Carpeteiño invitó al fútbol al comercial de la empresa de bragas al por mayor, porque cualquier español da por supuesto que a cualquier español le gusta el fútbol. El comercial aceptó encantado, lo que parecía confirmar las sospechas de Carpeteiño.
-¿Juega Pecinha?-interrogó solemne el comercial.
-No, está lesionado.
-¡Qué lastima!
-¡Cómo se nota que eres buen aficionado! No sólo te interesan los goles, sino también disfrutas viendo a un buen central en acción.
-¿Central?
-¿Eres de los que le ve más de lateral?
-No sé. Yo le veo de futbolista.
-¡Eso opino yo también, un todoterreno!
-¿Césped, tierra, cemento..?
-¡Sí, lo que le echen!
-Oye, ¿y por qué se ha parado ése?
-¡Eso digo yo! ¡Aunque te veas en fuera de juego, sigue la jugada hasta que el árbitro pite!
-¿Fuera de juego?
-Cierto, dudoso, dudoso.
-O sea, que el tío del pito les puede mandar pararse.
-¡Ya, yo tampoco soporto a los árbitros!
-¡Mira, el de la camiseta diferente es el más listo de todos! ¡La coge con la mano!
-Sí...
-Oye, y esto de llevar el balón de acá para allá, ¿con qué objeto es?
Moraleja: no porque alguien sea español y se sepa el nombre de un futbolista muy famoso, le importa un pimiento el fútbol.
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