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domingo, 16 de mayo de 2010

La Insoportable Pesadez del Niño Televisivo.

¿Hay alguna lógica en que no se permita que los menores se entreguen a todo tipo de vicios legales, pero que sí se les deje ser estrellas de la televisión?

Niñor actores, cantantes, músicos...Debilidad de señoras jubiladas y azote del resto de la humanidad televidente.

Llenan nuestras tardes y nuestras noches con sus deliciosas -espalagosas- ocurrencias (algunas, sospecho, no se les han ocurrido a ellos), sus imitaciones de Raphael o la Pantoja (hasta el más mínimo detalle de vestuario y tic) y sus caritas de sonrisa mellada. De postre, primeros planos de los papás, en primera línea de público. Él, aplaude satisfecho; ella, llora sin parar.

¿Cómo es posible, pues, que esta temible especie subsista como lo hace dentro de la selva televisiva, tan dada a zampárselo todo? Sencillo, ya quedo dicho: ningún televidente tan fiel y pertinaz como la señora jubilada, auténtica llave de la puerta de las audiencias. Y mientras les sigan haciendo tanta gracia los niños de la raya en medio y la espontaneidad pecosa y redicha, no hay solución: tenemos programas de niñitos para rato.

No habría mayor problema, ni no fuera porque seguramente el niño ignora que el éxito no es para siempre, que le crecerá la barba, se le amargará la voz y, simplemente, las monerías dejarán de hacer gracia. Poco después, el nene cumple 18 años, a veces es un vicioso de cuidado que se ha metido de todo menos a cura (cosas del mundo del espectáculo), y tiene toda una vida por delante, con un montón de problemas con que iniciarla.

Hay otra razón por la cual me opongo a que saque en televisión a niños -y niñas- vestidos -y maquillados- como adultos. Es una razón que tiene que ver con prácticas tan sucias y despreciables -usted se figura cuáles-, que prefiero ni nombrarla.

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