Kilómetro 342 de la comarcal entre Apahida y Juce, a dos kilómetros de la salida Transilvania-Sur. Y en eso que se le paró el utilitario a Frankenstein. El monstruo no tiene ni idea de mecánica, pero sale a levantar el capó, a ver qué ve, que es lo que se hace en estos casos. Dentro, tres pasajeros charlan.
-¡Hija, no sé qué le ves al tal Frankenstein!
-¡Calle, calle, señora, que al marido de su Encarnita también es para echarle de comer aparte!
-¡Oye, mona, que el señor Conde es muy trabajador y muy honrado!
-Sí, sí, ¡a saber qué hará por la noches!
-¡Pues trabajar!
-¡A ir por ahí chupándole el cuello a desconocidas le llaman ahora trabajar!
-¡Oye, que lo hace por exigencias de su profesión, pero en su mente nunca le es infiel a mi niña!
-¿Y cuánto tiempo hace que no va a misa?
-Eso es un golpe bajo.
-¿Y les lleva a la playa en verano?
-Es que se lo tiene muy prohibido el médico.
-Ya, lo que es es un tacaño.
-¡No te le consiento! ¡Si vieras con qué gusto se come la sangre frita que le hago!
-¡Póngale un día bien de ajo y me cuenta!
En eso que terció el tercero.
-Señoras, por favor, que se está haciendo de noche, y esto está lleno de lobos.
-Ningún problema, amigo, llamamos a tu cuñado.
-¡No sé yo si a estos los va a conocer!
-Ya veo, mucho hombre lobo, mucho presumir, pero luego no vale para nada...
-¡No sea faltona, señora!
Golpes violentos en la puerta.
-Dice mi novio que salgamos a empujar.
-¡Previsible, este inútil no sabe nada de motores!
-¿Y el Conde sí?
-¡El Conde tiene servicio que se ocupa de eso!
-Claro, servicio, el tipo aquel que acabó en el psiquiátrico.
-¿Salís o qué? ¡Que me estoy helando, leñe!
-¡Jo, Franki, cariño, cuando te interesa, bien que hablas!
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