Por desgracia, el destino y los japoneses condenaron a muerte al sistema Beta por cese de producción y, tan pronto como se nos rompió el vídeo, nos dimos cuenta de que todo ese lote de obras maestras nuestras para la eternidad era carne de contenedor. Tocó comprarse el dichoso vídeo VHS y partir de cero en nuestro coleccionismo heptaplástico (o sea, del Séptimo Arte). Afortunadamente, por esta época empezaron a comercializar las pelis en venta directa, por lo que, además de tener el film, era una copia de calidad y en carátula bonita.
Hasta que un buen mal día la frase "DVD: calidad insuperable de imagen y sonido" apareció en la sección de electrónica de "El Corte Inglés". Al principio, muchos nos resistimos al grito de: "¡En uve se ven que te cagas! ¡Jamás me compraré un DVD!" Pero la rebeldía duro lo que tardaron los reproductores en bajar de precio. De vuelta a la casilla 1. Paciencia, mucha paciencia.
Blue-Ray ("Calidad insuperable de imagen y sonido"). Después de pasar cuatro horas mando en mano en los ochenta para cortar los anuncios, después de comprar el paquete de lujo VHS en los noventa, después de comprar el paquete de mega-lujo DVD en los dos mil, ¿me va a tocar comprarme otra vez la dichoso Ben-Hur?
¡Señores de la electrónica! ¿Hasta cuándo nuevos formatos que nos tiren por tierra la vídeo-DVD-Bluerayteca que tantos sudores de bolsilló nos ha costado?

El mando a distancia del Sony C7. ¡Qué recuerdos, tú!
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