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jueves, 27 de octubre de 2011

La Batalla del Caballo de la Idem.

Si no me cree, lea lo que dice la RAE para definir a un "Caballo de Batalla":

1. m. El que los antiguos guerreros y paladines se reservaban para el día del combate, por ser el más fuerte, diestro y seguro entre los que poseían, y que también lo tienen hoy los oficiales generales y otros de alta graduación.
2. m. Aquello en que sobresale quien profesa un arte o ciencia y en que más suele ejercitarse. La legislación testamentaria es el caballo de batalla de tal abogado Tal ópera es el caballo de batalla de tal cantante
3. m. Punto principal de una controversia.

¿Entonces por qué diablos todo el mundo emplea la frase "caballo de batalla" para referirse a la principal dificultad o debilidad que tiene una persona? ¡Si es todo lo contrario!

"La Física siempre ha sido el caballo de batalla de este alumno", se dice de Fulanito de Tález, que la lleva suspendiendo desde que tiene (cierto) uso de razón.

De acuerdo, quizás esa tercera acepción, ese "punto principal de una controversia", pueda dar algo de pie al equívoco, pero a mí no me satisface como causa justificada, pues me parece ser muy injusto con la memoria de tantos y tantos equinos que demostraron su valía y valor en el combate.


Si será bonito el concepto, si resultará digno de admiración el "caballo de batalla" que hasta en la Biblia se le alaba:

"¿Le das tú su fuerza al caballo? ¿Cubres tú su cuello de crines ondulantes?  ¿Lo harás temblar tú como a una langosta? El resoplido de su nariz es formidable. Escarba la tierra, se alegra en su fuerza y sale al encuentro de las armas. Hace burla del miedo; no teme ni vuelve el rostro delante de la espada. Sobre él resuenan la aljaba, el hierro de la lanza y de la jabalina; pero él, con ímpetu y furor, escarba la tierra y no lo detiene ni el sonar de la trompeta; más bien parece decir en medio de los clarines: “¡Ea!”. Desde lejos huele la batalla, el grito de los capitanes y el vocerío".


Es del libro de Job (39, 19-25), así que espero que él me preste un poco de esa paciencia tan suya para seguir soportando que hagan del pobre "caballo de batalla" lo opuesto de lo que en realidad es.
 El Duque de Wellington en plena batalla de Waterloo a lomos de Copenhagen, su caballo de batalla.

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