está antes.
-¿Eso hizo usted?
-Y eso hará usted.
-¿Cómo puede decirlo con tanta sangre fría?
-Alivio más bien, que uno empieza a estar harto de tanto Infinito.
-¡Pero yo no soy un asesino!
-Pues nada, lo mejor es que se vuelva por donde ha venido.
Y así fue como aquel soñador, que no asesino, se volvió a casa. Allí le esperaba su mujer.
-¿Llegaste al Infinito: Allá donde se juntan la líneas paralelas, cariño?
-Llegué.
-¿Y qué tal?
-Psst, bastante decepcionante. Mucho turismo.
Tras años de caminar y caminar, por fin llegó un jueves por la tarde.
Y allí estaba un tío sentado.
-¡No me fastidie!, ¿qué hace usted aquí?
-Ya ve, tomando el Infinito.
-¿Lleva mucho tiempo?
-Sí, casi infinito. No, en serio -perdone el chiste fácil-, llevaré como unos tres años.
-¡Pues me ha chafado usted, porque yo quería ser el primero en llegar al Infinito: Allá donde se juntan las líneas paralelas!
-Ya, pasa con frecuencia. Lo mismo le dije yo al que estaba cuando llegué.
-!O sea que ni siquiera soy el segundo, soy el tercero!
-¡No qué va! ¡Debe ser usted como el veinte o así! Si tiene curiosidad, cuente las calaveras.
-¡Calaveras!
-En efecto, es que uno llega con al ilusión, y del berrinche mata al que está antes.
-¿Eso hizo usted?
-Y eso hará usted.
-¿Cómo puede decirlo con tanta sangre fría?
-Alivio más bien, que uno empieza a estar harto de tanto Infinito.
-¡Pero yo no soy un asesino!
-Pues nada, lo mejor es que se vuelva por donde ha venido.
Y así fue como aquel soñador, que no asesino, se volvió a casa. Allí le esperaba su mujer.
-¿Llegaste al Infinito: Allá donde se juntan la líneas paralelas, cariño?
-Llegué.
-¿Y qué tal?
-Psst, bastante decepcionante. Mucho turismo.
miércoles, 12 de octubre de 2011
A Nadie le Gusta Beber Solo (Pero Hay Veces que No Queda Más Remedio).
-La tía de la esquina está hablando con el gin-tonic.
-Déjala.
-¡Si es que lleva como veinte minutos de cháchara!
-¿Le está insultando?
-No.
-Entonces, todo normal.
-¿Es que hay veces que le insulta?
-¡Una vez hasta lo llevó a los tribunales!
-¡Está loca!
-Ya te digo, todo el mundo sabe que las bebidas alcohólicas tienen unos abogados cojonudos.
-O sea, que perdió.
-Exacto.
-¿Y dices que la tía esa viene mucho por aquí?
-Sí, no hay día que perdone el pelotazo...¡Con decirte que soy el padrino de bautizo de uno de sus hijos!
-¿Y por qué no está con ellos?
-¿Con quién?
-¡Con sus hijos!
-No sé, pregúntaselo al gin-tonic, que con todo lo que charlan seguro que se sabe toda su vida.
-¿Y crees que a mí me contestará?
-Sinceramente, muchacho, espero que no. Cuando uno habla con el contenido de un vaso de tubo, tiene un problema serio.
-¡Pues a eso me refería al comienzo de esta conversación!
-¿Y crees que no hemos intentado ayudarla una y mil veces? ¡Anda, vete a ver qué quieren los que se acaban de sentar en esa mesa de ahí!
-Déjala.
-¡Si es que lleva como veinte minutos de cháchara!
-¿Le está insultando?
-No.
-Entonces, todo normal.
-¿Es que hay veces que le insulta?
-¡Una vez hasta lo llevó a los tribunales!
-¡Está loca!
-Ya te digo, todo el mundo sabe que las bebidas alcohólicas tienen unos abogados cojonudos.
-O sea, que perdió.
-Exacto.
-¿Y dices que la tía esa viene mucho por aquí?
-Sí, no hay día que perdone el pelotazo...¡Con decirte que soy el padrino de bautizo de uno de sus hijos!
-¿Y por qué no está con ellos?
-¿Con quién?
-¡Con sus hijos!
-No sé, pregúntaselo al gin-tonic, que con todo lo que charlan seguro que se sabe toda su vida.
-¿Y crees que a mí me contestará?
-Sinceramente, muchacho, espero que no. Cuando uno habla con el contenido de un vaso de tubo, tiene un problema serio.
-¡Pues a eso me refería al comienzo de esta conversación!
-¿Y crees que no hemos intentado ayudarla una y mil veces? ¡Anda, vete a ver qué quieren los que se acaban de sentar en esa mesa de ahí!
martes, 11 de octubre de 2011
El Perverso Razonamiento de la Excepción.
Un Fulanito de Tal fracasó en la escuela, pero se convirtió en un genio de...
Mil millones de Fulanitos de Tal fracasaron en la escuela, y no les fue mucho mejor en la vida. Ninguno fue un genio de nada.
Lo malo es que todo el mundo habla de un Fulanito del Tal, y nadie de mil millones de Fulanitos de Tal, por lo que se acaba haciendo el perverso razonamiento de que el fracaso en una etapa temprana de la vida es parte del camino hacia el éxito.
Lo mismo es aplicable a los negocios (todo el mundo conoce a un tienda de telas se convierte en todo un imperio, y se olvidan de miles de tiendas de telas jamás pasan de eso, si es sobreviven y no cierran), y a casi cualquier ámbito de la vida: señalar los fracasos de aquellos que acabaron teniendo éxito, y silenciar los fracasos de aquellos que se estrellaron una y otra vez contra la pared de la frustración.
Sé que la intención es buena, que se pretende animar a las personas, persuadir a los soñadores de que no abandonen su ideal. Pero, en la práctica, esto muchas veces se traduce en que hay jóvenes a los que no les preocupa su formación porque, al fin y al cabo, Fulanito de Tal también suspendía en la escuela y le ha ido estupendamente en la vida. (Esto enlaza con ese convencimiento tan común entre los adolescentes de que uno tiene un inmenso talento artístico, científico o empresarial, pero jamás "para las cosas del cole").
Así pues, si usted tiene 18 años, está en paro, no ha estudiado más allá de la Primaria, vive en casa de sus padres (antiguos nuevos ricos muy venidos a menos) y se acaba de casar de penalty con una mujer mucho mayor que usted, no se haga ilusiones: difícilmente se va a convertir en uno de los más importantes genios literarios de la historia universal.
Ya sé que uno lo hizo, pero no era usted, lo siento mucho. Porque usted es uno de tantos millones de Fulanitos de Tal
Y el otro era el único e inigualable William Shakespeare.
Mil millones de Fulanitos de Tal fracasaron en la escuela, y no les fue mucho mejor en la vida. Ninguno fue un genio de nada.
Lo malo es que todo el mundo habla de un Fulanito del Tal, y nadie de mil millones de Fulanitos de Tal, por lo que se acaba haciendo el perverso razonamiento de que el fracaso en una etapa temprana de la vida es parte del camino hacia el éxito.
Lo mismo es aplicable a los negocios (todo el mundo conoce a un tienda de telas se convierte en todo un imperio, y se olvidan de miles de tiendas de telas jamás pasan de eso, si es sobreviven y no cierran), y a casi cualquier ámbito de la vida: señalar los fracasos de aquellos que acabaron teniendo éxito, y silenciar los fracasos de aquellos que se estrellaron una y otra vez contra la pared de la frustración.
Sé que la intención es buena, que se pretende animar a las personas, persuadir a los soñadores de que no abandonen su ideal. Pero, en la práctica, esto muchas veces se traduce en que hay jóvenes a los que no les preocupa su formación porque, al fin y al cabo, Fulanito de Tal también suspendía en la escuela y le ha ido estupendamente en la vida. (Esto enlaza con ese convencimiento tan común entre los adolescentes de que uno tiene un inmenso talento artístico, científico o empresarial, pero jamás "para las cosas del cole").
Así pues, si usted tiene 18 años, está en paro, no ha estudiado más allá de la Primaria, vive en casa de sus padres (antiguos nuevos ricos muy venidos a menos) y se acaba de casar de penalty con una mujer mucho mayor que usted, no se haga ilusiones: difícilmente se va a convertir en uno de los más importantes genios literarios de la historia universal.
Ya sé que uno lo hizo, pero no era usted, lo siento mucho. Porque usted es uno de tantos millones de Fulanitos de Tal
Y el otro era el único e inigualable William Shakespeare.
lunes, 10 de octubre de 2011
La Espiral.
-¿Ves como el trabajo que hacían tres lo podía hacer uno solo perfectamente?
-Hombre, tanto como perfectamente...
-¡Joder, había que hacer 20 informes al día, y el tío este los hace!
-Los hacía.
-Bueno, pues los hacía.
-Ya, pero es que ya es el tercero que se nos muere de agotamiento este año.
-¡Mucho vago y mucho cagón hay en este país! Además, tres pensiones que ahorramos.
-¿Y ahora qué hacemos?
-¡Joder, pues coger a otro, generar empleo!
-¿Y a la viuda?
-Le mandas una corona. Pero esta vez que se vea bien claro el nombre de la empresa.
-Creo que tenía dos hijos.
-¿Y a mí qué me cuentas? ¡Tener un hijo es una cosa muy seria, una responsabilidad! Si no vas a poder mantenerlos, no los tengas.
-Digo yo de abrirles una cartilla o algo.
-¿Una cartilla? ¡Somos una "empresa con corazón" no una ONG!
-Ya
-Pues eso.
-Por cierto, ayer llamó el jefazo, que hoy viene a reunirse con nosotros a las 4.
-¿Que querrá?
-Pues no lo sé, pero se rumorea que, como lo de los recortes de personal está funcionando tan bien, se van a aplicar ahora a mandos medios.
-¡No me jodas, si es lo que somos tú y yo!
-Exacto, macho, y el rumor dice que que nos echan a Ramos y a mí. O sea, que yo me voy a la calle, pero tú...
...tú te vas de cabeza al hoyo.
-Hombre, tanto como perfectamente...
-¡Joder, había que hacer 20 informes al día, y el tío este los hace!
-Los hacía.
-Bueno, pues los hacía.
-Ya, pero es que ya es el tercero que se nos muere de agotamiento este año.
-¡Mucho vago y mucho cagón hay en este país! Además, tres pensiones que ahorramos.
-¿Y ahora qué hacemos?
-¡Joder, pues coger a otro, generar empleo!
-¿Y a la viuda?
-Le mandas una corona. Pero esta vez que se vea bien claro el nombre de la empresa.
-Creo que tenía dos hijos.
-¿Y a mí qué me cuentas? ¡Tener un hijo es una cosa muy seria, una responsabilidad! Si no vas a poder mantenerlos, no los tengas.
-Digo yo de abrirles una cartilla o algo.
-¿Una cartilla? ¡Somos una "empresa con corazón" no una ONG!
-Ya
-Pues eso.
-Por cierto, ayer llamó el jefazo, que hoy viene a reunirse con nosotros a las 4.
-¿Que querrá?
-Pues no lo sé, pero se rumorea que, como lo de los recortes de personal está funcionando tan bien, se van a aplicar ahora a mandos medios.
-¡No me jodas, si es lo que somos tú y yo!
-Exacto, macho, y el rumor dice que que nos echan a Ramos y a mí. O sea, que yo me voy a la calle, pero tú...
...tú te vas de cabeza al hoyo.
domingo, 9 de octubre de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Tocata y Fuga.
-Padre, ¿por qué esto de la Religión es como un secuestro?
"Peralín" y su infinita e imprevisible capacidad para sorprender.
-¿Un secuestro?
-Sí, los curas te hablan como en las películas de mafiosos: "venga conmigo, haga cada cosa que yo le mande sin rechistar ni hacerme preguntas, y todo irá bien"
¿Cómo quitarle la razón a "Peralín" cuando parece tan evidente que la lleva?
Y, según tú, ¿cómo debería ser?
-¡Pues que cada cual lea los Libros Sagrados y pueda vivir la Religión como le parezca y sienta!
-O sea, que lo que te disgusta es que otro interprete las cosas por ti.
-¡Eso!
Entonces, seguramente porque fue la única manera que se le ocurrió para salir del paso, Don Cosme cogió su viejo radio-cassette y, tras seleccionar una cinta, la metió y dio al "play".
-¿Sabes qué es?
-No, pero me suena a película de vampiros.
-Sí, a mí también...Pero se llama "Tocata y fuga" y lo escribió un señor llamado Johann Sebastian Bach, y me temo que no con la intención de que nadie pensara en vampiros. Pero es bonito, ¿no?
-Bastante.
Entonces, Don Cosme paró la música y le indicó a "Peralín" que le siguiera.
-La partitura debe de estar por aquí, entre todas las del órgano...¡Ah, la encontré!
Don Cosme colocó el pentagrama en su sitio y, tras estirar los dedos de un modo muy en exceso teatral, empezó a tocar.
-¡Pero Padre!, ¿usted dónde ha aprendido a tocar el órgano tan mal?
-No he aprendido.
-Se nota, se nota.
-¿Ves?, La partitura es la misma, pero también es muy importante cómo se interprete.
Entonces, "Peralín" tomó una Biblia que yacía despistada en uno de los bancos de la parroquia.
-¿Y quién es el que mejor toca esta partitura, Padre?
Acorralado en un callejón sin salida, a Don Cosme no le quedo sino rendirse a la sinceridad.
-Pues dicen que unos señores que tienen una técnica buenísima porque han estudiado mucho, pero a mí me parece que les falta sentimiento.Yo creo que el mejor interprete de esto es tu corazón...pero no lo vayas contado por ahí, ¿vale?
"Peralín" y su infinita e imprevisible capacidad para sorprender.
-¿Un secuestro?
-Sí, los curas te hablan como en las películas de mafiosos: "venga conmigo, haga cada cosa que yo le mande sin rechistar ni hacerme preguntas, y todo irá bien"
¿Cómo quitarle la razón a "Peralín" cuando parece tan evidente que la lleva?
Y, según tú, ¿cómo debería ser?
-¡Pues que cada cual lea los Libros Sagrados y pueda vivir la Religión como le parezca y sienta!
-O sea, que lo que te disgusta es que otro interprete las cosas por ti.
-¡Eso!
Entonces, seguramente porque fue la única manera que se le ocurrió para salir del paso, Don Cosme cogió su viejo radio-cassette y, tras seleccionar una cinta, la metió y dio al "play".
-¿Sabes qué es?
-No, pero me suena a película de vampiros.
-Sí, a mí también...Pero se llama "Tocata y fuga" y lo escribió un señor llamado Johann Sebastian Bach, y me temo que no con la intención de que nadie pensara en vampiros. Pero es bonito, ¿no?
-Bastante.
Entonces, Don Cosme paró la música y le indicó a "Peralín" que le siguiera.
-La partitura debe de estar por aquí, entre todas las del órgano...¡Ah, la encontré!
Don Cosme colocó el pentagrama en su sitio y, tras estirar los dedos de un modo muy en exceso teatral, empezó a tocar.
-¡Pero Padre!, ¿usted dónde ha aprendido a tocar el órgano tan mal?
-No he aprendido.
-Se nota, se nota.
-¿Ves?, La partitura es la misma, pero también es muy importante cómo se interprete.
Entonces, "Peralín" tomó una Biblia que yacía despistada en uno de los bancos de la parroquia.
-¿Y quién es el que mejor toca esta partitura, Padre?
Acorralado en un callejón sin salida, a Don Cosme no le quedo sino rendirse a la sinceridad.
-Pues dicen que unos señores que tienen una técnica buenísima porque han estudiado mucho, pero a mí me parece que les falta sentimiento.Yo creo que el mejor interprete de esto es tu corazón...pero no lo vayas contado por ahí, ¿vale?
sábado, 8 de octubre de 2011
El Señor.
-¿Y encima le tenemos que dar las gracias?
-Bueno, nos da trabajo.
-Aunque no sea digno...
-¡Qué poca memoria tienes, acuérdate de hace un año! ¿Prefieres morirte de hambre?
-No, supongo que es mejor morirse de vergüenza.
-La gente como tú y como yo no puede permitirse lujos.
-Claro, nos tenemos que limitar a subsistir. Y encima estar agradecidos.
-¡Pues sí, mira, agradecidos porque el señor nos permite ganarnos la vida!
-Por supuesto, es señor es muy bueno, el señor nos hace el favor de hacerle el trabajo sucio a cambio de cuatro perras.
-¡Eres un desagradecido! ¡Nos estaría bien empleado que el señor nos mandara a la calle!
-No lo hará. Le hace falta alguien que haga eso por él.
-¡No sé qué pretendes!
-Sólo no tener que bajar la cabeza y la mirada ante nadie; sólo que se me respete; sólo que el señor comprenda que, sin nosotros, tendría que recoger él mismo su propia mierda. Sólo tener un nombre, y no ser: "¡oye, tú!". Sólo ser una persona, no una máquina.
-¡Claro, como no tienes hijos te puedes permitir jugar a hacerte el orgulloso!
-¿Y es eso lo que les vas a enseñar, a estarle agradecido al señor? ¡Qué mierda de herencia!
-¡Eres un imbécil!
-Ya somos dos.
-Bueno, nos da trabajo.
-Aunque no sea digno...
-¡Qué poca memoria tienes, acuérdate de hace un año! ¿Prefieres morirte de hambre?
-No, supongo que es mejor morirse de vergüenza.
-La gente como tú y como yo no puede permitirse lujos.
-Claro, nos tenemos que limitar a subsistir. Y encima estar agradecidos.
-¡Pues sí, mira, agradecidos porque el señor nos permite ganarnos la vida!
-Por supuesto, es señor es muy bueno, el señor nos hace el favor de hacerle el trabajo sucio a cambio de cuatro perras.
-¡Eres un desagradecido! ¡Nos estaría bien empleado que el señor nos mandara a la calle!
-No lo hará. Le hace falta alguien que haga eso por él.
-¡No sé qué pretendes!
-Sólo no tener que bajar la cabeza y la mirada ante nadie; sólo que se me respete; sólo que el señor comprenda que, sin nosotros, tendría que recoger él mismo su propia mierda. Sólo tener un nombre, y no ser: "¡oye, tú!". Sólo ser una persona, no una máquina.
-¡Claro, como no tienes hijos te puedes permitir jugar a hacerte el orgulloso!
-¿Y es eso lo que les vas a enseñar, a estarle agradecido al señor? ¡Qué mierda de herencia!
-¡Eres un imbécil!
-Ya somos dos.
viernes, 7 de octubre de 2011
Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: La Encuesta.
En sus propias palabras, don José es "del 12% de la población que no se cree los datos de las encuestas y los estudios, más aún si son sociológicos".
Pero, aun así, ahí estaba, rellenando una enviada por el Ministerio. "Seré cómplice de un acto de flagrante falseamiento de la realidad", se limitó a decir mientras abría el cuadernillo por la primera página.
-¿Que defina qué es para mí la Educación? ¡Estupendo, el Ministerio de Educación quiere que le explique a qué se dedican exactamente! Pues muy sencillo: "Tratar de enseñarle cosas a dos tipos de personas: unas sin el mejor interés por aprender, y otras que creen firmemente saberlo ya todo".
-¿Cuál es la mayor dificultad que encuentro en mi trabajo? Sencillo, "todo el tiempo que pierdo haciendo tareas no relacionadas con la enseñanza, por ejemplo, rellenando encuestas".
-¿Qué haría para mejorar la Educación? "Llevo treinta años diciéndoselo y no me hacen caso, así que mejor lo dejo en blanco esta vez. Y, de todos modos, los expertos son ustedes".
-¿Cree que su trabajo está bien remunerado? ¡Otra estupidez! "¿Creen ustedes que alguien al que le interesa un trabajo bien remunerado se mete profesor?"
-¿Opina que su trabajo está reconocido por los padres de sus alumnos? "Hay muchos que sí reconocen lo que haces, aunque en otras ocasiones lo que quieres es que no te reconozcan a ti cuando sales del colegio".
-¿Utiliza las nuevas tecnologías en el aula? "No, porque una vez intenté hablarle a un ordenador en Latín y no me entendió".
Por último, don José escribió un nombre y dos apellidos bajo la última pregunta, pese a que sabía a la perfección que la encuesta era anónima.
No era su nombre, sino el de su padre. Don José siempre ha mantenido que uno se queda mucho más a gusto cuando se caga en alguien en concreto.
Pero, aun así, ahí estaba, rellenando una enviada por el Ministerio. "Seré cómplice de un acto de flagrante falseamiento de la realidad", se limitó a decir mientras abría el cuadernillo por la primera página.
-¿Que defina qué es para mí la Educación? ¡Estupendo, el Ministerio de Educación quiere que le explique a qué se dedican exactamente! Pues muy sencillo: "Tratar de enseñarle cosas a dos tipos de personas: unas sin el mejor interés por aprender, y otras que creen firmemente saberlo ya todo".
-¿Cuál es la mayor dificultad que encuentro en mi trabajo? Sencillo, "todo el tiempo que pierdo haciendo tareas no relacionadas con la enseñanza, por ejemplo, rellenando encuestas".
-¿Qué haría para mejorar la Educación? "Llevo treinta años diciéndoselo y no me hacen caso, así que mejor lo dejo en blanco esta vez. Y, de todos modos, los expertos son ustedes".
-¿Cree que su trabajo está bien remunerado? ¡Otra estupidez! "¿Creen ustedes que alguien al que le interesa un trabajo bien remunerado se mete profesor?"
-¿Opina que su trabajo está reconocido por los padres de sus alumnos? "Hay muchos que sí reconocen lo que haces, aunque en otras ocasiones lo que quieres es que no te reconozcan a ti cuando sales del colegio".
-¿Utiliza las nuevas tecnologías en el aula? "No, porque una vez intenté hablarle a un ordenador en Latín y no me entendió".
Por último, don José escribió un nombre y dos apellidos bajo la última pregunta, pese a que sabía a la perfección que la encuesta era anónima.
No era su nombre, sino el de su padre. Don José siempre ha mantenido que uno se queda mucho más a gusto cuando se caga en alguien en concreto.
jueves, 6 de octubre de 2011
Veinte Verdades Deportivas y una Mentira Desesperada.
1-El frontón es como el tenis, sólo que tienes más a mano al contrario para insultarle y no hay que preocuparse de desmontar la dichosa red.
2-El tenis es como el voilebol, sólo que tienes que acordarte de traer la raqueta y no le puedes la echar la culpa de todo a los compañeros.
3-Un jugador de balonmano desconoce la impaciencia, acostumbrados como están a unos ataques que parecen gestiones en un ministerio.
4-Un jugador de balonmano intentó correr una maratón. Fue ahí donde aprendió el concepto de impaciencia.
5-La gente que usa la expresión "apostar a caballo ganador" no ha pisado un hipódromo en su vida.
6-Un partido de baloncesto no lo gana quién mete más canastas, sino quién mete más puntos.
7-El ping-pong lo inventó un aficionado al tenis que no tenía chalet.
8-El fútbol americano lo inventó un aficionado al ajedrez que sí tenía chalet.
9-Las carreras de velocidad las inventó un mamut cabreado.
10-Cualquier inglés te enseñará su idioma, pero ninguno te revelará las reglas del cricket.
11-Cuando te conceden la ciudadanía norteamericana, te entregan un pasaporte y la capacidad de disfrutar del béisbol
12-El béisbol en muy aburrido, porque siempre ganan los mismos: los vendedores de perritos calientes y refrescos.
13-Cualquier buen aficionado al fútbol considera que aprender a contar más allá del 120 una absoluta pérdida de tiempo.
14-Había tres amigos: dos eran muy inteligentes y se pasaban todas las tardes fuera de casa jugando al ajedrez. Mientras, el tercero, que era muy listo, jugaba a las damas.
15-En ciclismo, lo peor no es perder, sino perderse.
16-Sabes que se te están acabando las vacaciones en la playa el día que ya no te apetece jugar a la petanca.
17-Sería una buena idea que hubiera estilos en el atletismo, al igual que en natación: carrera a la pata coja, haciendo el pino, de espaldas...
18-Si le vas a dar una buena noticia a un gimnasta, mejor que te apartes rápido.
19-No importa la superficie, alguien terminará jugando al hockey sobre ella.
20-Se debería aplicar el sistema de cinturones a todos los deportes. ¿A quién no le gustaría ser cinturón negro de fútbol-sala?
Los veranos uno está muy tranquilo y feliz porque el fútbol descansa.
2-El tenis es como el voilebol, sólo que tienes que acordarte de traer la raqueta y no le puedes la echar la culpa de todo a los compañeros.
3-Un jugador de balonmano desconoce la impaciencia, acostumbrados como están a unos ataques que parecen gestiones en un ministerio.
4-Un jugador de balonmano intentó correr una maratón. Fue ahí donde aprendió el concepto de impaciencia.
5-La gente que usa la expresión "apostar a caballo ganador" no ha pisado un hipódromo en su vida.
6-Un partido de baloncesto no lo gana quién mete más canastas, sino quién mete más puntos.
7-El ping-pong lo inventó un aficionado al tenis que no tenía chalet.
8-El fútbol americano lo inventó un aficionado al ajedrez que sí tenía chalet.
9-Las carreras de velocidad las inventó un mamut cabreado.
10-Cualquier inglés te enseñará su idioma, pero ninguno te revelará las reglas del cricket.
11-Cuando te conceden la ciudadanía norteamericana, te entregan un pasaporte y la capacidad de disfrutar del béisbol
12-El béisbol en muy aburrido, porque siempre ganan los mismos: los vendedores de perritos calientes y refrescos.
13-Cualquier buen aficionado al fútbol considera que aprender a contar más allá del 120 una absoluta pérdida de tiempo.
14-Había tres amigos: dos eran muy inteligentes y se pasaban todas las tardes fuera de casa jugando al ajedrez. Mientras, el tercero, que era muy listo, jugaba a las damas.
15-En ciclismo, lo peor no es perder, sino perderse.
16-Sabes que se te están acabando las vacaciones en la playa el día que ya no te apetece jugar a la petanca.
17-Sería una buena idea que hubiera estilos en el atletismo, al igual que en natación: carrera a la pata coja, haciendo el pino, de espaldas...
18-Si le vas a dar una buena noticia a un gimnasta, mejor que te apartes rápido.
19-No importa la superficie, alguien terminará jugando al hockey sobre ella.
20-Se debería aplicar el sistema de cinturones a todos los deportes. ¿A quién no le gustaría ser cinturón negro de fútbol-sala?
Los veranos uno está muy tranquilo y feliz porque el fútbol descansa.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Cerrar Fuego.
"Cerrar Fuego" sería un buen título para un poema pacifista de esos.
Sí, a la gente que consume este tipo de producto le gusta esta clase de frases: tienen estilo, son pegadizas, son sonoras...Habrá que hacer camisetas
El poema, o, ¿por qué no?, la letra de una canción, se haría de inmediato popular. La gente lo aprendería de memoria para corearlo en los conciertos. Todos con la camiseta puesta, por supuesto. Puede que hasta a algún artista norteamericano le dé por hacer una versión
Podríamos continuar el poema, o la canción, con más frases pegadizas y llenas de contenido: "Encañonar a las pistolas con besos", "No más campo de batalla que tu piel desnuda" o "Hacer prisionera a la violencia, y condenarla al eterno destierro de las cosas absurdas".
Y seguir hasta el infinito...Basta con coger todo lo relacionado con la guerra y combinarlo con algo bello, como quien hace un cuba libre de versos baratos.
¡A la gente le encantan -también- eso cubatas! (Le emborrachan la conciencia).
Ya ve, no es difícil escribir sobre la paz y que a la gente le guste. Y que te proclamen poeta a los cuatro vientos, que te distingan con premios excelentemente dotados de pasta y prestigio, que te admiren...(y le pongan tu nombre a un parque público lleno de palomitas de esas que dan buena imagen cuando el alcalde las suelta el día de la inauguración, pero luego se acaban cagando en tu merienda).
Y, ¡faltaría más!, que adornen con tus frases (y tu rostro con la mirada perdida hacia el infinito) sus camisetas.
A la gente le gusta apoyar a la paz, porque eso tampoco compromete realmente a nada.
A la gente le encanta apoyar a la paz, mientras eso no les impida seguir librando sus guerras
Sí, a la gente que consume este tipo de producto le gusta esta clase de frases: tienen estilo, son pegadizas, son sonoras...Habrá que hacer camisetas
El poema, o, ¿por qué no?, la letra de una canción, se haría de inmediato popular. La gente lo aprendería de memoria para corearlo en los conciertos. Todos con la camiseta puesta, por supuesto. Puede que hasta a algún artista norteamericano le dé por hacer una versión
Podríamos continuar el poema, o la canción, con más frases pegadizas y llenas de contenido: "Encañonar a las pistolas con besos", "No más campo de batalla que tu piel desnuda" o "Hacer prisionera a la violencia, y condenarla al eterno destierro de las cosas absurdas".
Y seguir hasta el infinito...Basta con coger todo lo relacionado con la guerra y combinarlo con algo bello, como quien hace un cuba libre de versos baratos.
¡A la gente le encantan -también- eso cubatas! (Le emborrachan la conciencia).
Ya ve, no es difícil escribir sobre la paz y que a la gente le guste. Y que te proclamen poeta a los cuatro vientos, que te distingan con premios excelentemente dotados de pasta y prestigio, que te admiren...(y le pongan tu nombre a un parque público lleno de palomitas de esas que dan buena imagen cuando el alcalde las suelta el día de la inauguración, pero luego se acaban cagando en tu merienda).
Y, ¡faltaría más!, que adornen con tus frases (y tu rostro con la mirada perdida hacia el infinito) sus camisetas.
A la gente le gusta apoyar a la paz, porque eso tampoco compromete realmente a nada.
A la gente le encanta apoyar a la paz, mientras eso no les impida seguir librando sus guerras
martes, 4 de octubre de 2011
Don Eustaquio Fontacorta García, un Zombi de Orden.
Cuando, a causa de un mágico hechizo lanzado por un pérfido nigromante, todos los muertos del cementerio salieron de sus tumbas, don Eustaquio Fontacorta lo primero que hizo fue ir a regularizar su situación administrativa.
-Buenos días, señorita.
-Buenos días, caballero. ¿Qué desea?
-Pues mire, venía a anular mi partida de defunción.
-Muy bien, caballero. Rellene este impreso.
-Muchas gracias...Oiga, en lo de "causa de resurrección", ¿qué pongo?
-Es usted un zombi, ¿verdad?
-Sí, ¿en que lo ha notado?
-En los andares.
-Ya.
-Bueno, pues ponga "zombi" y con eso ya vale.
-Muy bien, pues ya está.
-¿Me permite el DNI?
-Tenga.
-Veo que mando que le enterraran documentado. Es usted un hombre previsor.
-Y de orden.
-¡Oiga, que esto está caducado!
-Es que no he podido ir a renovarlo, y, además, estando muerto, igual no me habían dado uno nuevo.
-Pues es que con el DNI caducado el ordenador no me deja.
-¿Y qué hacemos ahora?
-Pues yo que usted iba a la ventanilla de "Nacimientos" y solicitaba un certificado de "Recién Muerto Viviente"
-De acuerdo, eso haré.
Y, hecha la gestión, y con la satisfacción de haber cumplido su obligación de buen ciudadano, don Eustaquio se compró el periódico que usted y yo estamos pensando, se fue a su casa a leerlo y a echarse la siesta, para luego dedicar el resto de la tarde a sembrar el pánico por su barrio atacando a la gente y comiéndose sus cerebros. Tras darles las "buenas tardes", eso sí.
Que don Eustaquio, además de ser una persona de orden, siempre fue muy educado.
-Buenos días, señorita.
-Buenos días, caballero. ¿Qué desea?
-Pues mire, venía a anular mi partida de defunción.
-Muy bien, caballero. Rellene este impreso.
-Muchas gracias...Oiga, en lo de "causa de resurrección", ¿qué pongo?
-Es usted un zombi, ¿verdad?
-Sí, ¿en que lo ha notado?
-En los andares.
-Ya.
-Bueno, pues ponga "zombi" y con eso ya vale.
-Muy bien, pues ya está.
-¿Me permite el DNI?
-Tenga.
-Veo que mando que le enterraran documentado. Es usted un hombre previsor.
-Y de orden.
-¡Oiga, que esto está caducado!
-Es que no he podido ir a renovarlo, y, además, estando muerto, igual no me habían dado uno nuevo.
-Pues es que con el DNI caducado el ordenador no me deja.
-¿Y qué hacemos ahora?
-Pues yo que usted iba a la ventanilla de "Nacimientos" y solicitaba un certificado de "Recién Muerto Viviente"
-De acuerdo, eso haré.
Y, hecha la gestión, y con la satisfacción de haber cumplido su obligación de buen ciudadano, don Eustaquio se compró el periódico que usted y yo estamos pensando, se fue a su casa a leerlo y a echarse la siesta, para luego dedicar el resto de la tarde a sembrar el pánico por su barrio atacando a la gente y comiéndose sus cerebros. Tras darles las "buenas tardes", eso sí.
Que don Eustaquio, además de ser una persona de orden, siempre fue muy educado.
lunes, 3 de octubre de 2011
El Misterio del Bibliómano Singular.
Las bibliotecarias también se jubilan, aunque parezca que no, aunque den la impresión de estar eternamente ancladas en los 51 años, tras sus gafas cursis, su jersey pasado de moda y su mala leche moderada.
A Concha la jubilación le iba a traer algo más que un reloj con placa grabada (que también).
Amadeo sentía que era su obligación moral, aunque hubieran pasado casi 40 años. Al fin y al cabo, la biblioteca seguía allí y ese libro tenía su sello estampado sobre su hoja tres.
-Hola, buenas, venía a devolver este libro en nombre de mi padre, aunque me parece que se le ha pasado un poco el plazo...
El bibliotecario examinó con suma perplejidad el tomo. ¿Dónde estaba el código de barras del sistema informático de gestión? ¿A qué sistema de clasificación pertenecía la etiqueta que tenía en el lomo?
-¿Pero este libro de cuándo es?-estalló.
-Pues, según lo que tiene estampado, mi padre lo tenía que haber devuelto hace cerca de 40 años.
-¿Y para qué nos los trae ahora?
-Es que él ha fallecido y, revisando sus cosas, ahí estaba...
-¿Y qué quiere usted que hagamos con esto?
-No sé, pensé que quizás...
-¡Hay que fastidiarde! En fin, consultaré con alguien que lleva más tiempo. ¡Concha, Concha, ven, por favor!
Concha, luciendo en la mirada todos los galones del funcionario veterano, se levantó de su silla para aproximarse lenta, altiva y amenazadora al mostrador.
-¡Este señor, que mira lo que nos trae!
Concha tomó el libro, lo situó a la distancia correcta de sus ojos, y ajustándose las gafas con gesto serio, leyó el título.
-¡"Piedras como Lágrimas de Río"!
-¿Lo conoces, Concha?
-"Piedras como Lágrimas de Río"-Concha comenzó a reírse con un gozo impropio de su sobria posición dentro del engranaje bibliotecario municipal-¡La madre que lo trajo!
-¿Es valioso, entonces?-interrogó esperanzado Amadeo, pensando que quizás había hecho su buena obra del día.
-¡No vale un pimiento, pero me trajo loca al poco de entrar a trabajar aquí! Nunca lo había cogido nadie, normal, siendo como era un ladrillo de poesía cursi, pero un fulano se lo llevó, y no hubo manera de que lo devolviera. Como yo era la nueva, me encargaron de que llamara a su casa. Lo debí hacer cien veces, pero nunca estaba para mí. Incluso le retiramos el carné y todo, pero le dio igual, jamás supimos más de él o del libro. En cualquier caso, como no interesaba a nadie, lo dejamos estar y nadie se quejó.
Amadeo acarició curioso la tapa del libro. Su padre había sido un grandísimo amante de los libros. ¿Qué tendría aquél para que hubiera merecido renunciar a todo un carné de lector a cambio de poseerlo? De haberlo sabido antes, se lo habría preguntado, pero ya era tarde. Se quedaría con la duda para siempre, así que era mejor dejarlo estar y seguir con su vida, ahora que ya había cumplido su obligación como buen ciudadano.
-Bueno, pues me voy, adiós.
Concha tomó el libro y, con una sonrisa de victoria en los labios, lo lanzó a la caja donde los ejemplares demasiado comunes y cascados para merecer otra destino esperaban su ejecución en forma de reciclaje de papel.
No es que el libro estuviera en muy mal estado, es que aquella porquería no se merecía ni los cinco minutos de tecleado que suponía reintegrarlo al sistema.
A Concha la jubilación le iba a traer algo más que un reloj con placa grabada (que también).
Amadeo sentía que era su obligación moral, aunque hubieran pasado casi 40 años. Al fin y al cabo, la biblioteca seguía allí y ese libro tenía su sello estampado sobre su hoja tres.
-Hola, buenas, venía a devolver este libro en nombre de mi padre, aunque me parece que se le ha pasado un poco el plazo...
El bibliotecario examinó con suma perplejidad el tomo. ¿Dónde estaba el código de barras del sistema informático de gestión? ¿A qué sistema de clasificación pertenecía la etiqueta que tenía en el lomo?
-¿Pero este libro de cuándo es?-estalló.
-Pues, según lo que tiene estampado, mi padre lo tenía que haber devuelto hace cerca de 40 años.
-¿Y para qué nos los trae ahora?
-Es que él ha fallecido y, revisando sus cosas, ahí estaba...
-¿Y qué quiere usted que hagamos con esto?
-No sé, pensé que quizás...
-¡Hay que fastidiarde! En fin, consultaré con alguien que lleva más tiempo. ¡Concha, Concha, ven, por favor!
Concha, luciendo en la mirada todos los galones del funcionario veterano, se levantó de su silla para aproximarse lenta, altiva y amenazadora al mostrador.
-¡Este señor, que mira lo que nos trae!
Concha tomó el libro, lo situó a la distancia correcta de sus ojos, y ajustándose las gafas con gesto serio, leyó el título.
-¡"Piedras como Lágrimas de Río"!
-¿Lo conoces, Concha?
-"Piedras como Lágrimas de Río"-Concha comenzó a reírse con un gozo impropio de su sobria posición dentro del engranaje bibliotecario municipal-¡La madre que lo trajo!
-¿Es valioso, entonces?-interrogó esperanzado Amadeo, pensando que quizás había hecho su buena obra del día.
-¡No vale un pimiento, pero me trajo loca al poco de entrar a trabajar aquí! Nunca lo había cogido nadie, normal, siendo como era un ladrillo de poesía cursi, pero un fulano se lo llevó, y no hubo manera de que lo devolviera. Como yo era la nueva, me encargaron de que llamara a su casa. Lo debí hacer cien veces, pero nunca estaba para mí. Incluso le retiramos el carné y todo, pero le dio igual, jamás supimos más de él o del libro. En cualquier caso, como no interesaba a nadie, lo dejamos estar y nadie se quejó.
Amadeo acarició curioso la tapa del libro. Su padre había sido un grandísimo amante de los libros. ¿Qué tendría aquél para que hubiera merecido renunciar a todo un carné de lector a cambio de poseerlo? De haberlo sabido antes, se lo habría preguntado, pero ya era tarde. Se quedaría con la duda para siempre, así que era mejor dejarlo estar y seguir con su vida, ahora que ya había cumplido su obligación como buen ciudadano.
-Bueno, pues me voy, adiós.
Concha tomó el libro y, con una sonrisa de victoria en los labios, lo lanzó a la caja donde los ejemplares demasiado comunes y cascados para merecer otra destino esperaban su ejecución en forma de reciclaje de papel.
No es que el libro estuviera en muy mal estado, es que aquella porquería no se merecía ni los cinco minutos de tecleado que suponía reintegrarlo al sistema.
domingo, 2 de octubre de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): El Camionetapuerto.
Como usted sin duda ya sabe, en Gracia del Río, la "camioneta" sale con dirección a la capital de la provincia a las 8 de la mañana de lunes a sábado.
Pero no crea que sale de cualquier sitio, no. Sale del Camionetapuerto "Marcelino Pansinsal".
Don Marcelino llegó a Gracia del Río a mitad de la década de los 80, y, por no perder la costumbre, se le nombró de inmediato alcalde de la localidad.
Mas don Marcelino no tomó el nombramiento con enfado o reticencias, al contrario, emprendió su mandato con entusiasmó y energía, y, sin duda fruto del vino peleón que regó la cena de su investidura, se puso a hacer un montón de promesas.
Pasada la resaca, y a la clara luz de la sobriedad, se percató de que había adquirido, en público (y nutrido), una serie de compromisos que era absolutamente imposible que pudiera cumplir.
Acaso el más gordo era la construcción de un moderno aeropuerto, que permitiría la llegada del turismo proveniente de todos los rincones del globo.
Pero como a don Marcelino Pansinsal no le gustaba decepcionar a su pueblo (o quizás temiendo que lo lincharan), no le quedó otra que emprender un proyecto, en sus propias palabras, "de igual espíritu, aunque más modesto en su ejecución".
Fue así como nació el camionetapuerto de Gracia del Río, bautizado en honor al propio Pansinsal. Es moderno y no le falta un detalle: mostradores de atención al cliente y facturación, controles de seguridad y pasaportes, y hasta una torre de control. Todos absolutamente desiertos, claro está, porque lo único que se hace en el camionetapuerto es sentarse en el banco frente a la puerta de embarque 1, esperar a que abran la camioneta, pagarle al conductor lo que sea y ocupar el primer sitio libre.
También había pantallas de información, pero se las llevó Matías para usarlas en los ordenadores del ayuntamiento. En su lugar, se colgó un cartel:
Próxima salida: Camioneta para la capital. 8 de la mañana.
Pero no crea que sale de cualquier sitio, no. Sale del Camionetapuerto "Marcelino Pansinsal".
Don Marcelino llegó a Gracia del Río a mitad de la década de los 80, y, por no perder la costumbre, se le nombró de inmediato alcalde de la localidad.
Mas don Marcelino no tomó el nombramiento con enfado o reticencias, al contrario, emprendió su mandato con entusiasmó y energía, y, sin duda fruto del vino peleón que regó la cena de su investidura, se puso a hacer un montón de promesas.
Pasada la resaca, y a la clara luz de la sobriedad, se percató de que había adquirido, en público (y nutrido), una serie de compromisos que era absolutamente imposible que pudiera cumplir.
Acaso el más gordo era la construcción de un moderno aeropuerto, que permitiría la llegada del turismo proveniente de todos los rincones del globo.
Pero como a don Marcelino Pansinsal no le gustaba decepcionar a su pueblo (o quizás temiendo que lo lincharan), no le quedó otra que emprender un proyecto, en sus propias palabras, "de igual espíritu, aunque más modesto en su ejecución".
Fue así como nació el camionetapuerto de Gracia del Río, bautizado en honor al propio Pansinsal. Es moderno y no le falta un detalle: mostradores de atención al cliente y facturación, controles de seguridad y pasaportes, y hasta una torre de control. Todos absolutamente desiertos, claro está, porque lo único que se hace en el camionetapuerto es sentarse en el banco frente a la puerta de embarque 1, esperar a que abran la camioneta, pagarle al conductor lo que sea y ocupar el primer sitio libre.
También había pantallas de información, pero se las llevó Matías para usarlas en los ordenadores del ayuntamiento. En su lugar, se colgó un cartel:
Próxima salida: Camioneta para la capital. 8 de la mañana.
sábado, 1 de octubre de 2011
El Bromista.
Colin Sarmiento era el rey de la broma telefónica.Tenía una habilidad asombrosa, casi divina, para hacer creer las cosas más inverosímiles a las víctimas de su popular programa radiofónico, seguido cada tarde por una legión de seguidores por todo el país.
Poco importaba que, visto con objetividad, a Colin se le hubiera ido la mano alguna que otra vez (todo en aras de la diversión de la audiencia, a menudo tan sádica). En efecto, hacer creer a un trabajador que se ha quedado sin trabajo en su fábrica porque el gobierno va a reintroducir el trabajo infantil, o convencer a un pobre pastelero de que una de sus tartas ha intoxicado a un niño hasta dejarlo mudo, no son el mejor ejemplo del humor blanco y elegante.
Pero claro, como era una broma, había que tener sentido del humor y perdonarlo. "¡Gracias por regarlarnos unas risas, amigo!", era el latiguillo con el que siempre dejaba zanjado el tema con la víctima.
Listo como era, Colin sabía que la revancha nunca podía estar demasiado lejos, que alguna de sus víctimas, quizás aliada con una emisora enemiga, intentarían que probara de su propia medicina.
Entonces, una mañana, sonó el teléfono del apartamento de Colin.
-¡Colin ,Colin!, ¿lo estás viendo?
-¡No, joder, estaba durmiendo! ¿Quién es?
-¡Las Torres Gemelas, dos aviones han chocado contra ellas!
-¿Que qué? ¿Quién llama?
-¡Soy Bradley, de la emisora de radio! ¡Dos aviones se han estrellado contra las Torres Gemelas! ¿No trabaja Liza allí?
-Sí, sí...¿Cómo dos aviones?
-¡Las Torres Gemelas están en llamas porque dos aviones se han estampado contra ellas!
Entonces Colin, por fin más despierto que dormido, empezó a comprender. O eso creía él.
-¡Ha, claro, por supuesto! ¡Os debería dar vergüenza, aliándose con el enemigo para atacarme!
-¡Colín, coño! ¡Pon la tele!
-Vale....¡Joder, tíos, qué despliegue, si hasta me habéis intervenido la señal! ¡Y qué bien está lo del humo y todo! Si lo que no consigan con los ordenadores...
-¡Que no es broma, me cago en la puta, que es verdad!
-Sí, claro. "¡Gracias por regarlarnos unas risas, amigo!" Bueno, hala, que me voy a dormir, cachondos.
Colin Sarmiento desconecto la clavija del teléfono y apagó el móvil.
No lo volvería a apagar hasta unos días después, en el funeral de su novia Liza.
Poco importaba que, visto con objetividad, a Colin se le hubiera ido la mano alguna que otra vez (todo en aras de la diversión de la audiencia, a menudo tan sádica). En efecto, hacer creer a un trabajador que se ha quedado sin trabajo en su fábrica porque el gobierno va a reintroducir el trabajo infantil, o convencer a un pobre pastelero de que una de sus tartas ha intoxicado a un niño hasta dejarlo mudo, no son el mejor ejemplo del humor blanco y elegante.
Pero claro, como era una broma, había que tener sentido del humor y perdonarlo. "¡Gracias por regarlarnos unas risas, amigo!", era el latiguillo con el que siempre dejaba zanjado el tema con la víctima.
Listo como era, Colin sabía que la revancha nunca podía estar demasiado lejos, que alguna de sus víctimas, quizás aliada con una emisora enemiga, intentarían que probara de su propia medicina.
Entonces, una mañana, sonó el teléfono del apartamento de Colin.
-¡Colin ,Colin!, ¿lo estás viendo?
-¡No, joder, estaba durmiendo! ¿Quién es?
-¡Las Torres Gemelas, dos aviones han chocado contra ellas!
-¿Que qué? ¿Quién llama?
-¡Soy Bradley, de la emisora de radio! ¡Dos aviones se han estrellado contra las Torres Gemelas! ¿No trabaja Liza allí?
-Sí, sí...¿Cómo dos aviones?
-¡Las Torres Gemelas están en llamas porque dos aviones se han estampado contra ellas!
Entonces Colin, por fin más despierto que dormido, empezó a comprender. O eso creía él.
-¡Ha, claro, por supuesto! ¡Os debería dar vergüenza, aliándose con el enemigo para atacarme!
-¡Colín, coño! ¡Pon la tele!
-Vale....¡Joder, tíos, qué despliegue, si hasta me habéis intervenido la señal! ¡Y qué bien está lo del humo y todo! Si lo que no consigan con los ordenadores...
-¡Que no es broma, me cago en la puta, que es verdad!
-Sí, claro. "¡Gracias por regarlarnos unas risas, amigo!" Bueno, hala, que me voy a dormir, cachondos.
Colin Sarmiento desconecto la clavija del teléfono y apagó el móvil.
No lo volvería a apagar hasta unos días después, en el funeral de su novia Liza.
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