-¡Tú y tu maldita manía de no preguntar, Aníbal! ¡En menudo lío nos has metido!
-Tú hazme caso, joder, que te digo yo que por aquí se llega a Roma.
-¡Lo mismo nos llevas diciendo un mes, y las tropas se están empezando a impacientar, por no hablar de los elefantes...!
-¡Son todos una panda de nenazas!
-¡Que no, Anibal, que estamos ya todos hartos de tanta montaña y tanto frío! Me juego lo que quieras a que tiene que haber una ruta más rápida y que pase por sitios más calurosos, pero claro, el señor nunca quiere preguntar. ¡Y mira que hemos pasado por pueblos! ¿Tan difícil es meterse en una taberna y decir: "Buenos días, me pone un vino, por favor. Por cierto, ¿me sabría usted indicar para ir a Roma desde aquí?"
-¡Pero si era poner el pie en cualquier sitio y ya estabais saqueando! ¡Estaba la gente con nosotros como para indicarnos!
-¡Hombre, yo creo que si una va con educación...!
-Además yo pensé que tendrían las calzadas mejor señalizadas y no la porquería esta. Por otra parte, ¿alguno de vosotros habla Latín?
-Pues mira, yo, sin ir más lejos, lo chapurreo.
-¿Tú? ¡No me hagas reír, pero si el pobre centurión aquel acabó harto al final y se nos tuvo que rendir por señas!
-Es que hablaba con un acento muy cerrado.
-¡Tú si que eres muy cerrado!
-Pues mira, macho, no te dejo plantado ahora mismo por el respeto que le tengo a tu padre.
-¡Si me vas a estar dando la plasta, prefiero que te vayas, y llévate a tus elefantes contigo, que no veas si apestan los condenados!
-¡Bueno, bueno, cómo te pones, que carácter!

No hay comentarios:
Publicar un comentario