-La tía de la esquina está hablando con el gin-tonic.
-Déjala.
-¡Si es que lleva como veinte minutos de cháchara!
-¿Le está insultando?
-No.
-Entonces, todo normal.
-¿Es que hay veces que le insulta?
-¡Una vez hasta lo llevó a los tribunales!
-¡Está loca!
-Ya te digo, todo el mundo sabe que las bebidas alcohólicas tienen unos abogados cojonudos.
-O sea, que perdió.
-Exacto.
-¿Y dices que la tía esa viene mucho por aquí?
-Sí, no hay día que perdone el pelotazo...¡Con decirte que soy el padrino de bautizo de uno de sus hijos!
-¿Y por qué no está con ellos?
-¿Con quién?
-¡Con sus hijos!
-No sé, pregúntaselo al gin-tonic, que con todo lo que charlan seguro que se sabe toda su vida.
-¿Y crees que a mí me contestará?
-Sinceramente, muchacho, espero que no. Cuando uno habla con el contenido de un vaso de tubo, tiene un problema serio.
-¡Pues a eso me refería al comienzo de esta conversación!
-¿Y crees que no hemos intentado ayudarla una y mil veces? ¡Anda, vete a ver qué quieren los que se acaban de sentar en esa mesa de ahí!
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