La mayoría de la gente en el pueblo, y por extensión en todo el país, estaba encantada con la idea. De hecho, se preguntaban por qué no se les había ocurrido antes. Pero Pete tenía la sensación de que todo aquello se les estaba escapando de las manos.
Esa misma noche se abría la temporada 1998 de ejecuciones con Lloyd Wayne Hampton, al que iban a dar pasaporte en nombre del estado de Illinois. Y se iba a hacer en la flamante cámara nueva. No era que la otra estuviera realmente vieja, es que se había quedado pequeña.
Con capacidad para doscientos testigos, aquello parecía más bien un pequeño y coqueto teatro, con la única particularidad de que un cristal separaba el escenario de las butacas. No obstante, se había reservado zonas independientes para las familias y los representantes oficiales, de acuerdo con lo dictado por la resolución judicial que había autorizado la puesta en marcha de todo ese circo. El resto de los asistentes eran, oficialmente, "testigos ciudadanos", y cada estado estaba obligado por ley a nominar a 180 titulares más 20 suplentes.
¿Cómo convertirse en uno? Legalmente, cualquier persona mayor de edad con residencia en el estado en cuyo nombre se llevaba a cabo la ejecución podía solicitarlo y luego una comisión oficial decidía quienes eran los más adecuados. También según la nueva ley, cada estado tenía la obligación de correr con los gastos de traslados, alojamiento y manutención de sus "testigos ciudadanos" -tanto titulares como suplentes-, los cuales debían personarse en el pueblo 48 horas antes de la hora de la ejecución y no podían abandonarlo hasta 12 horas después. Por razones de seguridad, los "testigos ciudadanos" debían estar concentrados en un complejo residencial del que sólo podían salir para presenciar la ejecución en sí. Dicho complejo era de propiedad municipal.
En otras palabras, que cada "noche especial" le reportaba 100.000 pavos a las arcas municipales. Seguramente, se podía suponer que aquello de las "ejecuciones delegadas" había dejado de ser rentable pera los estados, pero resultaba todo lo contrario. Curiosamente, la mayoría de los "testigos ciudadanos" elegidos por la comisión de Illinois habían hecho generosas donaciones a todo tipo de proyectos estatales, se rumoreaba que de hasta 5.000 dólares. Nada ilegal, la comisión tomaba sus decisiones y no tenía que dar ningún tipo de explicación a nadie.
El proceso de entrada a la sala estaba siendo lento, ya que era absolutamente prioritario que nadie metiera escondidas cámaras de fotos o vídeo. El detector y los exhaustivos cacheos eran ineludibles. Mientras supervisaba los registros, Pete no podía quitarse de la boca es regusto amargo de estar haciendo algo que no te parece lo correcto.Ese regusto que tan fácilmente se quita con un traguito de dinero.
-Ya están todos los "T.Cs" dentro, jefe -dijo Pete a través de un transmisor.
-De acuerdo, Pete. Vamos bien de tiempo, quedan 15 minutos para la hora.
-15 minutos para que se levante el telón del show turístico más caro y macabro del mundo -dijo Pete entre dientes.
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