Además, las nuestras son -sin duda- las mejores. Africanas y asiáticas son escasas y producen vergüenza (salvo, posiblemente, las de los luchadores de sumo), mientras que las americanas no tienen un carácter propio, siendo un elemento más de la gordura uniformemente repartida por todo el cuerpo. En otras palabras, es una panza demasiado hamburguesera con patatas.
En cambio, la barriga española sí que es un tripa en condiciones: con su redondez asandiada, con su curva de delineación magistral, con esa manera tan única de acostarse sobre el cinturón y sobresalir al mismo tiempo. En suma, con esa belleza pata negra que le da haberse criado exclusivamente a base de cerveza, tapa y sofá.
Así pues, señor mío, este verano, nada de avergonzarse, nada de disimular con amplias camisetas o incomodas contracciones musculares. Muy al contrario, luzca su cervecera por las soleadas playas de España como lo que es, un orgullo patrio y un honor personal. Porque, amigos, no hay panza como la panza española.
(Y los de la "tableta de chocolate", una pandilla de membrillos que no saben lo que pierden).
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