¿Nunca se ha planteado enrolarse en la marina (militar, mercante o civil) con el único fin de poder fardar hablando como un marino o marinero? ¡No me lo niegue!
Recorrer el paseo marítimo con atuendo náutico, pararse de repente ante una embarcación y, tras poner rostro serio y mirada profunda, comentar:
-¡No me gusta cómo está ese morral!
Para que, de inmediato, alguno de sus acompañantes le pregunte admirado qué diablos es un morral, a lo que usted contesta:
-¡Bien sencillo!, es una vela rastrera, de lienzo más fino, que largan los jabeques en la punta del botalón, con vientos flojos, cuando van en popa.
-¿Jabeques?
-Sí, hombre, una embarcación costanera de tres palos, con velas latinas, que también suele navegar a remo.
-¡Ah, claro! Oye, ¿y lo del botalón?
-¡Pues el bauprés de una embarcación pequeña!
-Y un bauprés es...
-Palo grueso, horizontal o algo inclinado, que en la
proa de los barcos sirve para asegurar los estayes del trinquete,
orientar los foques y algunos otros usos.
Y entonces le interrogan por los estayes, el trinquete y los foques... Y así hasta el infinito del hacerse el interesante.
¿Qué, se anima? Como ya ha quedado comprobado, entender de barcos y navegación nos puede permitir unos niveles de chulería personal expresada en el habla críptica sólo comparables a los del experto en informática o el médico dentista, con la ventaja de que los Siete Mares siempre resultan mucho más atractivos que una placa base Asus P8Z68-V Pro o el segundo premolar inferior izquierdo.
Por mi parte, yo he de confesar que jamás he sido capaz de ir más allá de proa, popa, babor y estribor.
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