¡La de problemas que le crea a la Humanidad el exceso de sujetos con demasiado tiempo vacío que llenar, especialmente cuando ese tiempo es su -presunta- jornada laboral!
Me refiero a todos esos elementos cuya función dentro del engranaje social es estar en un sitio donde "alguien tiene que haber", aunque su única misión sea indicar donde están los lavabos, disuadir a gamberros de todas las edades o cerciorarse de que nuestro amado almacén pasa una noche tranquila.
Cotillear, enredar y dar la plasta en general son los pasatiempos favoritos del ocioso profesional-profesional ocioso. Firmemente plantados en su puesto de trabajo, plenamente concentrados en controlar quién entra y sale y con quién. Ansiosos de recibir la visita de otro "perito en simplemente dejar que las horas pasen" para compartir chismes y críticas.
También está el comunicativo-tecnológico, que vive las horas muertas frente a la pantalla de un ordenador portátil o llamando a casa por el móvil, elegantemente apoyado en su mesa de "trabajo".
Aunque, las cosas como son, también los hay con inquietudes culturales: esos que se dedican a leer en periódico, a menudo deportivo, a menudo con gesto de sesuda concentración y gafas de leer.
Y, por último, están los que van a lo práctico y no se complican la vida: dormir y ya está.
¿Acaso les tengo envidia? Sin duda, ¡quién tuviera su habilidad para trincar un trabajo de esos!
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