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sábado, 1 de octubre de 2011

El Bromista.

Colin Sarmiento era el rey de la broma telefónica.Tenía una habilidad asombrosa, casi divina, para hacer creer las cosas más inverosímiles a las víctimas de su popular programa radiofónico, seguido cada tarde por una legión de seguidores por todo el país.

Poco importaba que, visto con objetividad, a Colin se le hubiera ido la mano alguna que otra vez (todo en aras de la diversión de la audiencia, a menudo tan sádica). En efecto, hacer creer a un trabajador que se ha quedado sin trabajo en su fábrica porque el gobierno va a reintroducir el trabajo infantil, o convencer a un pobre pastelero de que una de sus tartas ha intoxicado a un niño hasta dejarlo mudo, no son el mejor ejemplo del humor blanco y elegante.

Pero claro, como era una broma, había que tener sentido del humor y perdonarlo. "¡Gracias por regarlarnos unas risas, amigo!", era el latiguillo con el que siempre dejaba zanjado el tema con la víctima.

Listo como era, Colin sabía que la revancha nunca podía estar demasiado lejos, que alguna de sus víctimas, quizás aliada con una emisora enemiga, intentarían que probara de su propia medicina.

Entonces, una mañana, sonó el teléfono del apartamento de Colin.

-¡Colin ,Colin!, ¿lo estás viendo?

-¡No, joder, estaba durmiendo! ¿Quién es?

-¡Las Torres Gemelas, dos aviones han chocado contra ellas!

-¿Que qué? ¿Quién llama?

-¡Soy Bradley, de la emisora de radio! ¡Dos aviones se han estrellado contra las Torres Gemelas! ¿No trabaja Liza allí?

-Sí, sí...¿Cómo dos aviones?

-¡Las Torres Gemelas están en llamas porque dos aviones se han estampado contra ellas!

Entonces Colin, por fin más despierto que dormido, empezó a comprender. O eso creía él.

-¡Ha, claro, por supuesto! ¡Os debería dar vergüenza, aliándose con el enemigo para atacarme!

-¡Colín, coño! ¡Pon la tele!

-Vale....¡Joder, tíos, qué despliegue, si hasta me habéis intervenido la señal! ¡Y qué bien está lo del humo y todo! Si lo que no consigan con los ordenadores...

-¡Que no es broma, me cago en la puta, que es verdad!

-Sí, claro. "¡Gracias por regarlarnos unas risas, amigo!" Bueno, hala, que me voy a dormir, cachondos.

Colin Sarmiento desconecto la clavija del teléfono y apagó el móvil.

No lo volvería a apagar hasta unos días después, en el funeral de su novia Liza.

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