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domingo, 20 de septiembre de 2009

Historias Imaginarias de un Colegio que Jamás Existió: Parada de Autobús.

Jonathan Cañamaque era carne de autobús para muchos años. Cosas de no tener unos padres de esos que regalan coches. De hecho, era consciente de que un sueldo más no vendría mal. Dinero, dinero, dinero, se hablaba mucho de dinero en su casa.

Pero en aquel momento daba igual. Tenía un tarde de sábado por delante y un poco de pasta en el bolsillo. En esos momentos, los autobuses son el profeta que guía a los chavales de extrarradio a la tierra prometida del centro, con sus cines, hamburgueserías y salones de maquinitas.

-Hola, Jona.

-Hola, Leopoldo.-replicó Jonathan entre extrañado y sorprendido.

-Que, ¿al centro en el 52?

-Sí.

-Entonces tienes unas pocas paraditas. Yo también voy casi hasta el final de la ruta del 103.

-¿Es que tienes el coche en el taller?

-Yo no tengo coche-contestó Leopoldo sonriendo.

-¿No tienes coche?

-No, el presupuesto no me da para esos lujos. Recuerda que doy pocas horas de clase.

-¡Qué mierda!

-¡No, todo lo contrario! Descubriros la música de Vivaldi, de Bach, de Verdi...¡De tantos y tantos grandes maestros, de esos genios de la belleza! ¡Es un trabajo estupendo!

-Pero no tienes coche.

Entonces, como la campana salvadora del boxeador sonado, llegó el 52.

-En fin, Jona, tu bus. ¡Que lo pases bien!...¡Y acuérdate de que el viernes tenemos control!

De camino al paraíso del ocio, Jonatham reflexionó sobre su conversación con Leopoldo. La conclusión era clara.

Iba a estudiar la Ópera Italiana Rita la Cantaora.

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