Un Fulanito de Tal fracasó en la escuela, pero se convirtió en un genio de...
Mil millones de Fulanitos de Tal fracasaron en la escuela, y no les fue mucho mejor en la vida. Ninguno fue un genio de nada.
Lo malo es que todo el mundo habla de un Fulanito del Tal, y nadie de mil millones de Fulanitos de Tal, por lo que se acaba haciendo el perverso razonamiento de que el fracaso en una etapa temprana de la vida es parte del camino hacia el éxito.
Lo mismo es aplicable a los negocios (todo el mundo conoce a un tienda de telas se convierte en todo un imperio, y se olvidan de miles de tiendas de telas jamás pasan de eso, si es sobreviven y no cierran), y a casi cualquier ámbito de la vida: señalar los fracasos de aquellos que acabaron teniendo éxito, y silenciar los fracasos de aquellos que se estrellaron una y otra vez contra la pared de la frustración.
Sé que la intención es buena, que se pretende animar a las personas, persuadir a los soñadores de que no abandonen su ideal. Pero, en la práctica, esto muchas veces se traduce en que hay jóvenes a los que no les preocupa su formación porque, al fin y al cabo, Fulanito de Tal también suspendía en la escuela y le ha ido estupendamente en la vida. (Esto enlaza con ese convencimiento tan común entre los adolescentes de que uno tiene un inmenso talento artístico, científico o empresarial, pero jamás "para las cosas del cole").
Así pues, si usted tiene 18 años, está en paro, no ha estudiado más allá de la Primaria, vive en casa de sus padres (antiguos nuevos ricos muy venidos a menos) y se acaba de casar de penalty con una mujer mucho mayor que usted, no se haga ilusiones: difícilmente se va a convertir en uno de los más importantes genios literarios de la historia universal.
Ya sé que uno lo hizo, pero no era usted, lo siento mucho. Porque usted es uno de tantos millones de Fulanitos de Tal
Y el otro era el único e inigualable William Shakespeare.
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