Pablito Bernal era la conciencia de su clase. Hablaba mucho, aunque casi siempre con los ojos en vez de con la boca.
Así, cuando algo era injusto, incorrecto o simplemente estaba mal, Pablito apuntaba con mirada al profesor y le decía con sus pupilas-como una orden, como un ruego-: "Tienes que hacer algo y lo sabes".
Nunca es cómodo o fácil seguir los dictados de la propia Conciencia, y menos en Educación. A menudo, la miradas de Pablito resultaban estériles.
Entonces, todo lo que le quedaba era negar ligerísimamente con la cabeza y, tras un suspiro de decepción resignada, volver a su tarea.
Aquello era lo más duro de superar para los profesores.
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