-Usted es don Aurelio García Ponce, ¿verdad?
-Sólo para los inspectores de hacienda y las recepcionistas de las consultas médicas. El resto del mundo me llama "Garcipó".
-¡Entonces no sé cómo llamarle, porque vengo a proponerle un negocio!
-Si viene a ofrecerme trabajo, tengo más dinero del que puedo gastar; si viene a pedirle un préstamo, no tengo un duro que dejarle.
-Vengo a ofrecerle que dé un cursillo en mi escuela.
-¿Un cursillo? ¿Y de qué va "Garcipó" a dar un cursillo?
-Pues de técninas clown.
-¿Clown?
-Sí.
-¡Ha, claro, clown, eso que se llaman a sí mismos los payasos que se averguenzan de serlo! Clown suena mucho más fino. Si uno dice que es un payaso, igual la gente se ríe de ti.
-Me gustaría que enseñara técnicas de expresión corporal y gestión del espacio escénico.
-¿Perdón?
-¡Todo eso que le ha hecho ser un clown -perdón, un payaso- legendario! ¡Todos los expertos coinciden! ¿Es que nunca leía las criticas?
-¿Para qué? Si la gente se reía, el espectáculo era bueno; si no se reían, era una mierda.
-Entonces, ¿qué me dice? ¡Le puedo pagar muy bien, hay cientos de estudiantes de Arte de Dramático ansiosos por aprender de usted!
-No es una buena idea, sería una estafa. Ya sé que hay gente por ahí diciendo que yo soy un maestro, e ignoro si es verdad o mentira, pero lo que es seguro es que no soy un profesor. No sabría explicarme de manera que lo entiendan, porque ni yo mismo entiendo lo que hago.
-Entonces...
-Lo mejor que se compren ese paquete de vídeos míos que venden por ahí, que se lo vean mil veces y saquen sus propias conclusiones...¡Y no se ponga usted tan serio, joder, que está hablando con un payaso!
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