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viernes, 10 de julio de 2009

Elogio del Maquetista. (Corazones a Escala).

Horas y horas de trabajo para unos escasos segundos de admiración y el ocasional "¡qué bonito!". Ese es el destino del maquetista.

Esta claro, pues, que uno no hace maquetas para los demás, sino para sí mismo. Y está incluso más claro que el objetivo no es la maqueta en sí, sino el proceso de hacerla. El mimo, el cariño, la dedicación, el ansia de perfección hasta en el último detalle inapreciable para unos ojos que no sean los de propio artista. (¿Sabía usted que los hay que liman levemente las ruedas de los aviones para simular el efecto del peso del aparato sobre el neumático? ¡Qué grande!)

Es por esto que admiro tanto a las personas que hacen maquetas. Porque yo, como todo adolescente, lo intenté, y no tuve ni la paciencia ni la maña. ¿O quizás me dio miedo cuando intuí que la satisfacción de la obra terminada dura un pestañeo y una sonrisa, y luego vienen el vacío y la tristeza? No lo sé.

Dios también tiene alma de maquetista.

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