En fin, a lo que voy, que iban dos cucarachas por el castillo de la Princesita -ignoro si a la oficina o de jarana, obviamente- y una le dice a la otra:
-Oye, fulatina (porque yo tampoco sé qué nombres les ponen las cucarachas a sus huevos), ¿es cierto que una de nosotras es un hada madrina, vilmente hechizada por el malvado mago?
-No, hija, es una leyenda rural que se inventó una cuñada mía para que nos dejaran en paz con tanto insecticida y tanta zapatilla. Que, claro, pensando que podemos ser un hada, a ver que princesita de cuento tienes narices de atizarnos.
-Ah, pues me llevo una pequeña decepción.
-Mejor eso a que te espachurren con una del 35-36.
-Ahí llevas razón.
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