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miércoles, 5 de mayo de 2010

Un Mundo entre A y B. ("Transimportantes").

Como de modo tan duro (y siempre inoportuno) nos demuestran las huelgas ocasionales, si se paran los transportistas, se para el mundo.

Horas, horas, horas enclaustrados en una cabinita para que un producto llegue a nuestra puerta. Y siempre sufriendo la ingratitud de los tópicos: que los camiones son el germen de los atascos, que sus jinetes son maleducados en todos los sentidos (semiesquina con chulos), visten mal, sudan mucho, y son los clientes número uno de la industria del vicio en sus más variadas ramas.

Habrá de todo, y aunque no discuto que las miradas que algunos te dedican cuando les adelantas son de todo menos amistosas, no cabe duda de que estos señores trabajan duro tras el volante, el parabrisas y la noche iluminada para que su vida sea blanda.

Es, por tanto, de ley que desde aquí les dedique mi pequeño homenaje, porque, sospecho, tras las caras sin afeitar, las gafas de sol y las camisas abiertas, laten corazones que ríen, lloran y sienten.

Eso sí, de sus gustos y opiniones en cuanto a áreas de servicio y restauración en carretera, nos fiamos todos.

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