Y, obviamente, no por ser una persona sorda, tiene menos necesidad de "soltar vapor de corazón".
Las lenguas de señas tienen sus propios tacos, como buenos lenguajes que son, y permiten a sus hablantes quedarse de la más relajados.
El hecho puede sonar anecdótico, pero a mí me sirve para recordar que compartimos nuestras calles y nuestro aire con personas que no oyen y, a menudo, no lo tenemos en cuenta. Por ejemplo, hace años me impresionó una lectura que había en un libro de inglés donde indicaba que una niña sorda puede resultar atropellada si un conductor usa su claxon como única advertencia. "Pos es verdá", me dije yo.
Resumo, que no olvidemos que las personas mudas tienen mucho que decir.

"Gilipollas", en la lengua de señas de Estados Unidos.
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