Una semana más, Iván las estaba pasando canutas para encontrar once tíos con los que empezar el partido. Y, una vez más, Marcial tenía una imaginativa solución.
-¿Estás borracho, Marcial?
-¡No!, ¿por qué dices eso?
-¡Pues porque me acabas de proponer que saque a jugar a una oveja!
-¡Hombre, reconozco que futbolísticamente no es gran cosa, pero de forma física está hecha una campeona, no veas cómo va por el prado, y siempre será mejor que empezar con 10...! Llevamos desde el jueves buscando gente y no hay manera, ni siquiera Doña Soledad quiere. Si no hay personal humano, habrá que tirar del animal.
-¿Y el cura?
-Le queda un partido de sanción.
-¿Todavía?
-Si es que se le calentó mucho la boca...
-¡Pero no te das cuenta que es absurdo sacar a una oveja a jugar! ¿Tú crees que el arbitro lo va a permitir?
-Eso no es problema, se falsifica la ficha.
-¡Marcial, coño, que es una oveja!
-En fin, tú eres el entrenador.
* * *
-¡Lucera, un poquito de solidaridad, no me seas vaga, leñe! ¿Ves cómo era mejor jugar sin la oveja, Marcial? ¡El condenado bicho no suda la camiseta y nos está fastidiando la presión!
-Sí, pero reconozca que ha tirado un par de paredes buenas, míster.
-Ahí llevas razón.

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