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sábado, 19 de septiembre de 2009

La Mosca Holandesa (Cuestion de Puntería).

La primera vez que lo vi fue en el aeropuerto de Amsterdam (de escala hacia Gales, no se vaya usted a pensar que frecuento los coffee-shops, el Barrio Rojo o los cuadros de van Gogh), y, como a tantos, me entró un susto arrepeluznado. "¡Coñe, una mosca en el urinario! ¡Cómo debe tener el azúcar el que ha meado antes que yo! (este chiste es del Maestro Tip. Homenaje) Aunque al segundo te das cuenta de que el bichito es de pegatina. "¡Qué raros son decorando estos holandeses!"

Raros no, listos y prácticos. Porque yo, como todos, acabé apuntando al dichoso dibujo (psicología masculina básica, los hombres son seres escandalosamente previsibles -en especial los comentaristas políticos-) y, como consecuencia, no puse perdidas las inmediaciones del urinario (léase el borde y la baldosita de abajo).

Aparentemente, hasta un 80% menos de incómodas (y fétidas a la par que cochinas) salpicaduras gracias a la alada criatura.

El ingenio humano no tiene límites. (O, al menos, ya nos habrá matado a todos antes de alcanzarlos).

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