Ahora, gracias a aquella lucha y aquel dolor de los héroes anónimos, disfrutamos de eso que llaman libertad de expresión. Un maravilloso y esencial instrumento que nos faculta para gritar a los siete mares cómo se siente uno, lo que nos alegra, nos preocupa o nos indigna. Esa es la teoría.
En la práctica, resulta ser, con demasiada frecuencia, un simple escudo del insulto. Una expresión de la misma crueldad que demostraban los puñetazos y las patadas de las comisarías.
Un monstruo que se ha convertido en aquello que nació para combatir.

La grosería es la libertad reducida a su mínima expresión.
"Música a cuento de..." lucha por la Libertad. Un poquito de la banda sonora de "Braveheart", cortesía del compositor James Horner.
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