lunes 24 de octubre de 2011

Yo No Soy Marinero (Ni Capitán), Pero me Encantaría Hablar como Uno.

¿Nunca se ha planteado enrolarse en la marina (militar, mercante o civil) con el único fin de poder fardar hablando como un marino o marinero? ¡No me lo niegue!

Recorrer el paseo marítimo con atuendo náutico, pararse de repente ante una embarcación y, tras poner rostro serio y mirada profunda, comentar:

-¡No me gusta cómo está ese morral!

Para que, de inmediato, alguno de sus acompañantes le pregunte admirado qué diablos es un morral, a lo que usted contesta:

-¡Bien sencillo!, es una vela rastrera, de lienzo más fino, que largan los jabeques en la punta del botalón, con vientos flojos, cuando van en popa.

-¿Jabeques?


-Sí, hombre, una embarcación costanera de tres palos, con velas latinas, que también suele navegar a remo.

-¡Ah, claro! Oye,  ¿y lo del botalón?

-¡Pues el bauprés de una embarcación pequeña!

-Y un bauprés es...


-Palo grueso, horizontal o algo inclinado, que en la proa de los barcos sirve para asegurar los estayes del trinquete, orientar los foques y algunos otros usos.

Y entonces le interrogan por los estayes, el trinquete y los foques... Y así hasta el infinito del hacerse el interesante.


¿Qué, se anima? Como ya ha quedado comprobado, entender de barcos y navegación nos puede permitir unos niveles de chulería personal expresada en el habla críptica sólo comparables a los del experto en informática o el médico dentista, con la ventaja de que los Siete Mares siempre resultan mucho más atractivos que una placa base Asus P8Z68-V Pro o el segundo premolar inferior izquierdo.

Por mi parte, yo he de confesar que jamás he sido capaz de ir más allá de proa, popa, babor y estribor.