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martes, 20 de abril de 2010

Aunque el Mono Se Vista de Seda (El Calcetín Siempre Se Le Termina Cayendo).

Hay dos tipos de hombres: los que saben cómo llevar un traje y los que, simplemente, no.

La cuestión no es tan sencilla como pudiera parecer a primera vista. No basta la costumbre -que hay algunos que lucen traje como su mono de trabajo diario y no terminan de hacerse a él-, ni el dinero -de hecho, cuanto más caro es un traje más caro es también llevarlo-.

Dicho lo cual, todo se resume en saber llevar los calcetines estando sentado. A los que no saben llevar el traje, por definición, siempre se les baja el calcetín y se les asoman esos cinco centímetros de piel y pelo.

Esa es, amigo mío, la derrota más absoluta de la elegancia: esa parcelita plantada de vellosidades lindando con tela negra enrollada. De hecho, es tal el espanto que produce el calcetín bajado a la sensibilidad humana, que ni tan siquiera a las caprichosas y malcriadas estrellas del balón se les permite ir por la vida "a calcetín caído". (Aunque, si quiere que le confiese la verdad, a mí una galopada por la banda con las medias subidas hasta la rodilla no me termina de gustar).

Mangas un pelín cortas, perneras un puntín largas, corbatas ajenas a la más elemental estética combinatoria, bolígrafos de falso dorado asomando por el bolsillo y relojes de la joyería tenderete de rastrillo con pasaporte falso de Rolex. Todos ellos, sin duda, torpedos en la línea de flotación de la más elemental elegancia.

Pero ningún desastre tan garrafal como ese calcetín bajado.

La solución al problema, a su alcance.

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