Cuando, a causa de un mágico hechizo lanzado por un pérfido nigromante, todos los muertos del cementerio salieron de sus tumbas, don Eustaquio Fontacorta lo primero que hizo fue ir a regularizar su situación administrativa.
-Buenos días, señorita.
-Buenos días, caballero. ¿Qué desea?
-Pues mire, venía a anular mi partida de defunción.
-Muy bien, caballero. Rellene este impreso.
-Muchas gracias...Oiga, en lo de "causa de resurrección", ¿qué pongo?
-Es usted un zombi, ¿verdad?
-Sí, ¿en que lo ha notado?
-En los andares.
-Ya.
-Bueno, pues ponga "zombi" y con eso ya vale.
-Muy bien, pues ya está.
-¿Me permite el DNI?
-Tenga.
-Veo que mando que le enterraran documentado. Es usted un hombre previsor.
-Y de orden.
-¡Oiga, que esto está caducado!
-Es que no he podido ir a renovarlo, y, además, estando muerto, igual no me habían dado uno nuevo.
-Pues es que con el DNI caducado el ordenador no me deja.
-¿Y qué hacemos ahora?
-Pues yo que usted iba a la ventanilla de "Nacimientos" y solicitaba un certificado de "Recién Muerto Viviente"
-De acuerdo, eso haré.
Y, hecha la gestión, y con la satisfacción de haber cumplido su obligación de buen ciudadano, don Eustaquio se compró el periódico que usted y yo estamos pensando, se fue a su casa a leerlo y a echarse la siesta, para luego dedicar el resto de la tarde a sembrar el pánico por su barrio atacando a la gente y comiéndose sus cerebros. Tras darles las "buenas tardes", eso sí.
Que don Eustaquio, además de ser una persona de orden, siempre fue muy educado.
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