Quizás son impresiones mías, pero tengo la sensación de que ya no soy tan joven como cuando era joven.
A lo mejor es porque me hablan de hace 30 años y me acuerdo.
A lo mejor es porque un futbolista de mi edad está ya retirado o a punto de.
A lo mejor es porque la carrera que yo estudié ya no existe.
A lo mejor es porque oigo hablar a los adolescentes y me parece que lo hacen en otro idioma.
A lo mejor es porque las señoritas me tratan de usted.
A lo mejor es porque se me está nevando el pelo.
A lo mejor es porque cada día hay más escalones en la escalera de mi casa.
A lo mejor es porque ya estoy más cerca de los 50 años que de los 20.
Pero, por otro lado, ¿es la juventud tan divino tesoro (aunque lo que es innegable es que se va para no volver)? ¡Piénselo detenidamente! ¿Quién quiere ser eternamente joven?
Mucha gente, con esa extraña fascinación por vivir anclado en los 20 años que tan a menudo nos vuelve seres ridículos. El que quiere ser por siempre joven adora la belleza del cuerpo (y por ello abandona a la pareja fiel es busca de alguien mucho más joven a quién poderle chupar un poco de juventud), pero desconoce el crecimiento de la mente y el alma. Los jóvenes son seres incompletos, simples proyectos.
¿Me lo va a negar? Las obras de juventud de cualquier artista siempre son las malas, aquellas en las que se equivoca y aprende. Entonces, cuando se vuelve bueno, "ha madurado" y todo lo que hace en cada vez mejor (el grandísimo en todos los sentidos Orson Welles es la excepción que confirma la regla).
Por mi parte, sólo me queda afirmar que, para todo lo que sueño ser en este mundo, a menudo se es "demasiado joven" pero jamás "demasiado viejo".
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