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domingo, 16 de octubre de 2011
Gracia del Río (Un Pueblo con Poco de Ambas): Pinos de Pelea.
Ya se sabe que el ser humano, en cuanto se encuentra a un animal nuevo, lo primero que hace es ver si se lo puede comer, luego si se lo puede vestir, y, por último, si puede tirarle de un carro. Cuando no se da ninguna de estas situaciones, lo que se suele hacer es poner a dos a pelear para jugarse el dinero.
Pero la cuestión es que en Gracia de Río, desde tiempos muy remotos, nunca se encontraron cómodos con aquello de que dos perros, gallos o similares se mataran entre ellos. Es por eso que, en Gracia del Río, lo que hay por tradición son peleas de pinos.
Pero, no se crea, que las apuestas del género vegetal mueven tanta o más pasión y dinero que las de animales. La tradición dicta que los dos contendientes sean llevados a un claro del bosque, donde se les planta. Entonces, los apostantes, tras analizar a ambos competidores, tienen un máximo de una semana para personarse en el bar de Matías y realizar su pronóstico de pago.
(Con la máxima discreción, por favor, que las peleas de pinos, como las otras, son ilegales).
Y ya sólo queda esperar cinco años de nada. Pasado ese tiempo, los jueces se personan en el campo de batalla y certifican cuál ha sido el ganador. Es decir, cuál de los dos está más alto.
Sin duda no es tan emocionante y dinámico como otros tipos de peleas, pero resulta mucho más agradable a la vista que dos perros matándose a bocados, y, además el olor a pino siempre es más placentero que el de la sangre de un animal. Por no hablar de los beneficios para la salud del paseo que se da uno para ver cómo sigue la apuesta.
Como, por ejemplo, el que se dieron Iván y su fiel Marcial.
-¡Observa, Iván!
-¿El qué?
-Los dos pinos...¡Cómo se observan el uno al otro, si hasta se ven las chispas saltar! ¡Hay pique, y de los gordos! Estos no van a hacer prisioneros...
-Anda, calla y no me comprometas, que ya sabes que esto va contra la ley.
-¿Cuánto tienes metido?
-20 por el de la derecha.
-Pues yo le veo más fuerte al otro, y de esto entiendo.
-¡No me fastidies!
-¡Si es que nunca me consultas las cosas!
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