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viernes, 14 de mayo de 2010

El Principio Empresarial de los Cacahuetes Salados.

Toda actividad empresarial de éxito, en esencia, se reduce a ponerle un platito de cacahuetes salados como tapa a alguien que te ha pedido un refresco o cerveza.

Por supuesto, lo servimos con una sonrisa, transmitiendo la sensación de que lo hacemos de forma desinteresada, y por puritito afecto al cliente.

A ver si de eso modo el cliente no se percata de que el miserable coste de los frutos secos, comprados al por bestial, ya de sobra va incluido en lo que le cobras por la consumición.

A ver si así consigues que el cliente no relacione el feroz contraataque de la sed, y la necesidad de contrarrestarlo con otra consumición, con toda la sal de le has encajado con los dichosos cacahuetes.

¡Por supuesto que el cliente conoce de sobra el truco!, pero cae en él de buena gana y sin rechistar (al fin y al cabo, ¿quién se puede resistir a unos cacahuetes salados?)

Pues la misma regla de tres es aplicable a tantos y tantos productos y servicios, que no son más que necesidades artificialmente creadas y que aceptamos sin rechistar bajo pretextos como "que se ha vuelto una obligación socio-laboral", "que me facilita la vida" o, sin más, "que es una herramienta esencial de ocio, disfrute y felicidad". Y, claro está, dichos productos y servicios nos los ofrecen "firmas amigas que no paran de pensar en nosotros y nuestro bienestar". (Vamos, que parece que han montado la empresa para hacerte favores y entretenerse un rato por las mañanas).

Pues hace 20 años no tenían ni el móvil, ni la Play Station de turno ni conexión ADSL.

Y bien felices que se les veía.

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